Tormenta ballenera se dirige a Panamá

La reunión de la CBI en Panamá no sólo será clave para América Latina y la propuesta del Santuario de Ballenas del Atlántico Sur impulsada por el Grupo Buenos Aires.

A pocos días del inicio de la próxima reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en Panamá, los intereses balleneros podrían impactar y lesionar décadas de protección a las ballenas.

Tras 64 años desde su creación, la arcaica estructura y limitada visión de la CBI sobre los cetáceos ya no resiste más la urgente necesidad de hacer cambios profundos para adaptarla a los intereses y necesidades del siglo XXI. Paradojalmente en 2008 la Comisión detuvo todos los avances en conservación y uso no letal de las ballenas. En su lugar orientó sus esfuerzos a la aprobación de una propuesta donde la matanza comercial de estos mamíferos marinos definirían el nuevo Futuro de la CBI.

A pesar que la propuesta ballenera fracasó rotundamente en 2010, los daños producidos durante las infructuosas negociaciones debilitaron aún más la CBI. En 2011 la reunión anual colapsó cuando los países del bloque ballenero – liderados por Japón – sabotearon el proceso de votación para la creación del Santuario de Ballenas del Atlántico Sur. Ante una Comisión atónita, veintidós países se levantaron y se fueron de la sala argumentando que sin su presencia no habría quórum para seguir adelante con la votación. La controversial acción no sólo suspendió hasta 2012 la votación del santuario de ballenas sino que cuestionó el quórum, una de las definiciones más importantes para llevar adelante el trabajo de la CBI.

Bajo los estatutos de la Comisión el quórum se establece al inicio de la asamblea anual y se mantiene a lo largo de la reunión. De acuerdo a un comunicado oficial de mayo pasado ésta es la posición que llevará a Panamá el Grupo Buenos Aires, como se conoce a los países latinoamericanos miembro de la CBI. Sin embargo, naciones con visiones divergentes podrían formar alianzas y presionar para cambiar esta definición por una más conveniente a los intereses de las naciones balleneras. El resultado podría significar el inicio del desmantelamiento de tres décadas de políticas y medidas orientadas a la recuperación, conservación y uso no letal de las ballenas.

Propuestas de interés para la región latinoamericana, como la creación de nuevos santuarios, el cierre de la denominada “caza científica” de ballenas, el desarrollo del turismo responsable de avistaje y el uso no letal de lo cetáceos podrían verse permanentemente bloqueadas si la CBI legitima mediante el quórum el abandono de la sala o conductas similares como herramienta de “negociación”. Este camino también podría conducir a la consolidación del consenso como único mecanismo de decisión de la Comisión, dejando en manos de una minoría ballenera el poder de detener la adopción de medidas de conservación y uso no letal de cetáceos.

Frente a este panorama resultaría prudente recordar que una de las principales lecciones del fracasado proceso de negociación para definir el Futuro de la CBI es justamente lo inútil y perjudicial que resulta el consenso para los intereses de la mayoría de países de la Comisión que no cazan ballenas y que buscan brindar garantías de desarrollo a largo plazo a cientos de comunidades que se benefician de las ballenas vivas.

La reunión de la CBI en Panamá no sólo será clave para América Latina y la propuesta del Santuario de Ballenas del Atlántico Sur impulsada por el Grupo Buenos Aires.

Considerando la encrucijada en la cual se encuentra la CBI, las decisiones adoptadas allí probablemente pasarán a la historia. Éstas decidirán si la conservación y uso no letal de los cetáceos continúan fortaleciéndose y evolucionando de acuerdo a las aspiraciones de la mayoría de sus miembros y las necesidades de conservación actual; o si la Comisión involuciona hacia un organismo ballenero anacrónico, orientado a imponer los intereses de una minoría y sentar un antecedente muy negativo para otros foros internacionales con competencia en conservación y manejo de la biodiversidad.