Las bicicletas se toman las calles en Río de Janeiro

Un servicio similar al implementado en Chile en la comuna de Providencia se ha tomado las calles de Río de Janeiro y lucha contra la dominante cultura automovilística de la ciudad.

Un servicio similar al implementado en Chile en la comuna de Providencia se ha tomado las calles de Río de Janeiro y lucha contra la dominante cultura automovilística de la ciudad.

Estar sentado en una bus que se mueve pocos metros debido al intenso taco de la ciudad es una de las peores experiencias tras una agotadora jornada laboral o de estudio. Por eso no es fácil descartar los comentarios de los viajeros que vuelven de la ciudad carioca y señalan la gran cantidad de bicicletas naranjas que se ven por todas partes.

La ruta más bella de toda Sudamérica está frente a los ojos de los turistas y locales, con pistas para ciclistas y corredores, una imagen de fondo paradisiaca y la libertad de moverte a tu ritmo. Hasta que debes dejar la bici y volver a subir a un auto o bus y comienza nuevamente el martirio.

Río de Janeiro, y posiblemente todas las grandes ciudades de Brasil, se encuentran entre esos dos extremos: la fuerte penetración de los vehículos a motor en el sistema de transporte urbano, que crea atochamientos insanos y problemas a los nervios, y una creciente corriente bicicletera que intenta ganar su espacio en las rutas de la ciudad.

Pero a pesar de que toda ciudad grande debe lidiar con estos hechos, la pregunta por cómo Río maneja esta realidad se hace muy importante frente a los tres eventos de clase mundial que la ciudad hospedará en los próximos cuatro años.

En el año 2009, Río se enfrentó a la posibilidad de seguir el mismo camino que Sao Paulo (donde correr es más rápido que conducir): la velocidad promedio llegaba a los 33 kilómetros por hora, sólo 11 km/h por sobre la enervante velocidad de Sao Paulo (SP). Al observar los hábitos de la gente, la mayoría de los cuales se mueve en bus o auto, un plan estratégico se comenzó a elaborar que buscaba seguir con las tendencias mundiales en el mejoramiento del transporte público y fomentar el uso de la bicicleta para viajes cortos y conexiones intraurbanas.

Los objetivos de estas medidas incluyen duplicar las ciclovías en la ciudad para este año (2012), algo que se logrará si se llegan a los previstos 300 kilómetros para el mes de diciembre, la creación de nuevos estacionamientos para las queridas chanchas (bicicletas), donde el propio usuario puede instalar su bastidor si cuenta con una autorización previa que se consigue por correo electrónico, la anulación de una disposición que prohibe a las bicicletas estar encadenadas a postes públicos y, quizás uno de los más significativos, la creación de un servicio de préstamo de bicicletas.

Todas las bicicletas naranjas que se ven circular en Río de Janeiro son parte de este servicio, aparentemente el más exitoso de todas las medidas en marcha. El sistema se puso en marcha a finales de 2008, pero debió ser suspendido en 2011 debido a los robos y la pobre gestión de la empresa a su cargo. Relanzado en octubre de ese mismo año, una nueva compañía se hizo cargo y cambió un poco la mirada: un color brillante y fuerte para las bicicletas y un gran loo del Banco Itaú en el tapabarros trasero.

De inmediato el “nuevo rostro” de las bicicletas generó las críticas de algunos, a pesar de que al parecer esa publicidad fue la clave en el éxito actual del servicio. No sólo por la visibilidad alcanzada con el color y el logo del banco, sino también por el dinero que el servicio recibe por conceptos de publicidad. Estos ingresos le han permitido expandirse a 60 estaciones y tener 600 bicicletas (previamente sólo abarcaba 18 estaciones), con unos 70 mil usuarios registrados -incluidos turistas- y cinco mil viajes diarios.

Producto del aumento de los ciclistas, no es raro que también lo hayan hecho los accidentes. Uno de los peores casos fue un automovilista en Porto Alegre que no pudo esperar a que pasara una cicletada y decidió atropellar a 17 ciclistas en “día de furia”. De acuerdo a cifras de la dirección de tránsito de la ciudad, en 2010 murieron diez ciclistas, cifra muy lejana a tasa de un ciclista muerto al día que tiene Sao Paulo.

Por el momento, la Cumbre sobre Desarrollo Sustentable, Río+20, será un recorrido piloto antes de la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos, en el que las bicicletas deberán prevenir que el desplazamiento de miles de participantes y visitantes se transforme en una pesadilla.

Fuente: Bike Sharing Drives Cycling Surge in Rio, Defies Brazil’s Heavy Car Culture (Treehugger)