Hoy se cumplen 66 años del bombardeo nuclear a Hiroshima

No podemos dejar de recordar uno de los sucesos más terribles de la historia humana.

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Soldado camina por la ruinas de Hiroshima | Vía boston.com

Cuando en Veoverde hablamos de ecología lo hacemos para encontrar o proponer métodos de proteger la naturaleza, de cuidar el único planeta que tenemos para vivir, lo hacemos para acercarnos a una sociedad sustentable ambientalmente. Pero, y aunque queremos mucho a los animales, a los árboles y a los ríos y mares, lo más importante es cuidar el planeta para que los humanos podamos vivir en él. Por eso no podemos dejar de recordar el ataque nuclear del gobierno estadounidense de Harry Truman contra Hiroshima y Nagasaki, sucesos en los que murieron más de 22omil personas en pocos minutos.

Nunca antes en la historia del mundo, y tampoco se han registrado sucesos posteriores, una cantidad tan grande de personas había sido asesinada en tan poco tiempo. Durante las guerras, parece ser que la muerte de militares no es tan grave, ya que ellos están entrenados para asesinar y también para morir, pero la matanza de civiles siempre se ve como un acontecimiento mucho más tarbbile, y fue precisamente eso lo que pasó en las ciudades al sur de Japón, donde prácticamente no murieron objetivos militares.

El ataque de Hiroshima se produjo a las 8:16am del 6 de agosto de 1945. La bomba fue arrojada desde el avión Enola Gay, y al alcanzar los 600 metros de altura sobre la ciudad, explotó, aumentado instantáneamente la temperatura a más de un millón de grados, quemando el aire alrededor, provocando una bola de fuego de 256 metros de diámetro, asesinando a unas 80mil personas (un tercio de la ciudad) de forma instantánea.

Los que no murieron en ese mismo momento, fueron envenenados por radiación y sufrieron complicaciones de las más terribles, quemaduras en todo el cuerpo, mutaciones cutáneas, vómitos y diarreas. La gran mayoría de los doctores y enfermeras de la ciudad se encontraban en el centro, donde explotó la bomba, y murieron cerca de un 93% de ellos.

El gobierno de Harry Truman intentó justificarse diciendo que desde aviones de guerra estadounidenses se arrojaron panfletos sobre las ciudades antes de ser bombardeadas, para darle tiempo a los civiles para retirarse, pero en Hiroshima aseguraron nunca ver ninguno. Al interrumpirse todas las comunicaciones –civiles y militares- con la ciudad, el gobierno central japonés envió un avión desde Tokio para que observara en qué estado se encontraba. La información dijo que había una enorme superficie de tierra carbonizada y una densa nube de humo. Desde ciudades cercanas llegaban reportes que hablaban de “una nube siniestra”, “un destello terrible”.

Famosa es la frase del capitán estadounidense Robert Lewis, copiloto del Enola Gay, quien al ver el hongo nuclear dijo “Dios mío, ¿qué hemos hecho?”. Mucho más terribles son las palabras del presidente Truman al dirigirse al pueblo estadounidense después del bombardeo. “(lo japoneses) pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra”,  “estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa”, “vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra”.

Parece ser importante darse cuenta que el odio y la obnubilación que produce el poder, y sobre todo el poder de destrucción, han sacado a relucir las más terribles y profundas turbaciones del hombre. Cuesta entender que alguien se alegre con la muerte instantánea de decenas de miles de personas. La lección, todos lo sabemos, es que algo así no puede jamás volver a suceder.

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