Chile: Las medidas “parches” contra la contaminación no sirven

¿Son los autos realmente el principal foco del problema? Aquí algunas ideas para discutir sobre el gran problema que enfrenta Santiago.

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(cc) Metro Transportation Library and Archive

Sin ir más lejos, ayer iba por la calle y veía cómo una micro (de esas nuevas, Transantiago, esas que no contaminarían) tiraba humo como loca. Los índices de calidad de aire de Santiago son cada vez peor y las medidas -alerta, preemergencia y emergencia- prácticamente no sirven de nada. Es cierto, hacen que la calidad del aire vuelva a estar dentro de los índices “permitidos” para que se pueda hacer gimnasia en los colegios y para que todos puedan usar sus autos. Se ha estado hablando de poner restricción a los autos catalíticos, pero ¿son realmente los autos los principales culpables de estos índices?

Es decir, los autos que no son catalíticos son poquísimos, como lo hemos dicho en post anteriores, y claro, con algunos cuantos autos más que se quedaran en la casa -me refiero a los catalíticos- también podríamos volver a esos “índices permitidos”. Pero la idea no es estar constantemente “al límite” de la alerta o premergencia. No. La idea es poder volver a ver nuestras montañas todos los días y ver nuestro cielo azul, no gris.

El otro día también, por las redes sociales, varias personas empezaron a preguntar si había algún número para denunciar a las personas que estaban prendiendo las chimeneas. Pero -si bien no soy experto- dudo mucho que algunas chimeneas prendidas sean también los principales responsables de que no podamos ver todos los días como se merece nuestra preciosa geografía.

Por otro lado, hay empresas que no les importan las multas que les sacan e incluso hay algunas de ellas que tienen consideradas dentro de sus gastos mensuales el dinero que le cuestan sus infracciones. Así como estamos reclamando para que la “nueva” institucionalidad ambiental sea más rigurosa con los proyectos energéticos que se están aprobando en nuestro país, también debiese serlo con las grandes industrias contaminantes para que cuando rompan las reglas y sigan trabajando en días en los que no pueden -o emitan y emitan mayores gases de lo permitido- no puedan simplemente “sumarla” a sus costos los partes que les saquen. Esas empresas no debiesen poder abrir en una semana y generarle pérdidas importantes para que de una vez por toda entiendan que no es un juego y que su actitud no está dejando respirar a gran parte de Santiago.

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(cc) el Jorge Luis

Además de eso, creo que una disminución considerable del uso diario del automóvil sí generaría un impacto en la calidad del aire diario y para eso son vitales dos cosas: Una mejora del transporte público (subirse al metro donde sea y a la hora que sea es un desagrado total, con suerte se puede respirar y a veces hay que esperar varios trenes porque uno simplemente no se puede subir), esto quiere decir más trenes y más micros modernas (y por qué no el día de mañana micros eléctricas) y una buena infraestructura de ciclovías (ya hay en carpeta varios proyectos tanto del gobierno como de particulares como “la carretera por el Mapocho”. Vale recordar que Dinamarca, antes de convertirse en la súper potencia ciclística que es hoy -cerca del 30% de sus recorridos diarios se hacen en bicicleta- también era un país con altos índices de contaminación).

Si el gobierno -cualquier sea el que esté en el poder, de derecha, izquierda o centro- realmente quiere hacer algo respecto a la contaminación, se deben hacer inversiones y apuestas grandes -no se saca nada con invertir un poco por aquí y otro poco por allá para dejar contenta a la ciudadanía- para de verdad revertir nuestro triste escenario de todos los días, porque no sacamos nada con tener una cordillera tan linda como la que tenemos si no podemos verla.

Y la alerta, preemergencia y la restricción, no son más que soluciones parches que no hacen otra cosa que tapar el problema de fondo con el dedo.