Despierta la Sociedad Civil

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Agencia Uno

Adultos mayores, niños, jóvenes, mujeres y amigos:

Hoy en día, el aprendizaje y los hábitos mínimos para impulsar la sostenibilidad no son registrados adecuadamente por el cuerpo o han sido silenciados de la memoria colectiva de los ciudadanos. Estilos de vida alienados y un comportamiento ultra consumista de las masas, al interior del mundo urbano, han acelerado el estallido de una grave crisis socioambiental.

La estrategia comunicacional que se maquilla en una realidad impuesta por “las noticias” -o mejor dicho en los infomerciales-, prensa escrita, medios de comunicación virtual y de telefonía celular consiste en modelar las emociones del denominado público objetivo para crear necesidades artificiales y mantener el consumo desbordado. De esta forma opera la trampa colocada por el neuromarketing, llevando a los ciudadanos a externalizar la experiencia, perder los vínculos con los ciclos naturales y de paso “reactivar la economía” al servicio de las corporaciones. Se enmarcan las cifras para santificar “el crecimiento” del país, mensajes mesiánicos que gatillan y modelan el comportamiento del rebaño social hacia un apagón de las ideas.

La gran mayoría de las decisiones tomadas por los actores económicos y la agenda impuesta por la clase política se encuentran totalmente alejadas de los valores ecosistémicos, desestabilizando la base requerida para generar un cambio de hábitos en las redes de necesidades humanas. Perdiendo la oportunidad de avanzar hacia una educación sostenible, al mantener sistemas artificiales dependientes y vulnerables.

Sin embargo, cuando parecía llegar el ocaso de las ideas, con diversidad y energía se comienza a visualizar un movimiento socioambiental reflexivo, compuesto de personas democráticas que quieren participar libremente de las decisiones y definiciones para dar forma al concepto de desarrollo. La sociedad civil está ansiosa de expresarse después de ser silenciada por décadas, al igual que en otros países, también en Chile despierta la sociedad civil, comienza a organizarse transversalmente en las redes virtuales y los medios de comunicación alternativos.

Para muchos la gota que rebalsó el vaso cayó el lunes 9 de mayo, pero los ciudadanos muy bien informados ya habían denunciado hace años que el mega proyecto de Hidroaysén es un problema mucho más grave que la alteración del ciclo hidrológico, la pérdida de ecosistemas y la desintegración social. Obviando la poca prolijidad de los mismos medios de comunicación tradicionales que tratan de imponer un escenario alarmista y buscan instaurar el miedo en la población con el fantasma de las necesidades energéticas y la pobreza, aparece la sociedad civil poniendo sobre la mesa una pregunta postergada y silenciada: ¿Qué es desarrollo?
Por ahora veamos solamente dos escenarios, dentro de muchos posibles.

El desarrollo del consumo y “el crecimiento”:
Este desarrollo necesita duplicar la matriz energética para validar la estructura imperante de las grandes transnacionales. Construir y mantener autopistas colosales, aumentar la cantidad de supermercados, multiplicar las farmacias y grandes centros comerciales. Extender los monocultivos, plaguicidas, fertilizantes, semillas patentadas y modificadas genéticamente bajo la idea y el eslogan “Chile Potencia Agroalimentaria”. Duplicar la matriz energética para validar un sistema de educación precario, basado en la medición de índices de utilidad para el mercado, donde no se permite escuchar la voz viva de estudiantes y profesores. Más energía para mantener a las personas en los gimnasios, en los patios de comida chatarra, en cubículos de trabajo. Lejos de la familia y del contacto directo con la tierra. Una industria hipócrita de maquinación mental en ciudades con niveles de contaminación y desmembramiento social alarmantes. Todo esto amparado en el PIB como verdad absoluta.

El desarrollo de las ideas y la experiencia:
Este desarrollo es aquel que aparece sin la necesidad de duplicar la matriz energética, al construir más ciclovías incorporadas al sistema de transporte público, impulsar la separación y transformación de residuos orgánicos y su utilización como abono natural. Mejorar la educación desde la infancia basada hábitos ecosistémicos y redes sociales de colaboración, hacer público los derechos de aguas, profundizar en una alimentación sana y una salud integral basada en la prevención de enfermedades, sin colas en los hospitales. Promover la agricultura urbana, utilizar tecnologías de los pueblos originarios e implementar redes concretas para realizar proyectos sostenibles de grupos ciudadanos diversos y democráticos, que constantemente han sido silenciados por el “aparataje comunicacional”. Todo esto amparado en la igualdad de oportunidades.

Quien sabe…

Quizás los movimientos ciudadanos estén reflejando un fenómeno mucho más complejo, asociados a un cambio de paradigma y una nueva recolección de ideas para un proceso de renovación social. Vemos como el pensamiento dominante no es capaz de solucionar el presente, cuando está cerca el peak oil y persiste la inseguridad alimentaria. El hambre, la pobreza y el endeudamiento acompañan el avance de las trasnacionales, provocando las migraciones humanas a megalópolis insostenibles que en esencia son núcleos consumo desenfrenado.

Ciudadanos, es hora de reunirse pacíficamente en las calles y promover el debate pluralista en las redes sociales y medios de comunicación alternativos. Sembrar en nuestras casas, comunidades y barrios para volver a internalizar nuestras experiencias y reconectarnos con los ciclos naturales. Hacer visible una reflexión necesaria que se ha venido alojando en la memoria y de vez en cuando vuelve a resurgir.

Cuando despierta la sociedad civil pueden cambiar algunas estructuras.
Nos vemos en Plaza Italia.