Áreas verdes urbanas, vegetación y naturaleza

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Históricamente las ciudades han constituido espacios de separación con la naturaleza, en las cuales se reduce lo-salvaje a cambio de lo-civilizado. Las rebeldes aguas escurrientes se canalizaron y el suelo barroso y polvoriento se selló. Se implementaron formas para disponer las basuras rápidamente fuera de los límites de la ciudad y se trajo agua limpia desde sitios lejanos. Se quitaron, alejaron y/o confinaron los animales nativos (y aparecieron otros, algunos traídos y otros llegados), se incorporaron especies vegetales más lindas u onderas.  Se calefaccionaron y refrigeraron los espacios cerrados.

Socialmente esto facilitó la convivencia, los negocios y la educación, pero tuvo también consecuencias ambientales negativas. En los últimos 50 años se intentan remediar estas consecuencias, a través de diferentes ideas, estrategias, medidas y normas. Una de ellas es aumentar la cantidad de árboles y/o de áreas verdes. Creo que hoy en día no hay mayores diferencias de opinión en que ese aumento hay-que-hacerlo. Existe una conciencia, al menos en las palabras, tremenda. Discursos políticos, movilizaciones sociales, cartas al director de organizaciones ciudadanas y académicos son fiel reflejo de esta inquietud común.

Más allá del quién y cómo, quisiera referirme al cuánto y al dónde, en base a datos, publicados y no publicados, ajenos y propios. Tomo Santiago de Chile como caso de análisis.

Árboles y áreas verdes no son lo mismo

Lo primero es distinguir entre plantar más árboles y tener más y mejores áreas verdes (plazas y parques). Para ello, desde el punto de vista ambiental, los árboles y las áreas verdes prestan funciones específicas y un tanto diferentes entre sí. Esto, pues árboles no solo están en las áreas verdes, sino que también en cerros islas, el entorno urbano (periferia no urbanizada), los ejes viales y los patios interiores.

Luego, dependiendo de dónde se ubiquen los árboles son distintas las funciones que realizan. Por ejemplo: sombreado (mejoramiento condiciones climáticas) si están en áreas verdes, patios o veredas, abatimiento de ruidos si están en ejes viajes. ¿Y la absorción de gases contaminantes, la captura de CO2, el atrapamiento de material particulado y la producción de oxígeno? Ahí se pone interesante, ya que no sólo los árboles ejercen esa función, sino también el resto de las plantas. En principio y sin lugar a dudas, lo ideal es que las plantas (herbáceas, arbustivas y arbóreas) que realizan esta función estén lo más cercano a las principales fuentes emisoras (industrias y vehículos). Si las plantas fueran máquinas, lo óptimo sería que abrieran sus estomas (para captar gases) e hicieran fotosíntesis (para capturar CO2 y producir oxígeno) a las mismas horas en que se emite más contaminación. Y esto no necesariamente sucede así. En la misma lógica, lo ideal sería que la capacidad de abatimiento de los contaminantes, por parte de la vegetación urbana, fuera equivalente a la producción de éstos. Pero es tanto lo que producimos, que alcanza solo para una fracción. Y, convengamos, la contaminación atmosférica de Santiago es mayor problema ambiental de la ciudad, dado que está adecuadamente documentado, está presente en el consciente colectivo y es materia de priorización política.

No obstante, otro problema ambiental relevante, es la falta de áreas verdes para la recreación o el deporte. Actualmente gran parte de las áreas verdes cumplen rol más cercanos a la estética que a la recreación y mejoramiento de la calidad del aire. Ejemplos de éstas son los bandejones centrales estrechos, dotados de pasto con algunas plantas ornamentales y las mini-plazas de los barrios con 10 metros cuadrados de césped y una banca. Son lindas, se agradecen, pero son pocas las funciones sociales y ecológicas que prestan.

Qué hacemos

Como criterio general, el aumentar el número de árboles al interior de la ciudad es adecuado, necesario y funcional. Que ¿dónde y cuántos? Lo más posibles y en dónde más se pueda. Hace 7 años teníamos más arboles en la ciudad. Además, hay una desigualdad tremenda en su distribución. Mirando Santiago de Chile desde-el-cielo, las comunas del barrio-alto son verdes, mientras que, aquellas ubicadas hacia el centro, el poniente y el sur de la ciudad son grises. Es decir, tienen menos árboles, menos cobertura vegetacional y también menos áreas verdes. Si en una comuna rica tienen entre 6,7 y 18,8 m2/hab, en las comunas pobres tienen entre 0,4 y 2,9 m2/hab. Y en las cuatro comunas de mayores ingresos se concentran el 32,3% de la superficie total de áreas verdes (Reyes & Figueroa 2010). No es muy difícil intuir dónde deben crearse más áreas verdes, más aun considerando que la Organización Mundial de la Salud recomienda un estándar de 9m2/hab.

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Figura: imagen satelital Aster 2002. Gentileza Instituto Estudios Urbanos y Territoriales, PUC.

Y no da lo mismo en qué parte de las comunas se dispongan esas áreas verdes. Tienen que ser accesibles, a una distancia y tiempo prudente para la población, si no aquellos servicios sociales se restringen. Una vez más, en esto también existe una diferencia abismal entre las comunas pobres y las comunas ricas. Así, en La Pintana un 20% de los vecinos tiene un área verde a menos de 300m de su vivienda, mientras en Vitacura es un 75% (Reyes & Figueroa 2010).

En relación a las áreas verdes, un 93% de la superficie total está representada por unidades de menos de 0,5 hectáreas. Del 7% restante, buena parte la constituye el Parque Metropolitano de Santiago (Cerro San Cristóbal) y otros parques creados casi-por-eventualidades. Así la deuda está en crear grandes parques, de más de 2 hectáreas, que dispongan de superficies abiertas y sectores con alta cobertura vegetacional. Los grandes parques pueden ofrecer un amplio abanico de servicios ecosistémicos, a diferencia del arbolado viario o pequeñas plazas. Pueden mejorar las condiciones climáticas, de ventilación y la calidad del aire a escala local, permitir la infiltración de grandes volúmenes de aguas lluvias, albergar fauna y flora nativa para su contemplación, ofrecer espacios para descansar, hacer deportes y actividades recreativas, entre otros servicios.

Observar los parques como prestadores de servicios para la sociedad representa una oportunidad de gestión, dado que no es solo un elemento ecológico el protegido, aprovechado y/o restaurado, sino que lo es un sistema socio-ecológico completo, donde los árboles forman parte de su estructura básica, actuando sinérgicamente con otros elementos.

¿Estamos dispuestos a reconvertir zonas urbanizadas (con construcciones: casa, industrias) en Parques? Porque insisto, los bandejones centrales y los cauces no valen. Son una pillería, son gato-por-liebre. No hay que tragarse tan fácil el discurso de que el nuevo PRMS incorporatantas áreas verdes. Incluso los cerros islas son más café-y-amarillos que verdes. Enverdecerlos será caro (más aún que en plena ciudad) y ¿cuánta gente puede acceder verdaderamente a ellos?

Naturaleza urbana

Hoy en día las ciudades han dejado de ser lugares de separación con la naturaleza e intentan incorporarla en ellas. Las grandes ciudades del mundo hacen esfuerzos por conservar parques, haciéndolos ricos en biodiversidad (especies nativas) y procesos ecológicos, al interior de ellas o en su periferia directa. En la medida que seamos capaces de crear y mantener áreas verdes de más de 2 hectáreas, con árboles nativos longevos, que por un momento permitan olvidar que estamos en la ciudad (con menos ruido, un mejor aire y paz), las vidasno-humanas comenzarán a expresarsePodremos observar aves nativas anidando y rapaces cazando en vuelo. Si hacemos buena gestión de esos parques podríamos llegar a ver sapos, lagartijas y roedores nativos, como pueden observarse en algunos parques mejor conservados (en Santiago!).

Son parques urbanos, por lo que nunca imperarán del todo las reglas-de-la-naturaleza. Requerirán podas, riego, control de especies exóticas invasivas y normas de seguridad ciudadana, pero estaremos reingresando una dosis de naturaleza al invento que mejor nos protegió de ella durante el tiempo en que le temíamos y no sabíamos nada de ella. Hoy sabemos un poco más, lo suficiente para atrevernos a comenzar a hacer-las-paces, adaptándonos a sus procesos.

Otra cosa es diseñar con la naturaleza, para mejorar la calidad de las ciudades para las personas, plantas y animales. Y otra cosa es aumentar el capital natural. Todo ayuda, pero es otro paso, fundamental y de otro nivel. Hacia allá hay que apuntar.