A raíz de los colados retirados por Nestlé: ¿Qué estamos comiendo los chilenos?

Estudios realizados por el ISP encontraron dosis de pesticida siete veces superior a la permitida por la norma europea. En Chile, sigue siendo legal.

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Una organización particular preocupada por qué estaban consumiendo sus hijos mandaron a hacer un estudio sobre los colados que daban a sus niños. Este arrojó un nivel de 0,08 de Iprodiona (un pesticida que puede producir cáncer y afectar la función hormonal), que si bien está dentro de los rangos que permite la ley chilena, supera con creces la normativa europea que solo autoriza un 0,01 en los alimentos. Lo que nos lleva a hacernos la pregunta, ¿Qué estamos realmente consumiendo los chilenos?


¿Por qué en Chile son más permisivos que en otro países?, ¿No debería acaso haber una norma estándar mundial para todos los alimentos?

Hoy conversábamos en la pauta betazetiana que Chile es un gran exportador de productos naturales, pero en cuanto a los elaborados, su fama mundial ha ido bajando por problemas, por ejemplo, como los que mostró el año pasado con sus salmones. Lo que lleva a hacerse otro cuestionamiento: ¿Lo mejor lo mandamos para afuera (para que pueda aprobar las normas más exigentes en el extranjero) y lo más malo lo dejamos para acá, ya que de todas formas se venderá?

La comisión europea ha pensado incluso en ser más estrictos aún con los niveles de químicos permitidos en los alimentos, ya que consideran que la Iprodiona podría provocar cáncer.

Luego de que el estudio ordenado por la Liga Ciudadana de Consumidores arrojara los niveles de Iprodiona, el Instituto de Salud Pública debió meterse en el asunto. Pero su directora, María Teresa Valenzuela desestimó de que los niños pudieran enfermar por estos niveles: “Su salud no está en riesgo”.

De todas formas, y pese a que cumplen con los requerimientos permitidos por la legislación chilena, la compañía Nestlé prefirió sacar los colados en los que se había detectado el pesticida.

Pero de igual manera, este descubrimiento deja la incertidumbre instalada entre todos los chilenos sobre los reales niveles de químicos que tienen los productos que consumimos, ya que nuestro estándar es bastante más permisivo que el europeo, en donde velan más por el consumidor que por el productor.