Chile y el mundo protegen el patrimonio vegetal

4657911314dfe7a3e78d.jpg

(cc) CIMMYT

En las entrañas de un cerro en Vicuña- IV región-, a 18 grados bajo cero y a no más de un 15% de humedad relativa, descansa en el Banco Base de Semillas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA),  un quinto del total de semillas de la flora chilena, como respaldo por si una de ellas desaparece, productos de su extinción, una plaga y/o el cambio climático.

Hasta el momento se han recolectado en Chile 1.600 muestras de semillas, no obstante la meta es que de aquí al 2020 se pueda tener al menos un 45% de las especies chilenas en el banco. Por lo pronto, el orden de prioridad que se está llevando a cabo es recolectar muestras nativas, luego aquellas que sólo se hallan en una zona definida, las que están en peligro de extinción o aquellas que son únicas en su familia.

Desde el año 1984 el INIA se encuentra trabajando en la conservación de semillas, siendo el tercer banco en importancia de Latinoamérica, luego de Brasil y Argentina. Por su parte en el hemisferio norte existen dos bancos de semillas que llevan la delantera. La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada a 130 metros de profundidad en el Ártico noruego y que fue inaugurado en febrero de 2008 con 100 millones de semillas de vegetales de todo el mundo utilizados como alimento, y en Londres, el Jardín Botánico Real de Kew, de más de 250 años de antigüedad y que se dedica a la conservación vegetal en Inglaterra y en el resto del mundo, y se encuentra actualmente colaborando con el banco de Vicuña.