(019) El día que el gobierno francés hundió el Rainbow Warrior

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(cc) Greenpeace

Ocurrió la noche de un 10 de julio de 1985, hace poco más de un cuarto de siglo. La tripulación del Rainbow Warrior tenía claro su objetivo: manifestar su repudio contra los ensayos nucleares en el Atolón de Mururoa que estaba realizando el gobierno francés. Lamentablemente, no lo lograron.

Nueva Zelanda. La noche anterior, la embarcación llegó hasta el puerto de Waitemata para reunirse con el resto de los barcos que participarían de una protesta pacífica, bueno, como son todas las que organiza Greenpeace.

El reloj marcaba las 23.40 horas cuando se escuchó el primer estruendo. “Hemos chocado contra otro barco”, afirmó la tripulante Bunny McDiarmid. En un lapso de menos de dos minutos un sonido similar volvió a alertar a los activistas. Esta vez el remezón provino desde la parte baja de la embarcación. A esas alturas ya nadie dudaba que eran bombas. Estaban siendo atacados.

Al instante, el capitán del Rainbow Warrior ordenó a toda la tripulación abandonar el barco. El desconcierto era absoluto. Pero faltaba un hombre. “Fernando está abajo”, dijo el capitán. “No, salió. Fue a la ciudad. Como siempre”, contestó McDiarmid.

Lamentablemente Bunny McDiarmid estaba equivocada. El fotógrafo danés de descendencia portuguesa, Fernando Pereira, estaba abajo. En su camarote. Luego del primer estallido, su reacción fue ir a buscar sus pertenencias, claro, para arrancar de barco.

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(cc) EuroMagic

Sin embargo, al día siguiente, el Rainbow Warrior estaba en el fondo de mar. Todo el pueblo neozelandés estaba conmocionado. Era la primera vez que ocurría un atentado terrorista en sus tierras. Durante la madrugada la policía local inspeccionó la nave y rápidamente se dedujo que había sido un atentado.

“Salí en la televisión australiana diciendo que no podían haber sido los franceses, no podían ser tan estúpidos, pero, en pocos días se desenredó la madeja. Como dijo un columnista en un periódico, lo único que faltaba era que se hubieran olvidado una boina, una baguette y una botella de Beaujolais”, señaló Bunny McDiarmid, entonces tripulante de Rainbow Warrior y actual directora de Greenpeace en Nueva Zelanda.

Al poco tiempo las investigaciones dieron frutos y se confirmó que el Gobierno francés estaba atrás de todo esto. Por lo mismo, dos agentes fueron condenados a diecisiete años por homicidio involuntario y por provocar un incendio. Luego de algunos meses y una serie de presiones de parte de Francia, como prohibir la importación de varios productos desde Nueva Zelanda, los condenados fueron repatriados. Dos años más tarde quedaron en libertad y reanudaron sus carreras militares.

Las Naciones Unidas ordenaron a Francia el pago de una compensación económica con la que Greenpeace pudo comprar un segundo Rainbow Warrior en 1989.

Días después, en Auckland, la tripulación celebró el funeral de Fernando Pereira. “Quisimos que no se convirtiera en algo triste. Cada uno intentó contar una historia divertida sobre él. Pero cuando tuvimos que recoger el féretro y abandonar la Iglesia, un peso tremendo cayó sobre mis hombros. Creo que es algo que nunca olvidaré y además considero que no debemos olvidarlo”, recuerda McDiarmid.

Fuente: http://greenpeaceblong.wordpress.com