Día de la Tierra: Xerox ColorQube 9200, una impresora verde

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Hay muchas industrias en las cuales la cantidad de basura y desechos no biodegradables que se generan en el proceso productivo y en el ciclo de vida de los productos superan abrumadoramente en cantidad al producto mismo. Por poner un ejemplo, en la industria informática las cifras nos dicen que en la fabricación de un computador los desechos generados equivalen a 10 veces el peso del producto final. Esos desechos, entre los cuales hay metales pesados, semiconductores y diversas clases de plástico, se acumulan en botaderos de China o Taiwan en donde la acción de la naturaleza prácticamente no les hace mella.

¿Qué se puede hacer al respecto? La intuición nos dice que debiéramos prescindir de la industria electrónica: eso solucionaría el problema de raíz. Sin embargo en un segundo análisis también es cierto que es la fuente de trabajo de países del Asia Pacífico cuyo suelo cultivable no alcanzaría ni de lejos para alimentar a sus ciudades sobrepobladas. También es cierto que  los productos generados por esta industria son necesarios.

Terminar con la industria electrónica implicaría terminar con aplicaciones médicas como el microcateterismo cerebral que practican los neurocirujanos. Terminarían los marcapasos, los respiradores artificiales, las máquinas de circulación extracorpórea y quedarían sin diagnosticar todas las enfermedades y anomalías que hoy se detectan mediante resonancia magnética. Ocurrirían más accidentes aéreos al intentar volar en cielos sobresaturados sin ayuda de pilotaje asistido, y la vida útil de los automóviles se reduciría a la mitad si no se pudiera hacer diagnóstico computarizado en tiempo real.

En resumen, pese a que no es imposible y de seguro tendría beneficios, terminar ahora de un plumazo con ciertos adelantos científicos apoyados en la electrónica sería tan traumático que es impracticable. La salida alternativa es lo que hemos dado en llamar “Mitigación de Daños”.

Aprovechando el Día de la Tierra, Xerox está presentando en Chile su impresora ColorQube serie 9200. ¿Qué tiene que ver una impresora con el Día de la Tierra? Se preguntarán, con justa razón.

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Me explico: las impresoras sufren el mismo problema de la industria electrónica en general. A lo largo de su vida útil generan un montón de basura tóxica y no biodegradable. De entre esos desechos, probablemente el más ingrato es el que se refiere a la tinta. Por lógica, la tinta con que estas máquinas imprimen eventualmente se agota y es necesario reemplazarla, y al hacerlo se desechan los recipientes que contenían el pigmento. ¿Todos los hemos visto, no es cierto? Cartuchos plásticos, toners, cintas. Los hay de muchos tipos, pero todos tienen características en común: son contaminantes, son tóxicos y no son biodegradables. Algunos son recargables, pero las marcas hacen lo posible por evitar que la gente los rellene, por lo que termina siendo una complicación. La misma tinta que hay dentro de los cartuchos, y de la cual a veces queda un generoso remanente al desecharlos, es tremendamente tóxica y cuenta con alcohol metílico y amoníaco, que a su vez obliga a usar plásticos especialmente indestructibles como el Luran para contenerlo. Si el amoníaco no puede corroer el Luran, menos pueden la lluvia y el viento.

Ahí es donde la serie 9200 de impresoras Xerox entra a la palestra. Ayer estuvimos jugando un poco con el equipo y nos sorprendió ver que la tinta, los cartuchos de tinta propiapente tales, han sido reemplazados por cera, panes de cera de forma oblonga del mismo material y consistencia de los crayones no tóxicos con que juegan los niños en el kindergarten. Eso son los ColorQubes, que en la foto siguiente cualquiera confundiría con jabones.

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Estos crayones se calientan y la cera en estado líquido se deposita sobre el papel con precisión microscópica ofreciendo una impresionante calidad de impresión. Lo importante es que estos panes de cera se consumen completamente, y a la hora de cambiar la tinta no hay tal cosa como un envase a desechar. Durante la manipulación de estos panes, que se hace con las manos desnudas y en contacto con la cera, tampoco se maneja ningún material tóxico. El único desecho es el envase, pero no hay plásticos indestructibles ni tintas venenosas o corrosivas. Volumétricamente, además, la basura no alcanza a la décima parte de una impresora equivalente de tecnología convencional.

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Empezamos esta nota comentando que pese a lo contaminante que es la industria electrónica, también es necesaria. Aunque este punto es discutible y hay quienes podrían perfectamente prescindir de cualquier invento moderno en su vida diaria, lo cierto es que no se ve en el horizonte que vayamos a terminar de un plumazo con todos ellos. A cambio, sin embargo, hay marcas que están gastando su dinero en buscar una manera menos dañina de hacer su trabajo.

La plata que se podría gastar en repartir utilidades a los accionistas va a parar a departamentos de Investigación y Desarrollo en donde los resultados a lo mejor no son monetariamente cuantificables pero, tal como en este caso, si derivan en que menos cartuchos indestructibles terminen robusteciendo las montañas de basura en oriente, ya reportan un beneficio más valioso que el dinero.

Me gustaría pensar que nos encaminamos hacia un futuro en donde las industrias den con maneras inofensivas de hacer lo mismo que hoy hacen contaminando a destajo. A lo mejor nunca ocurre pero, por mientras, vale la pena aplaudir cada pequeño avance, como el que Xerox está presentando aquí y ahora.