Hoy, en la columna del cirujano Valdés: cómo ocuparse de la belleza interna

Según científicos, hoy el cuerpo humano está preparado para vivir en óptimas condiciones hasta los 110 años. Esto implica grandes desafíos desde el punto de vista de calidad de vida, de la medicina y de la nutrición, pero también de ser amable con uno mismo y no olvidar que somos seres integrales y que debemos preocuparnos de cultivar también nuestra belleza interior.

El envejecimiento depende en un 30% de factores genéticos y en un 70% de factores externos (alimentación, estrés, exposición solar, contaminación, entre otros). Si bien es cierto que todos vamos a envejecer y no podemos detener el paso del tiempo, sí podemos hacer algunas cosas para llegar de mejor forma a la madurez.

Practicar deportes es una de ellas. Algunos investigadores señalan que los beneficios del ejercicio se extienden a nivel celular y contribuye, entre otras cosas, a la creación de la coenzima Q10, un antioxidante natural que nos protege de los radicales libres y, por ende, del envejecimiento precoz. El ejercicio ayuda asimismo a mantener un peso saludable, aumentar la circulación sanguínea, regular los niveles de la azúcar en sangre, favorece la salud mental y ayuda en cuadros depresivos. Cuando hacemos deporte liberamos dopamina y endorfina, hormonas que están relacionadas con la energía y la felicidad. Por lo mismo, evitar el sedentarismo sería uno de los grandes secretos para mantenerse joven por más tiempo.

Otra cosa que no debemos olvidar, es la alimentación. “Sea el alimento tu medicina y la medicina tu alimento”. Esta famosa frase de Hipócrates –el padre de la Medicina– está muy en boga en la medicina del envejecimiento. Existen una serie de alimentos que debemos evitar y en lo posible erradicar de nuestra dieta, entre ellos el azúcar, las grasas trans, el alcohol, los conservantes artificiales, los carbohidratos, los embutidos, carnes rojas y la sal en exceso. El consumo excesivo de ellos empeoran la tonicidad de la piel y generan problemas de salud, como sobrepeso, diabetes, colesterol e hipertensión. Los alimentos que sí debemos incluir y que contribuyen a retardar el envejecimiento son los ricos en antioxidantes naturales, como las verduras de hojas verdes y frutas rojas (arándanos, frambuesas, moras y cerezas), ya que detienen el proceso de envejecimiento, protegen a las células de los efectos de los radicales libres y aumentan la energía; los ricos en vitaminas C, A y E, necesarias para la síntesis de colágeno y buena calidad de la piel; los ricos en ácidos grasos esenciales, especialmente Omega-3, ya que aportan elasticidad a la piel y ayudan al mecanismo de eliminación de grasas. Estos últimos los encontramos en algunos pescados grasos como el salmón y atún, frutos secos y algunas semillas.

Finalmente, ¡qué importante es aceptarse a sí mismo, quererse, alimentar nuestras cualidades y talentos, ser positivos, hacer cosas que nos gusten, soñar, cultivar los afectos, las amistades, ejercitar la mente, cuidarnos por dentro y ser felices! Aquí radicaría el verdadero secreto de la eterna juventud. El famoso dramaturgo francés Moliere decía: “La belleza del rostro es frágil, una flor pasajera; la belleza del alma es firme y segura”.

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