La columna del doctor Valdés: "Dios bendiga sus manos"

Esta semana el cirujano Valdés nos habla de los cuidados del cuerpo.

Este es un buen cumplido a todos quienes hacen algo con sus propias manos. Las bordadoras, las mujeres que tejen, los artesanos del mimbre. Quienes hacen alfombras, los pintores, los artistas y también los de brocha gorda, los ebanistas, los carpinteros, las mujeres que amasan el pan en casa, todas las madres cuando mudan y acarician a su bebé, y cada persona que utiliza sus manos para crear algo o para hacer con ellas un acto de cariño. También cuando una madre pone la comida preparada en la mochila de su hijo, o barre, limpia o hace una cama… Todas esas manos son benditas, todas.

 

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Yo en particular también recibo con frecuencia este cumplido y lo acepto con humildad, dada la enorme entrega de confianza que se me da. En el caso de un acto médico, ésta entrega es máxima y debemos hacer honor a ello actuando con eficiencia, el mayor profesionalismo posible, y por supuesto con mucho respeto.

Un cirujano plástico puede mejorar una silueta, un defecto estético, el resultado de una falla genética, los estragos de la maternidad en el cuerpo de una mujer o el paso de los años que imprime marcas, consecuencias y también un reflejo de cómo nos hemos cuidado a nosotros mismos. En ocasiones, la cirugía plástica es vista como algo superficial y claro, hay quienes también hacen de ella un exceso, tal como pueden hacerlo con otras acciones y actitudes personales, como la ingesta de comida, las compras innecesarias y toda una lista de conductas en las que la compulsión, hacia cualquier hábito, siempre tendrá consecuencias.

Por otra parte, muchas intervenciones pueden cambiar radicalmente la vida a una persona y mejorarla de manera importante. Las madres que han quedado con un vientre distendido, estrías y a veces asociado a un busto que ha perdido precozmente su posición, forma y atractivo por lactancias, se ven tremendamente beneficiadas por cirugías de este tipo. Pero no solo son madres; también adolescentes con su nariz desproporcionada, orejas aladas, asimetrías o simples características que las hacen blanco de mofas, risas y bullying, sufriendo el castigo social de sus pares. Soluciones para estos y otros defectos son una lista que sigue.

Para los creyentes, somos la única especie con el privilegio de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, tal como lo dicen las escrituras, y este regalo debemos protegerlo nosotros, cada uno en cada detalle diario, alimentación, entrenamiento físico y mental y orden de hábitos. La medicina debe ser ocasional, un último recurso. Las enfermedades se multiplican si nos descuidamos en tales deberes.

Así entonces, este regalo generoso lo tenemos cada uno de nosotros, y debemos desarrollarlo con voluntad. Voluntad de cuidar de nosotros mismos y disponer de una cirugía cuando ya no podamos hacer más por nuestra cuenta, porque esa corrección se escapa de nosotros y lo confiamos a un médico, en el caso de algo plástico, a un cirujano, puesto que es él quien trabaja con la estructura más sofisticada creada y que no existe en especie alguna, salvo en los seres humanos, simplemente un regalo… ¡las manos!