Por una piel sin huellas: ¡adiós flacidez y estrías post parto!

Aunque tenemos que aceptar las transformaciones que ocurren, ninguna quiere quedar con una apariencia descuidada después del parto. Ahora no existen excusas, porque la información abunda y hay diversas opciones para quedar igual, o mejor, que antes.

 

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Por Carolina Palma F.

Una vez que sabemos que el bebé se encuentra bien, la segunda principal preocupación de las mujeres son los cambios en la piel, que se asocian, evidentemente, a la variación en el peso, al normal crecimiento del vientre y a los cambios hormonales.

Y no hablamos sólo del cuerpo, sino también del rostro, zona que muchas veces se ve favorecida. Sí, porque los especialistas confirman que la típica frase "estás radiante" es cierta, debido al cambio hormonal y al aumento del flujo de sangre. "La piel de la mujer embarazada se mejora, aunque siempre existen excepciones, pero generalmente se mejora el acné, por ejemplo. Lo mismo pasa con el cabello, que se vuelve abundante", explica la dermatóloga Claudia Piper, de la Clínica Dermatológica Estoril.

Aunque, por otro lado, para muchas el mayor problema se genera aquí mismo: en la piel. Nos referimos a las manchas –que por lo general desaparecen después del parto– denominadas cloasmas o melasmas, que aparecen en diferentes áreas del rostro, como nariz, mentón, labio superior, frente y mejillas. Para evitarlas, lo principal es alejarse del sol y usar bloqueador todo el año, incluso ahora en invierno con días nublados. Además, la especialista resalta el aumento de las venitas en las mejillas. "Se puede provocar una tendencia a la rosácea, especialmente por los cambios de temperatura, entonces hay que evitarlos", advierte.

Celulitis

"La celulitis se produce porque las células grasas ocupan más espacio que las paredes que hay entremedio de la grasa y el cuerpo fibroso y, como en el embarazo se retiene líquido, se hinchan las células y se hacen más prominentes, entonces, se pueden ver cototos", describe la dermatóloga. Y la prolactina, una hormona que se produce durante el embarazo y que permite prepararnos para la lactancia, favorece la aparición de células grasas, especialmente en los últimos meses, porque el cuerpo del bebé comprime los vasos sanguíneos y la circulación se vuelve más complicada.

Bueno, la solución es la misma que cuando no estamos embarazadas: alimentación saludable, donde reinen las frutas, verduras, fibras, agua, y muy lejos de las grasas, azúcares, frituras y sal, que aumentan la retención de líquido, junto con el ejercicio constante de bajo impacto, como caminar si no eres muy asidua a otros deportes.

También conviene optar por drenaje linfático manual en centros de estética, aunque antes pregunta a tu médico si existe algún impedimento.

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