Volver a andar en bicicleta 2.0

No es tan fácil volver a mover el esqueleto…

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Dolor de músculos. Eso fue lo primero que sentí al despertar el domingo. El sábado me las di de valiente y fui a la casa de mi pololo, porque ahí podría tomar agua, ir al baño y descansar un rato. Mi casa, de la casa de mi pololo, está a 2.4 kilómetros. Una nimiedad. Pero para mi cuerpo, que no sabía de deporte ni más ejercicio que caminar 10 cuadras durante el día entre metro y puerta de oficina-de casa, y subir la escalera de 4 pisos, fue muchísimo. Ah, hice el trayecto en bicicleta. Bajadita de ida y subidota de vuelta.

Hacía varios meses que la celulitis y una constante sensación de estrés y cuerpo compungido me llamaban al deporte. Pero el frío y las mañanas oscuras no me llamaban nada. El viernes puse el despertador una hora antes, a ver si me inspiraba. Pero no. La tentación fue más grande y seguí durmiendo.  Traté de seguir los consejos de Beatriz Fernández pero no; lo mío es el deporte fuera de casa.

Creo que no andaba en bicicleta desde antes de entrar a trabajar; cuando era verano, tenía tiempo libre por montones y mi bicicleta era la novedad. Pero me caí.

Pero ya es tiempo de volver, me dije. Tengo que hacer “algo”. Para el gimnasio no hay lucas al menos ahora, trotar me hace doler las rodillas, y a pesar de que fui una vez al yoga cerca de la oficina, me ha sido imposible organizarme para poder salir a la hora de almuerzo a la actividad en cuestión.  Tendré que saber no caerme. Andaré lento, con cuidado y no vacilaré. Un par de veces más le di a los pedales, pero eso, fue hace muchos meses.

En la universidad, era obligación tener 2 horas semanales de deporte, durante 8 semestres. Al principio, era una lata. Pero al final, se volvió toda una adicción. Yoga, power jump, spinning, Taekwondo con el bacán de Javier Varela… luego, salir de la u, buscar un gimnasio… más yoga, más spinning, agregué aerobox y me sentía en la gloria.

Entonces, el sábado, dije. Hoy sí. Y hoy sí. Me puse aceite en el pelo, desayuné, lavé los platos, hice mi cama, ordené, me puse dos patas, dos poleras y un polerón, mis guantes, saqué la bicicleta de debajo del plástico y de encima del banquito, le quité el polvo al casco y partí. Llegué a la esquina y me tuve que devolver. Me puse otro polerón y volví a salir. Oh, que se sintió bien. No había mucha gente en la calle –nadie- así que la vereda era toda mía; siempre cuidando que nadie saliera caminando de una esquina y bajando a la calle una vez que los autos histéricos habían pasado.

El viento en mi cara, mi bicicleta rodando, la sensación de ¡Por fin! Estar haciendo deporte. El domingo sufrí las consecuencias pero ayer aproveché el feriado, y aunque el día no estaba tan bonito, igual aperré. Me dio bastante frío –tendré que buscar una tercera polera o un tercer polerón delgado, o también un tercer par de calzas o guantes con dedos. Pero lo pasé bien. Llegué hasta la casa de mi pololo pero no me detuve a descansar, ni agua tomé (mi bici no tiene porta botella) y a la vuelta vi la luz (era subida). Llegué a mi casa al jugo, me di una buena ducha y comencé el día con tremendas energías. Hoy no me dolieron los músculos. Hasta me dio lata que estuviera lloviendo.

¿Hay algún deporte que quieran hacer?¿Qué les dificulta levantarse de la cama?