Lo peor del día: Despertar

¡Quiero seguir durmiendo!

despertar.jpg

A pesar de que si no despertáramos no habría día, y de que cierta forma hay que estar contentos con que uno despertó, despertar, es lo peor del día. Digámoslo.

A menos que se trate de un fin de semana con una mañana sin compromisos y sin caña, despertar, de lunes a viernes, para mí, es terrible.

No es que me cueste levantarme; cuando suena el despertador, sé que me tengo que levantar, y lo hago. Lo que no hago altiro, es despertar. Puedo ducharme –incluso lavarme el pelo- vestirme, lavarme la cara con agua fría, tomar desayuno, lavarme los dientes, echarme miles de cremas, secarme el pelo y aún así, no despierto. A veces siento que sólo despierto cuando salgo a la calle porque si no, me terminarían asaltando de puro dormida que ando.

Hay personas a las cuales les cuesta mucho –pero mucho- despertar. No importa si se durmieron temprano y durmieron a profundidad, si no están para nada cansados. Simplemente, no despiertan.

Pero si hay algo que me da mucha rabia, es despertar antes de la hora programada. Ya sea por motivos naturales (como ir al baño) o por motivos externos (la vecina gritándole a los cabros chicos que se suban al auto, mi mamá gritando por el agua fría, mi papá hablando por teléfono con gente de su pega que partió alguna obra muy temprano) lo odio. Y no me levanto. Aunque queden 5 minutos, me quedo acostada. Aunque mis papás tengan el reloj adelantado y me empiecen a decir que me levante. No y no. Intento dormir como sea, y si no logro dormirme, al menos me quedo descansando con los ojos cerrados.

A ustedes ¿Les cuesta despertar?