Cómo logré tener uñas bonitas

¡Lo he probado todo!

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Al igual que a nuestra querida colaboradora Yessy Valenzuela, me obsesionan mis uñas. Desde que era chica, me gustaba pintármelas con mi esmalte Tammy que mi hermano me escondía. No sé cómo no me las comía: toda mi familia lo hace y cuando no se come las uñas, se come los cueritos. El encargado de cortármelas era siempre mi papá. Me las cortaba con una tijera espectacular que aún existe y que nunca hemos encontrado igual. Él tenía una paciencia y habilidad increíbles pero nunca nos aguantó que fuéramos mamones, nada de lloriqueos ni me duele.

Cuando miraba las largas y brillantes uñas rojas tan típicas de los noventa en mi madre, o las decoradas en ajedrez de mi hermana, lo único que quería era crecer. A eso de tener 14 años, se pusieron de moda los esmaltes de colores y yo me las pintaba de todos. Nunca olvidaré el espanto de mi padre que jamás se espantó con moda alguna cuando yo pretendía ir con las uñas calypso al colegio. Me retó tanto y yo lloré tanto, que al final no me lo saqué y en el colegio nadie se dio cuenta. Por eso cuando entré en la universidad, mi máxima alegría fue comenzar a pintar mis uñas de todos los colores imaginables

Pero nunca lograba que me crecieran. O me crecían, pero se me “abrían” y descamaban como si fueran empanadas de hojaldre. Probaba cortándomelas bien cortitas, dejándolas sin pintar, pintándolas siempre, me echaba productos que prometían salvar mis uñas. Cada vez que me hacía las manos le preguntaba a la manicurista qué diablos podía hacer. Nada parecía funcionar.

Cada vez que me sacaba el esmalte, veía con pena como la puntita de varias uñas se salía dejando el resto tan delgado, que no quedaba otra que limarla al ras. Y así cada  3 días. Mis uñas crecían, pero nada parecía arreglarlas.

¿Qué estoy haciendo mal? Me preguntaba… si lavaba los platos, me colocaba guantes. Comía muchas frutas y verduras crudas (vitaminas) comía de todos los tipos de carne, no tenía ningún problema de salud de lo que mis uñas pudieran estar en desacuerdo.

Una vez tuve que entrevistar a una dermatóloga especialista en uñas y le pregunté qué diablos podía hacer. Me dijo cosas que me sorprendieron:

1.- Uno no debería hacerse la manicure. O sí, pero con mucho cuidado. No hacérsela demasiado seguido, porque debilita las uñas, ya que muchas veces entre tanto repujado de cutícula, pulido y demases, las uñas pueden quedar muy mal. O al menos, me recomendó que yo no lo hiciera. Y que la gente que tuviera problemas de uñas delgadas como de papel, tampoco: En este punto le hice caso primero porque me estaba dando lata hacerme las manos ya que por la gran debilidad de mis uñas los esmaltes no me duraban nada, y sentía que perdía plata y obvio, porque soy muy apretunjen con las lucas. Además, con tanta práctica, mi pintada de uñas me queda de lo más bien. Dejé de repujarme las cutículas y nunca más tuve un padastro ni un cuerito.

2.- Uno siempre debería tener las uñas pintadas: Teniendo las uñas tan para la cagada como yo, lo ideal era que las tuviera siempre pintadas, para que no se les escapara el agua. Le hice caso hasta que hace poco leí que había que dejarlas respirar. Ahora, cada vez que me saco el esmalte, estoy al menos un día sin volvérmelas a pintar, y eso ha dado EXCELENTES  resultados. Pero sólo un día, más, se me empieza a descascarar nuevamente.

3.- Que podía tomar un suplemento alimenticio. Me recomendó uno muy caro y no la pesqué. Pero hace un mes estuve tomando colágeno en cápsulas que debo decir que me ha servido bastante (Farmacia Dr Simi, $1.430 las 60 cápsulas; tomar 1 ó 2 cápsulas al día).

4.- Que entre pintadas, remojara mis uñas en agua tibia con aceite de Oliva. Hace tiempo que no hago lo del aceite de oliva, por falta de tiempo, y no he notado ninguna desventaja o efecto adverso, sin embargo en un momento me sirvió mucho.

5.- Que siempre me colocara base antes del esmalte, que no usara esmaltes metalizados porque tienen demasiados químicos, que usara esmaltes de buena calidad, para que estos me duraran más días y así no tuviera yo que retirarlo (que es lo que las daña) y reaplicarlo. Sigo usando esmaltes metalizados de vez en cuando, porque me gustan. Me aburrí de gastar una burrada en esmaltes caros, porque puestos igual me duraban poco tiempo; y descubrí que guardando los esmaltes en el refrigerador y renovándolos seguido, alcanzaban la misma durabilidad.

Todo lo que he leído en cuanto a cuidado de uñas, lo he probado:

-Una vendedora de una farmacia  me dijo que era muy importante que limara mis uñas en una sola dirección. También me vendió un fortalecedor de vitamina Sally Hansen buenísimo. Era naranjo y acá no lo he visto.

-Una mina que conocí trabajando de promotora, me dijo que antes de pintarme las uñas, tenía que lavármelas bien, escobillarlas por encima, secarlas con toalla nova raspándolas y, luego de asegurarme de que estuvieran muy secas, recién ahí pintármelas. Y que no siempre el esmalte de uñas más caro era el mejor.

Y lo que he aprendido yo sola

  • Haciendo la tesis, por ende, pasando largas horas frente al computador, me di cuenta de que independientemente de la marca y antigüedad del esmalte (dos cosas que determinan la calidad)  mientras más tiempo dejara cada capa secándose, menos se me pifiaba, apretujaba, salía o malograba la manicure. Así que teniendo todo listo (habiendo desayunado, hecho deporte, bañádome, ordenado la pieza, secádome el pelo y habiendo ido al baño), me sentaba frente al computador y comenzaba: Primero, la base. Con 10 minutos es suficiente. Luego, aplicar la primera capa. A los 20 minutos (O más si no tenía que salir) la segunda. Y de ahí, aguantarme el mayor tiempo posible para pararme a hacer cualquier otra cosa que pudiera dañar mi esmalte.
  • No sirve soplarlas. Sin querer nos tiramos saliva y todo mal.
  • No sirve secárselas ante el ventilador; la fuerza del aire es demasiada
  • No sirve secárselas con secador
  • Los sprays secantes sirven pero no inmediatamente pintada la uña
  • Los “esmaltes protectores” no sirven. Echarse brillo encima del color tiene como único resultado, engrosar el esmalte sobre la uña y lograr que éste se desprenda con mucha mayor facilidad, si es que no termina por hacer líneas encima del color anterior.
  • Cuando se empiezan a poner apelotonados, no hay que echarles acetona. Yo le eché un producto que venden en las casas de peluquería, que vale como $4.000 y que dura muchos años siempre y cuando no se les quede abierto y se les evapore como a mi.
  • Hay que tratar de que el esmalte dure el mayor tiempo posible en las uñas. Andar con el esmalte en la cartera para hacer retoques y sacárselo cuando ya de frentón no de más.

Y eso creo que es todo lo que les puedo decir. Creo que lo he logrado. Estas son mis uñas. El esmalte  es Maybelline Colorama Garota Verão, me costó $990, lo compré el segundo semestre del año 2009 y desde ahí ha estado en el refrigerador. Ya no dura lo mismo que cuando estaba nuevo, pero aguanta.

Las tengo cortas, pero casi podría jurar que la última vez que me saqué el esmalte, ninguna puntita amenazaba con descamarse.

¿Qué consejos darían para unas uñas bonitas?