Mi sueño sudaca: Muestras todos los meses

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Hoy es uno de esos días en que se me sale el rechazo hacia mi nación, que me enojo con la lejanía y que como cualquier cabra chica envidio algunas de las cosas que pasan en “El norte” o en el “Viejo Continente” . El antipatriotismo se me sale y ni kilómetros de playa ni paisajes variados me calman. Estoy picada y envidiosa.

Dando vueltas por Internet, llegué a un blog que hablaba de una página de ensueño.  Se llama Birchbox, algo así como “Caja de abedul”  un árbol destacado por los múltiples usos de su madera, savia y hojas. El sistema funciona con una suscripción mensual o anual (pagada), y cada mes te llega tu cajita con las muestras. Tampoco es perfecto; no puedes elegir exactamente lo que irá allí; o sea, no puedes decir si quieres sólo productos para el pelo o sólo productos para el rostro. Sí puedes indicar tu tipo de piel y tu tipo de pelo, además de ciertas preferencias en cuánto estás dispuesta a gastar por un producto. (Para no recibir muestras de un producto que no comprarás por lo caro). Además tiene productos a la venta y consejos de belleza. Pero es sólo para los Estados Unidos, Puerto Rico y Europa.

Me encanta tener la posibilidad de probar un producto antes de comprarlo. Soy feliz cuando una revista viene especialmente gordita y siempre me fijo cuando hay algún pack en promoción que incorpore muestras gratis. Si me dan algo repetido,  lo pruebo y aunque no me guste, lo sigo usando. Como para convencerme. A veces, para no ponerme a abrir ciento cincuenta mil cosas, guardo las muestras para el momento en que haga recambio de productos, y puedo estar mucho tiempo sobreviviendo a puras muestras. Lo curioso es que pocas veces he comprado algo que alguna vez probé con muestras. Ja. Lo que pasa es que mis ganas de ir probando las diferentes marcas y variedades de algo, me pueden llegar a superar.

Es que no es lo mismo la “demostración” que uno puede solicitar en una tienda; te pueden aplicar un tono de base y tú feliz, pero si ya estabas maquillada, de poco sirve. Así que además de pedir muestras, intento comprar siempre el producto en su envase más pequeño. Al principio puede parecer poco conveniente, y varias veces las vendedoras me han presionado para que compre “el grande”. Qué diablos, compré el chico, me duró un año y caducó al mismo tiempo en que se agotó.

Ante la negativa y escasez de muestras disponibles, lo que trato de hacer es estar siempre dispuesta a ofrecer “un poquito de” crema, champú o lo que sea a mis amigas; para que vean si algo les sirve realmente.  Para esto son buenos justamente los frascos vacíos de muestras, que además sirven para un cosmetiquero de viaje, de oficina o de cartera.

Y me faltó personalidad para pedirle un poquito de un acondicionador sin enjuague a una amiga. Lo compré y hasta el día de hoy me arrepiento. No es malo, pero si lo hubiera probado, no lo hubiera comprado.

Pero no es fácil. A veces siento que las marcas quieren que compremos compremos y compremos, gastemos demasiada plata pero no quedemos contentas. Ojalá se implementara más este sistema; aunque no llegara a la casa; sino que uno pudiera, aunque sea comprar las muestras de los productos que le tinquen y después de probarlos, decidir si es el que uno realmente necesitaba.

¿Les pasa lo mismo que a mí?