El precio de ser miope: Estética v/s dinero disponible

Y tú, ¿cómo los prefieres modernos o vintage?

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La primera vez que usé lentes no vivía en un lugar con variedad de locales; tenía 16 años y no tenía ni voz ni plata en bolsillo para elegir. En resumen tenía frente a mis ojos los marcos morados más simplones y comunes de mi colegio.

Los años avanzaron y rogué por un cambio estelar: los marcos gruesos azules. No recuerdo bien la marca, pero me acompañaron por años y me hicieron sentir, por primera vez, que tenía una gracia usar lentes onderos y ser una cegatona a la vez.

Ya en la irrupción de los “20 y algo”, las puertas de la variedad en las ópticas se abrieron para mí. Y me encontré con cuánto marco genial había disponible, pero mi bolsillo se rebeló contra mis ganas y perdí mi primer encuentro. La segunda salida se dio de la peor forma, al menos vista desde algún sentido: las calles de Providencia y Santiago se llenaron de marcos chinos, todos copias mulas de los wayfarer. Horrible, pero no pude evitar caer en la tentación. Durante un año tuve tres marcos y los cristales que corresponde no se veían ni la sombra.

Pero no todo fue terrible, después de que los hilos del destino me dieron la opción de trabajar, y de pasar por tres marcos chinos, fui a comprar a ópticas bahía, alias mi “perdición”.

En Merced 374, a pasos del metro Bellas Artes, la tienda de lentes vintage ofrece la variedad más cara y excelente de marcos. Tienen un sitio, pero no es lo mismo. El lema para mí en estos trámite es “siempre es justo y necesario probarse al menos siete marcos antes de decidir”. De esa óptica ya tengo dos marcos, mi segunda compra está junto a la foto. Soy feliz, pero los marcos más baratos que encontrarás ahí es de 38 mil hacia arriba. Triste, pero es una inversión.

Es un camino complicado, pero para algunos que nos importa qué usar para acompañar la mala visión con decencia, me van a entender. Si saben de algún lugar y ha resultado que sí valió la pena, esperamos sus comentarios.