Vestirse como “grande”

La transición hacia una pinta más madura.

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Cuando estaba en vacaciones, y estaba pronta a comenzar mi práctica profesional en una revista, mi mamá me llevó a una tienda para que me comprara ropa “decente”. Claro, era decente; de excelente calidad y confección, me quedaba según yo estupenda y me veía mucho más grande que con las zapatillas y los jeans típicos. Me compré 3 pantalones y dos chaquetas. Menos mal que no compré más.

Llegué a la revista y era nada que ver a cómo me lo imaginaba; la vestimenta era muy relajada, incluso más de lo que me hubiera gustado. Agarré las chaquetas y los pantalones, les puse una bolsa plástica y los guardé en el clóset de atrás. Puedo usarlas ahora, pero también en 10 o 15 años más. ¿Para qué apurarme?

Claro; me fui al extremo. Debería haber notado que algo andaba mal cuando me encontré con Raquel Correa en la tienda, me puse nerviosa y sólo atiné a decirle: “yo estudio periodismo”. Pobrecita: Respondió. Sí, Raquel Correa, que tiene como ochenta años compra ahí, mmm, quizás no era el lugar correcto. Qué diablos, pagaba mamá.

Esto fue hace más de dos años. En los años que han pasado ha ocurrido que he trabajado desde casa (En piyama o buzo) como ayudante (blue jeans y zapatillas) y en un colegio donde sólo iba algunos días. En este último, como a veces me tocaba entrevistar a gente con corbata, no podía andar de zapatillas; pero como sólo iba algunos días al mes, no era un tema.

En donde estoy trabajando ahora, el código de vestuario es relajado, lo que no significa que yo vaya a usar jeans todos los días con poleras de monos. Simplemente no va conmigo.

No es un tema de “ya no estoy en edad”. No es que esté mirando el carnet; simplemente miro lo que he cambiado, y es que ya no me siento cómoda usando las cosas que usaba años atrás; no soy la misma persona. La ropa dura mucho tiempo y ha pasado demasiada agua bajo el puente. Es hora de evolucionar.

Estoy pasando por una especie de transición, en que ya dejé de comprarme algunas cosas –no necesariamente de usarlas- pero otras ya las dejé de usar; o las usé una última vez como despedida y se fueron ya. Poleras con monos, rosados demasiado rosados, zapatillas, zapatos y carteras en mal estado, polerones muy hiphoperos, etc.

Obviamente no me quiero vestir aseñorada, pero tampoco como una niña, pues no lo soy. Me ocurre que me veo mucho más chica de lo que soy y hay ocasiones en que eso no me ayuda para nada; algunas veces la gente te ve como una mocosa y no hay caso de hacer respeto.

Creo que lo más fácil –para hacer la transición- es empezar a usar ropa en buen estado, calmarse un poco con ciertos estampados y colores, hacer una especie de neutralización y de a poco ir viendo qué cosas le quedan bien y con qué una se siente cómoda.

Ustedes, ¿Han pasado por esa transición? ¿Qué consejos me darían?