Hipsterlandia

Un lugar al que no quiero ir

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Una vez me preguntaron –no hace mucho- qué es un hipster. En rigor, un hipster es un modelo de calzón a la cadera (hip). Pero en la práctica, hemos usado el término hipster en forma coloquial, para referirnos tanto como a una especie de tribu urbana, como para una actitud, como para un segmento de marketing  que quiere adquirir la última papita. Todo con el objeto de diferenciarse.

Internet me da la razón  y me dice que sí, que es un sector progresista, avant garde, diferente, que se aleja de las convenciones, de las tradiciones, de las modas, en una búsqueda insaciable por la individualidad y la originalidad.

Entonces el hipster es quien primero tuvo las cosas con I y terminadas en phone, mac, pad, pod. El hipster – mujer u hombre- se caracteriza por ser muy vanguardista, cool, informado de donde está el mejor carrete. Es bueno para las fiestas, le gusta la música y en su afán vanguardista, nunca reconocerá que le gusta un grupo demasiado antiguo a no ser que sea algún clásico; lo mismo con el vestuario, accesorios y gadgets electrónicos varios. De alguna forma, un hipster sería quien marca una tendencia. Y eso, hasta cierto punto, puede caer bien, podemos decir, wow, qué estilo que tiene esta mina, este mino.

Lamentablemente nada es perfecto, y es que el hipster se caracteriza muchas veces con una actitud un poco displicente a todo aquel que considera demasiado normal o demasiado sin onda. Jamás lo dirá en forma directa a la cara. Pero sí por Twitter; sí se ríe, sin ningún remordimiento, de quienes no son como él. Aunque que si todos son como ellos, ellos siempre buscarán el gadget más nuevo, el lente de sol más vintage. Es un cuento de nunca acabar. No tendrá empacho en criticar a la gente fome, a los fanáticos de la música romántica o a quienes les da lo mismo comprarse la ropa en el Líder.

Es una postura que aparenta seguridad en sí mismos, pero que salvo algunas excepciones que pueden confirmar la regla, no muestra más que el intento por llenar otro tipo de carencias. No es más que una obsesión tan profunda por ser alternativo que llega a dar vergüenza ajena.

Por lo mismo, nunca he conocido a nadie que se autodenomine Hipster, ni que acepte que alguien se lo diga. De hecho, un día que vine a la oficina con los lentes de sol que salgo en la foto (que compré en la calle en Patronato y que me costaron luca), me tiraron la talla de que andaba Hipster. Y eso me incomodó. Porque no estoy ni ahí con andar tirando mugre a quienes les gustan los cantantes románticos, ni a las minas que usan tacos, ni a los que por a.b. o c motivo, no pertenecen a la reducida – y al ser un país enano- más reducida población de Hipsterlandia.

Me da un poco de risa tanta lucha, tanto rechazo, tanto reclamo.  Un anarquismo a medias, porque igual el sistema que a veces rechazan, es el que les provee de sus maravillosos artilugios que les dan un poco de felicidad. ¿O usted cree que el repartidor de anteojos escucha la radio Horizonte o baja mp3 de otras partes del mundo? No pues, pone la radio popular y punto.

Y ESO NO TIENE NADA DE MALO. Es verdad, nadie es igual a nadie, todos somos únicos, distintos, irrepetibles, pero, ¿vale la pena desgastarse tanto por ser el único en el montón?¿Por sobresalir?

Nah.  Díganme conformista, díganme fome, díganme lo que díganme. Pero me encanta de vez en cuando cantar una ranchera para subirme el ánimo, salir a la calle con buzo, reconocer que creo en lo que creo y que no me vengan con huevás.

La verdad, si fuera una verdadera hipster, botaría los lentes por que ya no son alternativos sino que los venden en todos lados. Por suerte no lo soy.

¿Qué creen ustedes de los hipsters?

Este video está muy chistoso; lamentablemente está en inglés, pero se puede entender algo. Es la Olimpiada de los Hipsters.