Le fui infiel a mi peluquero

Es que se me acabó el amor

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A veces las mujeres tenemos una relación extraña con quienes manejan nuestro pelo: tanto el peluquero como la depiladora nos conocen y saben lo que nos queda bien ¿O no? A veces sí, pero a veces no. Lo de la depiladora es menos terrible; la vemos más seguido. Pero vaya uno a pensar en dejar a su peluquero. Puede ser una historia maravillosa, él en verdad es seco y siempre te entiende… o puede ser uno de esos malos amores que aunque sabes que te hace pésimo, te rehúsas a dejar, y disculpas todos y cada uno de sus errores. “No, si la próxima vez seguro le achunta” “Tenía razón, tenía las puntas muy feas”

Juanito fue el responsable del primer corte decente que tuve en mi vida. Tenía 19 años, y hacía poco me había cortado mi voluminosa cabellera en una peluquería de barrio y me lo habían dejado pésimo. A través de una amiga me enteré de un peluquero que atendía en su casa y que cobraba 10 lucas por cortarlo. Al principio lo encontré caro; pues mi último corte había costado $3.000 y según yo me había quedado súper bien.

Pero apenas me pasó un espejo para mirar cómo había quedado el corte, me di cuenta que eran las 10 lucas mejor invertidas. Mi pelo ya no era una champa monstruosa ni me había cortado 20 cm cuando yo pedí que cortara 2. No. Juanito le achuntó medio a medio con lo que necesitaba. Fueron pasando los años y mi pelo pasó de castaño a reflejos rubios y luego a rojo. Lo recomendé a varias personas y todos estaban realmente encantados con él, “es seco” me decían. Como ya tenía confianza, me atreví a hacerme un corte radical; así como el que veíamos el otro día.

Hasta ahí todo genial. El problema fueron los cortes siguientes; ya que yo quería que mi pelo empezara a crecer para volver a tenerlo largo. Se me acabó el amor. Así como en Closer, cuando Jude Law le pregunta a Natalie Portman desde cuando no lo amaba. Y ella le dijo “desde ahora. Adiós”. Yo no le dije a Juanito que no lo amaba, simplemente lo dejé. Aguanté cinco meses sin cortarme el pelo y ya parecía Pinipon de lo redonda que tenía la cabeza, así que fui a otro. Una aventura sin mayor importancia y luego a otro. Tampoco me gustó. Pensándolo bien, Juanito se equivocó sólo una vez. Lo echo de menos. Voy a volver con mi peluquero.