"Contigo hasta la ropa me estorbó"

Cuando la química y la pasión hacen explotar tus emociones con una sola persona. Te sentirás identificada con este escrito si estás enamorada.

Por Ilse Mariz

A pesar de tener algunas experiencias íntimas con mis exparejas, con ninguno había experimentado una atracción y una química tan fuertes como contigo. Posiblemente allá afuera existan algunos chicos más guapos, pero tú tienes un encanto que ninguno supera.

Eres una mezcla entre sensualidad, galanura, porte y romanticismo con el que sería imposible negarse a estar contigo. Por eso, desde que te vi supe que me podría entregar a ti en cuerpo y alma. Jamás podría decirte que no ni siquiera a una pequeña aventura.

Y entregarme a ti ha sido una de las experiencias más gratificantes en mi vida. Tu forma de besar, la manera en cómo tus manos acarician mi cuerpo, la electricidad que se percibe cuando nuestros cuerpos desnudos se acercan. Todo es perfecto, la sensualidad que no sabía que llevaba guardada brota como un manantial desde alguna presa cerrada.

Contigo no existe pena alguna para mostrarte mi cuerpo imperfecto. No tengo miedos, no tengo vergüenzas, al contrario, mi deseo por ti crece y crece tras cada encuentro. Mi mente se liberó de las cadenas que aprisionaban mi libido y me entregué por completo para disfrutarnos. Sin darme cuenta hice a un lado los prejuicios y me enfoqué a amarte con locura.

Sí, no me da pena reconocer que contigo he disfrutado cada momento, encerrados dentro de cuatro paredes de la habitación, gozando de cada minuto, de cada caricia, de cada beso, de todo aquello que nos empeñamos por hacer bajo las sábanas.

Eres la pasión hecha hombre, el deseo de cualquier mujer de disfrutar de su forma tan grande y hermosa de entregarse; eres el adonis con la que la ropa me fue estorbando, con el que me deshice de ella para poder estar entre tus brazos y grabar en mi mente cada sensación al estar entre tus brazos.