En San Valentín, un consejo para todas las Helgas Pataki: Ese Arnold no las merece

Si vas a hacer un altar, haz uno de ti misma, porque te tienes que admirar a ti, antes que a otra persona.

Seamos sinceras: la idealización nunca funciona. ¿A quién no le pasó que se enamoró completa y platónicamente de alguien, pero en el momento de conocerlo, la desilusión fue igual o peor a pegarse en la cabeza con la lámpara?

Cuando te das cuenta de que esa persona no era lo que pensabas, o cómo imaginaste que serías tú en una relación con él o ella, se te cae el mundo. Es una sensación amarga, desagradable, que golpea justo ahí, en el ego de los soñadores.

Hay amantes platónicos que se muestran a la defensiva para ocultar su devoción: ¿el ejemplo perfecto? Helga G. Pataki. Si no la recuerdan, era esa niña con una gran y enorme ceja que odiaba a todo el mundo, menos a Arnold.

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En cada capítulo de Hey Arnold!, Helga disimulaba tratando mal al “cabeza de balón” (así le decía a Arnold), pero cuando llegaba a su casa, juntaba todas las cosas que había reunido para complementar el altar escondido que había construido para admirarlo.

Ahora, el caso de Helga es exagerado, pero lo podemos adaptar a la realidad perfectamente. Puede ser que tengas una relación con ese Arnold, que el tema ya no sea platónico, pero por falta de autoestima, te rebajas e humillas a ti misma para conservar la ilusión que alimentaste por tanto tiempo.

¿Qué vas a hacer cuando te des cuenta de que tienes que actuar como alguien que realmente no eres, para conservar una relación que creías que querías? Vas a entrar en una crisis de identidad que sólo podrás solucionar dependiendo de ese hombre que idealizas. Nefasto.

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Primero, ten claro que no tienes que tener un lado B como Helga para no mostrar debilidad. Puedes ser sincera y transparente. Con eso, aumentas las posibilidades de que te hieran, pero ese es el costo de relacionarte con otros seres humanos. La experiencia es la mejor protección.

Si vas a hacer un altar, haz uno de ti misma, porque te tienes que admirar a ti, antes que a otra persona. Ser Helga es doloroso, porque eres esclava de lo que aparentas.

Idealizar también es un mecanismo de defensa. No muestras tus sentimientos, no te atreves a ser auténtica, sufres en silencio y nunca logras una relación madura porque lo platónico está dentro de tu zona de confort. No te permites la felicidad.

Ese Arnold, por el que te desvives y no lo valora, no vale la pena. Si ya sabe lo que sientes por él y no está interesado, está en su derecho, pero eso no significa que tengas que cambiar tu esencia para agradarlo. ¡Next!