Cosas que una mujer no le dice a otra mujer

Las amigas, las madres y sus hijas, las hermanas… hablamos de casi todo, sin embargo hay temas que no se tocan, asuntos que no se ponen en palabras.

La relación entre mujeres es rara. Nos unen tantas cosas, tantas causas, tantas razones. Hay argumentos históricos y cotidianos para hacer piña, para aliarse sin fracturas. Sin embargo, las mujeres nos relacionamos entre nosotras de una manera extraña.

Además de la feroz competencia reinante en lo profesional, se suma la carrera por el amor y el cuerpo perfecto que hace que todos los vínculos entre chicas se tiñan de un color un tanto opaco.

Pienso en la relación más pura y entrañable entre mujeres, de la que surge todo lo demás: las madres y sus hijas. Especial, compleja hasta decir basta, tupida, accidentada. Difícil. Siempre.

Imagínate entre amigas o compañeras, cuñadas, primas, hermanas…

Es cierto que muchas veces la relación con una amiga puede ser mucho más resistente y cariñosa que con alguien a quien te une la sangre, pero así y todo, siempre hay una zona oscura habitada por silencios infranqueables.

Hay cosas que una mujer no le dice a otra mujer. Aunque esa otra mujer sea nuestra hija, nieta, amiga del alma o gemela monocigótica. Cosas de las que no hablamos y palabras que bajo ninguna circunstancia se pronuncian.

Son conversaciones omitidas, cuando no directamente negadas como si fuera una tradición sagrada. Una promesa a cambio de que la vida siga.

Y ese silencio ha contribuido por los siglos de los siglos a mantener a las mujeres –a todas las mujeres–, ignorantes de muchas cosas esenciales y a salvo o ajenas a ciertas verdades fundamentales. Cuyo poder radica justo en eso: en que las envuelve un silencio férreo.

Hoy, por mencionar sólo una, me pregunto por qué las mujeres no decimos la verdad sobre lo que es estar casada, por ejemplo. No nos transmitimos entre nosotras ningún mensaje revelador con lo visto y lo vivido entre generación y generación.

pinkyswear3293291280.jpg

(cc) cherylholt / Pixabay

Puede que sea porque nadie nos los dijo a nosotras y nosotras no vamos a ser la primera en romper el pacto.

Y cuando decimos que vamos a dar el gran paso, todo son festejos.

Nuestra madre nos lleva a una habitación aparte para darnos un pañuelo que era de la abuelita, pero no nos lleva a una habitación cerrada para decirnos: “tienes que saber que esto que sientes ahora, se te va a pasar en no más de dos años y que luego vendrá una caída lenta, pero sin pausa, en un tedio intragable que con el tiempo se volverá indiferencia y del que no te salvan ni hijos ni perros ni gatos”.

Bueno, mi madre lloró cuando le dije que me había casado, tal vez no de emoción, ve tú a saber…

Por mucha confianza que haya entre mujeres, ni borrachas sacamos la verdad sobre lo que sucede al fondo de nuestras vidas.

Supongo que entre amigas hay una cuestión que tiene que ver con la reputación y la imagen; y que en familia hay estructuras que dependen de que todo parezca firme y bueno. Aunque sea a base de correr un tupido velo.

Podemos hablar con todo detalle del tamaño de fulano y los fluidos de mengano, pero no hay costumbre de mirar a los ojos a tu hermana menor y con seriedad explicarle el aguante prodigioso que hay que tener para poder tener profesión y “familia”, y darle un par de buenas alternativas.

Es cierto que la observación hace mucho y que nos damos cuenta de algunas cosas nosotras solas, pero me resulta muy extraña la falta de transmisión del conocimiento vivencial entre mujeres.

No hay relato entre nosotras sobre sentimientos, pensamientos e incluso hechos poco convenientes (en lo profundo) o difíciles de encajar.

Casi todo se remite a la anécdota del momento, algún consejo para sobrellevar la soledad o el aburrimiento, unas risas sobre lo que nos gustaría ser o tener y hombros para llorar. Sería.

Una vez la mamá de una amiga durante un almuerzo dijo: “No hay nada que separe más a una pareja que los hijos”. Mi amiga y yo nos quedamos un poco así…Y lo único que te puedo decir es que esa señora tuvo 4 hijos y ahora está en el cielo.

Se le extraña.