La ciencia comprueba que el “sexting” es bueno para ti

Las fotos y los mensajes cachondos que mandamos por celular son una buena herramienta para la terapia de pareja.

El sexting, según psicólogos expertos, se presenta en relaciones más profundas y comprometidas. ¿Alguien duda de que el cachondeo sea un bálsamo para el alma?

Entendemos como sexting esos mensajes y esas fotos que enviamos por internet o SMS, con la intención de calentar o calentarnos. O sea: tecnología al servicio de los juegos preliminares, acaso los más preliminares del catálogo.

A nosotros nos parece obvio, ¿cierto? Pero son muchos los documentos en que se describen los estragos del sexting entre los adolescentes, por ejemplo. Cabe mencionar que no hay evidencias claras de que el cachondeo verbal se relacione con prácticas sexuales de riesgo.

Además, los adolescentes son otra historia. Entre adultos, según la psicóloga Emily Stasko (y los estudios que estuvo dirigiendo), el sexting juega un importante papel entre los adultos de estos tiempos.

La investigación, que fue presentada en la Asociación Estadounidense de Psicología, consideró a 870 hombres y mujeres heterosexuales, de entre 18 y 82 años.

Se analizó su comportamiento en relación con el texteo sexual, el nivel de satisfacción en sus relaciones y qué tan a gusto se sentían con su sexualidad.

Los resultados arrojan que la mayoría (el 82 % de los encuestados) enviaron o recibieron mensajes sugerentes desde una computadora o un smartphone, durante el año pasado. Hombres y mujeres practican el sexting en proporciones muy similares.

En la investigación también se descubrió que para los integrantes de la muestra, esta forma de chachondeo es importante, un componente de la relación y no sólo una actitud curiosa.

Stasko incluso concluye que el sexting podría ser usado como un recurso en terapia de pareja, lo cual me parece de lo más lógico (tanto que hasta se podría pensar: si esos dos no sextean, su relación no tiene remedio).

Pues sí, el sexting tiene más ventajas que bemoles. Claro que hay que considerar la seguridad, averiguar bien con quién se sextea, seguir ciertas reglas para no echarlo todo a perder… Nadie dijo que no.

Pero, de ahí en fuera, la práctica es sana, necesaria y divertida. Yo no me imagino mi vida sin ella.