Sólo a las “zorras” les dan enfermedades venéreas: rompamos el mito.

El problema es cuando todos pensamos lo mismo: “A mí no me va a pasar”.

Hablemos claro. A los humanos nos cuesta mucho trabajo hablar claro en todo lo que concierne al sexo. Pero en una cultura donde las imágenes sexuales son frecuentes, parece que sorprendentemente cada vez sabemos menos al respecto, y lo digo porque cada vez más niñas dejan la escuela por estar embarazadas o porque a la Secretaría de Salud le parece genial idea hacer una campaña que promueva la abstinencia, en vez de esforzarse a dar información real y concisa.

Hace no mucho tiempo, hablamos de una aplicación para calcular un aproximado de las parejas indirectas que has tenido. Si se pudieron a experimentar un poco con el sitio, seguro se dieron cuenta de que los números son inesperadamente grandes. Digo, queremos creer que están muy exagerados, o al menos yo eso quiero creer, y que aún así nuestros cuerpecitos siguen limpios y sanos.

Digo, en realidad involucrarse físicamente con alguien requiere un cierto nivel de confianza, sí. Pero eso no significa que conozcamos a las personas tan bien como pensamos que lo hacemos. Y todos queremos pensar que esas son cosas del pasado, o que sólo les ocurren a personas con muchas parejas sexuales, pero hay que ser bien honestos: no es así.

Sólo en Estados Unidos se registran 20 millones de nuevos casos de Enfermedades Venéreas cada año. Y las personas que más las adquieren son las jóvenes, de entre 15 y 24 años, aunque representan tan sólo un cuarto de la población sexualmente activa. Algo no está bien aquí.

Desmitificando

Tener una infección de transmisión sexual no es tan diferente de tener un resfriado. La sociedad nos ha impuesto la idea de que son la cosa más horrible y asquerosa del mundo y que es un castigo justo por “andar de loca”.

De ahí viene eso de que sólo a las “zorras” les pasa eso de las enfermedades de transmisión sexual. En realidad le puede pasar a cualquiera y puede venir de un pequeño error: como no usar condón o no hacerte una prueba ni pedírsela a tu pareja. Lo que es más, hay algunas infecciones que se contagian sólo con el contacto de la piel. O sea, no hay necesidad de “sexo real”.

Por eso es que hay personas que han tenido muchas parejas y nunca han sufrido de una infección de este tipo y personas que sólo han tenido un compañero sexual y atrapan una infección. En realidad es sólo cuestión de un error, no se puede asociar a la promiscuidad directamente ni a otras características de la persona (como sus preferencias sexuales por ejemplo).

Vamos aclarando las cosas: Tener una infección o enfermedad de transmisión sexual no es el fin del mundo, en realidad la vergüenza que impone la sociedad es inútil porque hace todo menos bajar los números de ellas. Pero no por eso queremos que se sigan expendiendo. No les vamos a enseñar las típicas fotografías del herpes que causan pesadillas durante semanas.

El círculo de la vergüenza es un problema real. Si descubres que sufres de una enfermedad de este tipo, es menos probable que hables con tu pareja al respecto, o que vayas a hacerte un examen, o que busques el tratamiento adecuado. Y en vez de ayudar, lo complica todo.

Y aquí va una sugerencia, cada vez que sientas ganas de empezar de nuevo (digamos en una nueva ciudad o termines con una pareja), asegúrate que todo está bien. Y me refiero a TODO. Un solo de esos aterradores exámenes de sangre al año podría salvar tu vida y ahorrarte mucho dolor.