¿Quién dijo que las personas (especialmente los hombres) nunca cambian?

Si alguna vez escuchaste, pensaste, utilizaste o finalmente te diste por vencido en nombre de esta frase, hoy te traemos una noticia que te devolverá el alma al cuerpo.

“Las personas nunca cambian”, corta… sin anestesia y la esperanza se nos va la utópica la cresta.

Si alguna vez escuchaste, pensaste, utilizaste o finalmente te diste por vencido en nombre de esta frase, hoy te traemos una noticia que te devolverá el alma al cuerpo.

Y es que una encuesta realizada por la Universidad Mayor concluyó que el confiar en que nuestro compañero puede mejorar aquello que nos afecta, resulta.

Entre algunos datos obtenidos:

  • El 67% de las mujeres dijo que desde que está con su compañero, él sale menos con sus amigos.
  • El 65% reconoce que aprendió a expresar mejor sus sentimientos.

Por su parte,  el estudio “¿Por qué los esfuerzos de tu pareja por mejorar (no) te hacen feliz?”, realizado por la Univerisdad de Northwestern, en Estados Unidos, concluye que: cuanto más se confíe en la capacidad del otro para cambiar, la sensación de seguridad y bienestar será mayor.

En el fondo, todo estaría en creer en que el otro puede o va a intentar modificar algunos aspectos de su conducta, el que espera ese cambio también termina modificando su comportamiento, aunque no se dé cuenta, al menos, así lo explicó en Diario La Tercera, Daniel Molden, uno de los autores del estudio , quien señalo que al depositar la confianza en el otro, bajamos nuestro nivel de expectativas, nos volvemos más tolerantes y casi sin darnos cuenta, empezamos a tratarlo mejor porque sentimos que está haciendo algo por nosotros.

El cambio de ambas partes produce una sensación de seguridad en la pareja, agrega Chin Ming Hui, autora principal del estudio, quien explica que cuando confiamos en que nuestro compañero va a cambiar mediante esfuerzos específicos, se toma conciencia de que el otro es más sensible a nuestras necesidades.

Para llevar a cabo el experimento, los investigadores reunieron a 44 parejas que llevaban más de un año y medio de relación, a quienes sometieron a un cuestionario de forma separada.

“La idea era que una persona calificara a su compañero en cuanto a la paciencia, la comprensión y la capacidad para escuchar. Además, debían contar su situación actual con respecto a los sentimientos generales de la relación y su percepción de si su pareja podía cambiar. Tres meses después volvieron a aplicar el mismo cuestionario a las parejas por separado. Los resultados demostraron que cuanto más se piensa que la pareja es incapaz de cambiar, ni con los mejores esfuerzos se puede mejorar la relación. Así de drástico”, describe La Tercera.

Según un estudio de la Universidad de California, el hecho de adaptarnos y cambiar por otro produce cambios en nuestra mente. Esto se debe a que cuando dos personas se convierten en pareja, el cerebro extiende la idea de sí mismo incluyendo al otro: surge un “yo plural”, adoptando y abandonando hábitos que también van “recableando” el cerebro.

Ahora, que no se confunda con el absurdo hecho de transformar o reinventar al otro, de intervenir en la esencia o en la genética… ¡Eso es brujería pura!

Pretender que el otro deje de ver a sus amigos, se vista de cierta forma específica, etc, etc, etc, es negar superficialmente una parte de la persona que conocimos y por algún motivo decidimos estar. Muy diferente es pedir que se respeten ciertos “códigos” que nacen espontáneos e inherentes en una relación. Como el difícil camino que es a veces, pensar por dos.

Sin embargo, para los más shopenahuerianos, quienes no quedaron conformes con los diferentes análisis cualitativos y científicos presentados… y siguen creyendo que “Las personas no cambian”  , no han pensado a lo mejor, que si los propios golpes, caídas y experiencias o la misma voluntad de mejorar, nos han hecho cambiar de tal forma , ¿otros no pueden hacerlo?

¿Acaso, quien nace chicharra… no puede terminar cantando un maravilloso y delicado tango?