No quiero orgasmos, prefiero karezza…

La técnica sexual de la doctora Alice Bunker Stockham, que nos lleva a meditar.

El fin de semana pasado me fui con mis amigos mas cercanos a la despedida de soltero de uno de ellos a Buenos Aires. En uno de los bares que visitamos, estando sentado en la barra, conocí a una pareja de Ingleses. El se llamaba Greg y debe haber estado bordeando los 50, ella era Anne y tenia según mis estimaciones, unos muy bien llevados 35. Estaban juntos como pareja hace casi 9 años, tenían una hija de 7 y trabajaban juntos en su propio hotel en Londres.

Después que me presenté y de las miradas incrédulas, preguntas y bromas al decirles a qué me dedicaba…  no sé si fue la confianza que generamos, la noche, la luz baja, Buenos Aires, la barra y por su puesto los Jaggermeister que ahí servían. Lo más probable es que haya sido la mezcla de todo lo anterior.

El punto es que casi en tiempo récord, Greg y Anne con una verborrea bastante poco neurótica, comenzaron a revelarme sus placeres sexuales más profundos. La lista era larga, pero a pesar de eso me mantuvieron muy entretenido y con un interés genuino constante, como me pasa muchas veces en conversaciones donde escucho fuera de la consulta, formas de relacionarse distintas, poco frecuentes, raras, desconocidas, extrañas o que se liberan y crean mas allá de los patrones rígidos que nos hemos impuesto como sociedad. Y ellos cumplían en gran parte eso. Lo que a mis amigos de barra ingleses les gustaba, era tener sexo pero no llegar al orgasmo.

Greg me decía que su vida sexual con Anne es mejor ahora que nunca y que ni se comparara con la que tuvo con parejas sexuales previas.

Ante mis preguntas, cada vez más intensas, pero cuidando de no presionarlo mucho para que no se me fuera con el misterio, él me dijo: – es que nosotros practicamos “karezza”-. Luego se miraron y la tensión sexual entre ellos casi me deja sentado en el bar de la esquina, pero como yo necesitaba saber más, me quedé.

Anne, amablemente e intentando escabullirse de las manos de fuego inquietas de Greg, me dijo: -lo que nosotros hacemos es una forma de coito donde no nos focalizamos en los orgasmos como el premio. Es más, los practicante de karezza incitamos y buscamos el no tener orgasmo. Esta búsqueda crea un sentimiento que es difícil de describir, pero que es muy profundo a nivel de pareja-.

Después de que Anne se me acercaba y tocaba cada vez más para explicarme lo que era, concluí que quizás esta conexión profunda con su pareja, al menos con Greg, no le estaba resultando del todo bien, así que me retiré tras una de esas  despedidas incómodamente más largas y afectuosas de lo que realmente me hubiese gustado en ese momento y sin tanto alcohol en la sangre como ellos, me alejé. Pero sin dejar de anotar antes el nombre: KAREZZA.

La palabra Karezza viene de la palabra italiana Carezza, que significa caricia, y se ha escogido para describir este método porque lo que se busca es un tipo de relación centrada en el apego y el afecto y no en el clímax. La palabra Karezza fue usada por primera vez en 1896 en Chicago por la Dra. Alice bunker Stockham, una obstetra feminista de la época. Ella defendía la satisfacción sexual tanto para hombres como mujeres (algo lógico y normal que mucha gente no parece entender hoy en día).

Stockham incitaba la continencia masculina para fortalecer los matrimonios, y que la mujer debía hacer lo mismo en base a la igualdad.

Personalmente estoy de acuerdo, me parece efectivo eso de escapar de la rigidez en nuestras relaciones sexuales y salir de la monotemática penetración y de la presión/obligación del orgasmo, pero ahora, presionarnos/obligarnos a no tener orgasmos, no sé si nos sirva de mucho, ya que nos mantiene metidos en la cabeza y abandonamos los sentidos.

Básicamente es hacer más de lo mismo. Me parece bien la idea de disfrutar más del viaje que  la preocupación por llegar, pero si estás evitando el llegar,  es difícil disfrutar el recorrido.

Si quieres trabajar, sufrir o hacer juicios… piensa, pero si quieres tener sexo, simplifica la mente y vuelve a los sentidos sin esperar nada, ni evitar nada… simplemente ser.