La teoría hetero de las probabilidades gay

Yo creo que somos muchos los gay tan complejos en nuestra selección como una fémina. Al menos lo he testeado con amigas.

Esta semana me junté con dos amigas muy especiales, Alva y Susi. Con ellas tengo ese tipo de amistades que no ves cada semana ni compartes el día a día. Pero cuando nos juntamos podemos hablar desde lo más íntimo de cada uno con un ritmo frenético, sin prejuicios ni cuestionamientos.

Esta vez se dio una suerte de ronda en la cual cada uno entregaba su actualización por turnos. Hasta que me tocó a mí; les conté que estaba soltero otra vez. Entre todos los detalles acerca de cómo fue el término, los nuevos prospectos que había conocido y los perfiles en sitios y apps de “citas”, llegamos a un tema que no recuerdo haberme cuestionado antes en relación a la soltería y a las probabilidades de irte acompañado a casa luego de una fiesta.

Mi amiga Alva repentinamente me dice: “por ejemplo, si tu y yo estamos solteros y tu vas a una fiesta gay mientras que yo a una hétero, ¡Tienes mil veces más probabilidades de que te agarres a alguien! ¡Son todos gay! No como una fiesta hétero en la que los hombres son con suerte la mitad de la gente”. Mi amiga Susi por su puesto estuvo de lo más de acuerdo. En ese minuto volvieron a mi cabeza las imágenes de las últimas fiestas a las que había ido y les respondí a ambas con total seguridad: “Están locas, ojalá fuera así de fácil”.

Es una teoría extraña. Empíricamente funciona perfecto, como decir dos más dos son cuatro. Pero las relaciones humanas están lejos de ese pragmatismo. Además uno no se anda agarrando lo primero que ve pavonearse por ahí, sobrio al menos. No señor. Yo creo que somos muchos los gay tan complejos en nuestra selección como una fémina. Al menos lo he testeado con amigas. “Que se vista como me gusta, que huela bien, que hable bien, son los requisitos básicos”, me dijo una de ellas. Le encontré toda la razón, “son requisitos mínimos de la condición humana”, respondí entre risas.

Mientras escribo estas líneas vuelvo a pensar en aquella fiesta, en un lugar de Bellavista totalmente lleno. Lleno de extranjeros borrachos, adolescentes recién entrando a la juventud y gente que no me interesaba en lo más mínimo. Lo único que me salvó esa noche fue Javier, un chico que conocí meses atrás por medio de un amigo y con el que nos habíamos gustado en forma instantánea. Su aparición esa noche fue como un oasis en medio de un desierto. Apareció en frente mío, bailamos, conversamos y pudimos conocernos como no habíamos podido antes. Terminó pasando la noche en mi departamento y ahora estamos saliendo.

En fin, el punto es que no crean que un hombre, y además gay, tiene posibilidades infinitas de flirteo. Es cierto, los hombres somos mucho más carnales que las mujeres, y a veces respondemos a ese instinto primitivo de conquistar a diestra y siniestra. Pero en realidad somos una fauna como cualquier otra, y así como están los lanzados, también están los selectivos, los virginales, los indecisos, los calienta sopa, los arrepentidos y los que reman para atrás, entre muchos otros por supuesto. Así que eso de las mil posibilidades gay, déjenme decirles, queda sólo en el plano de la teoría hétero.

Mister Dirk.