Cuestión de tamaño

El promedio de largo del pene flácido estaba entre los 8,85 y 10,7 cm, mientras que el largo del pene erecto era de entre 12,89 y 15,5 cm.

Tanto en mi experiencia clínica como en muchos mails que recibo, he percibido que existe algo en común en la gran mayoría de los penes humanos: la preocupación de su “dueño” acerca del tamaño, de si es muy grande o muy chico, grueso o delgado; de la forma, de si es normal o de si está doblado hacia algún lado o si tiene una curvatura que otros no tienen; de si el color es normal o si es muy oscuro o el glande muy rosado, etc.

Pero dentro de todas estas preocupaciones, la más frecuente es la relacionada con el tamaño, sobre todo el cuestionamiento de si es muy pequeño, ya que no genera mayor problema de si es excesivamente grande, cosa que para la pareja del poseedor de un pene con esas características puede ser incluso más molesto que un pene chico pero cumplidor.
Ante todo este cuestionamiento y la ansiedad que genera a muchos el tamaño de su pene, la respuesta a la pregunta de si el tamaño importa parece obvia: sí importa, y mucho.

En una investigación realizada por Wesells-Wessells H., Lue T.F., McAninch J.W., “Penile length in the flaccid and erect states: guidelines for penile augmentation”, de 1996, se tomó una muestra de 2.770 sujetos con edades que fluctuaban entre los 17 y los 91 años.

El promedio de largo del pene flácido estaba entre los 8,85 y 10,7 cm, mientras que el largo del pene erecto era de entre 12,89 y 15,5 cm.

Basándose en esa información, Wessells consideró que los hombres adultos con penes de un largo sobre 4 cm en flacidez y de 7,5 cm en erección, tienen un largo de pene normal.

El informe Durex prestigiosa marca de preservativos, del que desconozco su real validez y confiabilidad, establece lo siguiente: los orientales promedian 13,65 centímetros de longitud, los hispanos 14,75, la raza negra 15,25 y los caucásicos (europeos y norteamericanos) 16,25.

Entre otras conclusiones, aseguran que, a nivel mundial, el promedio del tamaño del pene en estado de flacidez es 8,85 centímetros y erecto 16,4, con diámetro de 4,1.

El estudio refiere que la dimensión del miembro masculino va en línea directa con la estatura de su portador: si el varón mide entre 1,60 y 1,69 metros de altura, el órgano crecerá hasta 15,25 cm (promedio), entre 1,70 y 1,79 será de 15,65, de 1,80 a 1,89 alcanzará 16,5, y si la estatura está entre 1,90 y 1,95 logrará 17,5. Desde luego, y como en todo, la regla tiene sus notables excepciones.

En base a las medidas se ha establecido la siguiente clasificación:
Micropene: menos de 7 centímetros (3 por ciento de la población masculina).
Pene pequeño: menos de 10 centímetros (20 por ciento).
Pene medio: entre 12 y 17 centímetros (75 por ciento).
Pene grande: más de 18 centímetros (3 por ciento).

Ahora, cabe hacerse otra pregunta: ¿hay relación entre el tamaño del pene y el placer o la calidad de vida sexual en una pareja?

La respuesta nuevamente es afirmativa, esto debido a que nuestro órgano sexual más importante es la cabeza, no la del pene, sino la que tenemos hombres y mujeres y que ha aprendido que el pene, mientras más erecto y más grande sea, representa mayor masculinidad, poder y está directamente relacionado con un mayor disfrute sexual y efectividad sexual.
Este mito lo tenemos profundamente grabado en el disco duro, aunque haya sido ampliamente refutado por diversas investigaciones.

Hay que tener en claro que las partes más sensibles a la estimulación de la mujer están a nivel externo, en la vulva, específicamente en el clítoris.

Aproximadamente el 70% de las mujeres necesitan estimulación clitoridiana para llegar al orgasmo. También en la parte anterior de la vagina y hasta los 3 centímetros aproximadamente al interior de ésta. En el fondo vaginal no existen receptores de placer que participen en el coito.

La profundidad de la vagina es en promedio de 11 a 14 cm Por otra parte, y aunque estoy hablando de la misma, la vagina es capaz de adaptarse, gracias a su elasticidad, al tamaño del pene.

Ojalá la vagina nos pudiera traspasar un poco de elasticidad a nuestras cabezas y así poder lograr la misma adaptación a distintos tamaños de penes.

Claro que existe una lista mucho más larga que 20 cm de cosas infinitamente más importantes y necesarias que el tamaño del pene para tener una buena vida sexual.

Simbólicamente, el pene grande está asociado a grandes virtudes, que en la práctica no son tales. Es por esto que todavía muchos hombres llegan a la consulta de urólogos o, en el peor de los casos, de maquiavélicos negociantes, buscando ser operados, exponiéndose a soluciones que son infinitamente más grandes que el “problema”, sobre todo si este último no existe.

Es frecuente ver en internet una amplia oferta de operaciones, ejercicios, productos o pomadas… que garantizan el agrandamiento peneano.

Es tan importante el tamaño del pene, que para muchos hombres, la supuesta pequeñez de su falo les genera profundos problemas de autoestima, inseguridad o disfunciones sexuales como eyaculación precoz, disfunción eréctil o pérdida del deseo sexual.

Respondida la pregunta anterior, cabe preguntarse. ¿Existe una relación objetiva directamente proporcional entre el tamaño del pene y la potencia, eficacia y goce sexual?

La respuesta es ¡¡¡NO!!! A excepción de si estamos hablando de micropenes, donde sí se recomienda una cirugía reparadora de alargamiento peneano. En este momento se me vienen inmediatamente a la cabeza tres dichos: “La raqueta no hace al jugador”, “Más vale pequeña y juguetona que grande y dormilona” y, como decía el filósofo estoico Epicteto, “Al hombre no le inquietan las cosas, sino la visión que tiene de ellas”.

Para un hombre, el estar con una mujer con pechos grandes, como todas las que vemos en la televisión, internet, revistas, etc., y que se han transformado en “el producto que debemos consumir”, no garantiza que vaya a disfrutar más en el acto sexual, aunque simbólicamente, esto pueda ser de una “inflada” importancia.

Nuevamente se reafirma que el órgano sexual más importante es nuestra mente y la subjetividad implícita, con todos los pros y los contras que esto pueda tener.