Cuando el tamaño te asusta

Hay hombres muy bien dotados, que en ocasiones te hacen pensar que no te la podrás.

Para mí el tema del tamaño es una cosa de gustos. Hay quienes lo disfrutan más si es grande y grueso, como otras, solo se quedan conforme con el movimientos y un poco de buen roce. De hecho hace pocos días nos pusimos a hablar con mis amigas sobre las experiencias con respecto a esto. Algunas hablaban de lo terrible que fue descubrir que el tipo que les quitaba el sueño era lejos el hombre con el pene más chico del mundo, mientras otra se reía de la falta de erección de un galán que se las daba de latin lover. Pero definitivamente la que más nos hizo revolcarnos de la risa, fue la historia de terror que relató una de ellas al ver que el tipo de turno con el que estaba saliendo era el hombre mejor dotado de Chile, según su criterio.

Ella nos contaba que la historia entre ambos comenzó como un jugueteo por redes sociales, luego de haberse conocido en la celebración del cumpleaños de un amigo. Luego de un par de citas, la atracción entre ellos no pudo seguir conteniéndose y llegó el gran momento de tener sexo. Para su mala suerte, venía de un largo de tiempo de “celibato”, nombre que le puso a sus largos ocho meses sin sexo, donde a su parecer ya se había convertido en virgen nuevamente.

El encuentro fue en la casa de él. Ese era el mejor lugar, ya que estaba solo y nadie los molestaría. Todo comenzó con besos, caricias y toqueteos, algo que agradece, ya que eso le ayudó a estar lo suficientemente excitada para poder enfrentar lo que se venía. Poco a poco se sacaron la ropa hasta quedar ambos en ropa interior.

Solo los iluminaba la luz luna que entraba por la ventana, por lo que todo lo que ella veía era entre sombras. Con ese escenario tuvo que lidiar para encontrar el preservativo que estaba en el velador y luego ponérselo, ya que así se lo pidió su amante nocturno.

Y aquí estuvo su sorpresa. No podía creer lo que estaba viendo. El tipo estaba demasiado bien dotado -y eso que no era de piel morena- que llegó a asombrarse a medida que comenzaba a estirar el preservativo hasta llegar a la base. Solo pensaba en cómo lo iba a hacer y pedirles a todos los dioses que le diera la mayor elasticidad para poder soportar la entrada de este regalito.

Ah, por supuesto que darle sexo oral fue prácticamente imposible.

Al final, se la pudo y lo pasó de maravillas, pese a que en momento solo quiso correr, ¿han pasado por esto?