Mentiras verdaderas

A veces las mamás creen lo más inverosímil…

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A veces decimos mentiras tan pero tan poco creíbles pero de alguna forma nos creen. Sobre todo con las mamás. En particular la mía es muy perceptiva y me conoce bastante, por lo que no es tan fácil hacerla lesa.

De alguna forma, hace un tiempo me creyó una mentira descaradamente descarada. Era verano, estaba en Punta Arenas y habíamos carreteado en mi casa con unos amigos; un amigo en especial se quedó a dormir en la pieza de alojados; “si, obvio, quédate, duerme acá”.  Como una cosa lleva a la otra, me quedé a dormida ahí. Me desperté casi a las 9 de la mañana cuando mi mamá estaba saliendo a trabajar. Lo más silenciosamente que pude me escapé a mi pieza; yo estaba en el segundo piso y tenía que bajar y pasar por delante de su pieza para llegar a la mía. No lo logré; me vio al tiro y me preguntó de dónde venía a esa hora; “de arriba, estaba en el computador”; “o sea que no has dormido” me dijo; “no, no he dormido”. La acompañé a hacerse un café, la dejé en la puerta y volví a dormir. Nos despertamos tipo 12 y mi mamá llegó al rato a la hora de almuerzo; mi amigo seguía ahí y lo invité a almorzar; inventamos que se le había quedado la parka y había vuelto a buscarla.

El problema es que no nos habíamos dado cuenta de que estaba lloviendo y mi amigo presente andaba en polera. Mi mamá, que nunca en su vida lo había visto, lo miró y le dijo “y tú te fuiste a tu casa en polera y volviste en polera mientras llovía”; estirando el chicle lo más posible a ver cuánto aguantaba mi pobre madre, le respondió “sí, eso es exactamente lo que pasó, salí en polera y volví en polera” (nótese que no tenía ni el pelo ni la ropa mojada). La cosa es que aparentemente nos creyó, lo invitó a almorzar, le cayó demasiado bien y lo encontró de lo más divertido. Freak -por decir lo menos- la inocencia de mi mamá.

Una de mis mejores amigas fue mamá hace justo tres años. Sus papás juegan póker con amigos los fines de semana y cada vez que salían le decían que llamara a su pololo para que la fuera a “acompañar y ver películas”; esto durante muchos meses. Cuando mi amiga les contó que estaba esperando guagua, su mamá se agarraba la cabeza con las dos manos y le decía “pero cómo Patita”, mientras Patita pensaba “bueno, mientras ustedes jugaban poker, yo jugaba a hacer la guagua poh”. En qué cabeza cabe que a los 22 años uno va a ver películas toda la noche si te están dando la tremenda oportunidad.

¿A alguien le ha pasado algo parecido?