Esos malos discursos de las amigas

¿No sería mejor decir la verdad de una y parar con las mentiras piadosas?

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Son parte fundamental en todos los procesos que uno atraviesa, apoyándote en cada decisión que uno toma, pese a que no siempre están de acuerdo con lo que haces. Por eso las amigas  siempre van a ser imprescindibles en tu vida.

Sin embargo, muchas veces creemos que ese rol de amigas lo estamos haciendo perfectamente, dando consejos que juramos son los mejores y más adecuados al caso, pero lo cierto es que no hacemos otra cosa más que mentirnos a nosotras mismas. ¿No sería mejor decir la verdad de una y parar con las mentiras piadosas?

Para eso primero deberíamos evitar preguntar tanta estupidez. ¿Me llamará? ¿Todavía le gusto? ¿La mina con la que anda es  más linda que yo? No comprendo para qué lo hacemos si al fin y al cabo no sirve de nada saber las opiniones de las amigas, porque nada cambiará si te dicen lo que quieres oír. Así que paremos con esas interrogantes y dejemos de sufrir.

Segundo, las amiguitas tendremos que dejar de responderlas, y si queremos hacerlo, empecemos con decir la verdad. Eso de “seguro te va a llamar”, “aún le gustas, se le nota” y “la mina con la que anda es horrible, tú eres mucho más linda” es una soberana mentira. Si ni siquiera hablamos con el tipo ¿cómo podemos llegar a esas conclusiones? El instinto femenino no siempre da en el blanco, y la gran mayoría de las veces esas afirmaciones terminan por hacerte llorar porque nunca te llamaron, no le gustas ni un poco y la mina con la que anda es odiosamente linda.

No lo hacemos con maldad, sino que lo hacemos para no hacer sentir peor a nuestra amiga con una respuesta que, sabemos, le dolerá el doble. Dejarla más tranquila con algo que quiere oír no nos cuesta nada, y así evitamos que siga preguntando una y otra vez lo mismo.

Pero es mucho más fácil y menos doloroso que nos digan la verdad de frentón, sin preámbulos ni maquillaje. ¡Paremos de sufrir y matemos la ilusión absurda de algo que no será y punto!…  porque para qué estamos con cosas, nos encanta pasarnos rollos con todo, nos ilusionamos con muy poco y nos ahogamos en un vaso de agua simplemente porque la vida sin drama es aburrida.

Pero esos dramas tienen su límite, y los finales felices de las teleseries venezolanas que solíamos ver no ocurren en la vida real, por más que sigamos empecinadas en creer  que pueden darse. Si las amigas estamos para apoyarnos, hagámoslo en esto de una vez.