Hay hombres para todo

Cuidado, nosotras también los clasificamos.

¿Se han dado cuenta de ese típico dicho de que hay mujeres para todo? Que hay minas para contarle las cosas, otras para darle un par de besitos, otras para llevarse a la cama, otras para pedirles pololeo y otras para presentárselas a la mamá… y si todo sale bien, para llevarlas al altar. En realidad, estas calificaciones las vengo escuchando desde que tengo uso de razón. Pero déjenme decirles -sobre todo a ustedes, hombres- que nosotras también los clasificamos, pero con la diferencia que lo hacemos de una manera bastante más piola.

Por ejemplo, sabemos que los calladitos son los peores. Es típico que los minos que menos hablan tienen un genio del terror, no les gusta mucho salir de carrete y, por lo general, prefieren que una les hable lo menos posible. Tenemos claro que este tipo de chicos son medio difíciles de dominar, pero que son ideales para presentárselos a los papis, ya que los alumbrados suelen caer un poco mal en una primera instancia.

Cuando hablo de alumbrado me refiero a esos tipos estilo Johnny Bravo (el dibujo animado). Igual son ricos y se saben minos, se acercan a una con una parada ultra canchera y jamás te tratan con amabilidad, porque saben que al final una engancha. Son de los que te llaman a altas horas de la madrugada, medio puestos y con propuestas bastantes subidas de tono. Sabemos perfectamente que son de esos tipos para pasar el rato, entretenernos y sentirnos bien por un  tiempo, ya que de entrada tenemos claro que no son muy buenos en la cama, pero que después de un par de encuentros el coqueteo se acaba. Además, no es muy difícil saber a lo que vamos, ya que es típico que han pasado por el dormitorio de más de alguna de nuestras amigas.

También tenemos al galán adulador. Ese minito que tiene las frases perfectas para sacar una sonrisa, ya que todo el tiempo nos dice lo mina que nos vemos o lo perfectas que somos. Está lleno de frases hechas y jura de guata que lo hace increíble, pero tiene la mala suerte de que ya sabemos que hay otras minas a las que les dice lo mismo y que cuando ellos van, una ya se dio tres vueltas de manzana. En síntesis, el típico chanta caliente, que por lo demás, no es muy agraciado físicamente.

Hay otro tipo del que definitivamente corremos al tiro: el enganchado sicópata. Ese tipo con el que te agarraste una vez y ya se embaló. Le pone me gusta a todas tus publicaciones en Facebook, te pregunta por quién es el mino que te escribió en el muro, cómo se llama tu ex pololo, te mensajea todo el día, te llama para decirte buenas noches todos los días, son sensibles y hay veces en que llega o a tu casa o al trabajo con un sorpresa. Es de esos minos de los que te arrepientes toda la vida de haberle dado un beso.

No es malo querer a la mami, pero en verdad a los mamones es mejor tenerlos a kilómetros de distancia, porque son bastente ineptos. O sea, ni pensar en invitarlos a tu departamento a cocinar algo, porque de seguro que no va a tener idea. Es bien fome en lo que a grado tres se refiere y no es raro que en plena, lo llame su vieja para saber a qué hora llega a la casa. Con ese tipo ni pensar en tener algo. Una lata.

También está ese típico mino ultra relajado, que su frase típica es “no cacho”. Jamás se esmeran en llamar, ni mucho menos en organizar alguna salidita loca que termine en algo más o menos entretenido. Por lo demás, es tan volado que nunca tiene los implementos necesarios para tener un encuentro apasionado, léase preservativos y algún licor para animar la velada, por lo que es muy probable que hasta le pida a una que los vaya a comprar. En todo caso, son bastante amables, cariñosos y cero complicados. Ideales para un buen rato de esparcimiento.

Finalmente tenemos al cabrón. Ese chico que quiere tener todo bajo control. Ellos organizan todo, desde dónde te van a llevar hasta cuál es la mejor opción para comer. Olvídate que pedirán tu opinión, ya que ellos se las saben todas. Él paga la cuenta, propone los temas de conversación y habla hasta por los codos. Hacen sentir que una es una pobre diabla que no tiene idea de nada, sin embargo, son bien obedientes y tratan de complacerte en todo en la gran mayoría de las cosas, lo cual es muy positivo. Son una increíble opción para esas noches muertas de viernes, donde tienes ganas de hacer algo, pero sin tener que darte la lata de pensar en qué.

Si me obligan elegir a uno de estos tipos, yo me quedo con el calladito. Ustedes, ¿A cuál prefieren?