Nunca he ido a un motel

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De las muchas experiencias que el promedio ha vivido unos pocos quedamos fuera del saco: la aventura de ir a un motel. Pero no crean que soy la única loca, es una tema extraño, porque la mayoría de mis amigos sí ha ido y para este grupo ir es como ir a un MacDonald, o sea, algo tan normal y posible en cualquier momento. Para mí, aunque digan lo que digan, es una experiencia que a veces me da curiosidad pero no siento que sea necesario ir a un “MUST” antes de morir. !Alto ahí! No se espante, no es que me crea monja, pero hay personas como yo, que tiene bastantes “peros” para ir a un lugar que no se conoce.

Los escrupulosos: “Si fuera por mi me llevaría las sábanas de mi casa al motel”, me dijo una vez Camila, Miss Quejona 2010. Ella lo sabe y algunas veces estamos de acuerdo, porque no es para menos con tanto reportaje sobre la falta de higiene en sus instalaciones. Punto menos para los moteles, porque si el objetivo es pasarla bien, no puedes hacerlo sin sentir confianza, ¿right?

Si tengo dónde ¿por qué ir a otro lugar?: siempre tuve un espacio para pasarla bien y no invertir en una cama ajena. Sí, lo sé, es más entretenido, pero al no ver la necesidad jamás me cuestioné si necesitaba ir o no.

¿Y si te encuentras con alguien en el pasillo?: creo que eso es lo peor qué puede pasarte. Es cierto, Santiago se hace chico, pero todo funciona por dato, obvio, buscas los lugares que tus amigos visitaron para no llevarte sorpresas.

Lo sé, son razones inocentes, pero son las que hasta el momento me han llevado a no pisar uno de esos sitios.

Y ¿ustedes se cuestionan o es un derecho por defecto?