Machos alfa o “quien te quiere te aporrea”

Otro tipo de acosador


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He conocido a algunos hombres muy especiales. Reconozco que sólo han sido dos o tres, porque mis experiencias no han sido traumáticas y, dejando de lado mi postura política en el tema de género,  la mayoría han sido con hombres muy bellos.

Ahora, construyan la siguiente imagen: un tipo aparentemente muy seguro, que habla fuerte, que de alguna manera tiene éxito con las mujeres, que se cree muy inteligente. Estamos en un espacio público, donde hace lo que sea para llamar la atención,  pero no como un payaso, sino como un mino con tema.  Yestás tú o yo, piola, conversando con un amigo y este pastel comienza a acosarte.

Todo acoso tiene que ver con posiciones de poder. La definición es decidora: Acosar es “Perseguir, apremiar, importunar a alguien con molestias o requerimientos”.  El acoso de tipo sexual, que es el que más conocemos, se produce cuando la posición de poder la ocupa el masculino, es el más común y esta más o menos “naturalizado” por la sociedad. Es decir, son pocos los que se espantan cuando ocurre.

El acoso al que me refiero es al revés. Es la mina  la que está en una posición de poder, aunque no necesariamente de manera formal, sino más bien en relación a esta categoría de hombres. Generalmente ocurre en ámbitos académicos, intelectuales, donde ellos no soportan sentirse o verse tontos, o no “debidamente respetados”.

Los apremios de este tipo de acoso son muy agresivos, pero no son físicos, no son amenazas. Es simplemente tratarte mal en público. Tratar de hacerte sentir o ver en una posición de sumisión, o simplemente, que pases un mal rato.  Comentarios como “parece que estai mas repuestita” o “pucha, no me queda otra que sentarme a tu lado” o “mmm así que te fue re mal en la entrevista”.

Análisis. Estos hombres son más inseguros que los que acosan físicamente. Se sienten atacados, como buenos machos alfa,  por tu rol público, por tu falta de interés en hablar con ellos.  Sienten, seguramente, algún tipo de tensión sexual contigo, pero no se atreven a plantearlo, porque seguramente creen (y con razón) que jamás te vas a fijar en un tipo como él. Se sienten tontos, y la actitud extremadamente defensiva, termina de cerrar todas las posibilidades de que puedas ponerle un poquito, solo un poquito,  de esa atención que tanto necesita.

Afortunadamente, he conocido pocos. Pero son muy, muy, molestos. Y hasta  pueden llegar a hacer que, luego de unos tantos gallitos de humillación mutua, me dé una pataleta y me vaya de un carrete.

En fin, lo maravilloso es que luego llego a casa y me mata de risa mi actitud tan ¡¡¡“sensible”!!! Y luego me da pena porque sus lecturas inconscientes les dirán que han sido ignorados y abandonados…

Y ah, no hay que preocuparse mucho, porque la esperanza no está perdida, hay muchos minos “bien” y tampoco sentirse muy culpables,  porque estos otros lo superarán, se los aseguro.