Bullying en colegios de mujeres, siempre es por los minos

Una mirada desde dentro al mundo de la violencia adolescente.

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Cuando estaba en el colegio me juntaba con un grupo de amigas que se peleaban todos los días con compañeras de curso u otras niñas del colegio. Yo jamás me metía en esos asuntos porque lo encontraba troglodita, además con las chicas cuando estábamos juntas funcionábamos bien, eran divertidas, nos reíamos y hablábamos de nuestros amores platónicos.

Los problemas comenzaban cada lunes después de las fiestas del fin de semana. Mis amigas eran guapas y bien agrandadas, entonces, todos los chicos querían tener algo con ellas y como es costumbre cuando estás en el colegio generalmente te encuentras en todas las fiestas con tipas que estudian en el mismo lugar que tú y por esas casualidades de la vida el jovencito con el que se besaban en un rincón era justamente el amor platónico de otra joven. Entonces ahí se iniciaba todo.

La afectada esperaba a llegar al colegio para hacer justicia porque no era capaz de enfrentarle en la fiesta, así que cuando estaba con su grupo de amigas le daba la fuerza y era capaz de encarar a la maldita que se besó toda la noche con el tipo que ella miraba todos los días por la ventana y que no tenía idea que ella existía.

Entonces, todos los lunes venía una tipa nueva a encarar a alguna de mis amigas, ellas no pescaban primero y les decían a las “lloronas” –como las llamábamos, porque se la pasaban llorando en el baño por los chicos que las ignoraban- que el tipo ni siquiera les interesaba y había sido un juego de un rato solamente, pero las lloronas no comprendían y seguían molestando ¡toda la semana! diciendo cosas en voz alta cada vez que pasábamos, tirándonos cosas como lápices, cáscaras de naranja, pegándonos chicles en la ropa o el pelo, corriendo rumores sumamente vergonzosos de nosotras y así sucesivamente. Hasta que mis amigas se aburrían de tanta hostigación, se enfrentaban a las lloronas y como siempre se terminaban agarrando de las mechas.

¡Era terrible!Pero como a mí no me dejaban ir a fiestas nunca tenía este tipo de problemas con mis compañeras. Pero mis amigas terminaban por lo menos una vez a la semana en la inspectoría todas rasguñadas por culpa de algún affaire de fin de semana. Era una lata.

Mis papás eran citados todas las semanas por la profesora jefe para advertirles que yo era parte de una PANDILLA delictiva dentro del colegio de monjas. Mis papás se espantaban y no me dejaban ver a mis amigas por ser mala influencia, pero yo sentía que ellas de alguna manera eran víctimas de las otras alumnas que se morían de envidia. Todos decían que nosotras éramos las violentas, pero viendo las cosas ahora desde lejos, creo que las únicas víctimas de bullying eran mis amigas. Y en realidad después de pensar en esto y ver todo lo que está ocurriendo en nuestro país con respecto a este tema creo que la opción es darse un tiempo para comprender realmente lo que ocurre en la discusión. Ya que en algunos casos el que se ve como victimario, puede haber sido víctima de esto mucho más tiempo. Pero luego de aguantar tanto, obviamente, las reacciones son impensadas.

Está claro que no todos los casos son iguales, pero según mi experiencia les puedo asegurar que la mayoría de los casos de bullying femenino ocurren por culpa de un mino que no se decide y se mete donde le den permiso. O por envidias, que es un asunto muy fuerte entre las mujeres. A diferencia de las peleas de los niños, conversando con un primo me contó que al tipo que se le pega es porque es medio nerd o está pasando una edad del pavo muy fuerte. Los demás niños lo golpean porque es el más débil o se golpean por delimitar territorio. Y lo peor es que también se dan palizas solo porque sí, sin ningún motivo. Eso sí que es terrible.

Sin duda son los padres quienes deben guiar a los jóvenes, para que sepan como reaccionar frente a los problemas típicos de la edad ya que como adolescentes al parecer no son capaces de decidir la mejor forma de solucionar problemas con sus pares.