Lo que no debe ocurrir en una cita de aquellas

Todas hemos tenido una cita express alguna vez, por eso siempre debemos estar preparadas.

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sonpareja.com

Son las nueve de la noche y es uno de esos viernes en que andas cansada, nadie prendió para salir, tus amigas armaron algo con sus pololos y tú, como llevas soltera varios meses, optaste por ponerte el pijama, buscar una buena película ultra repetida en la tv y comer helado a cucharadas. Cuando el film está justo en la mitad, te llega un misterioso mensaje. Tomas tu celular y el remitente corresponde a ese típico mino al que siempre le has tenido ganas, pero nunca ha pasado nada. Hasta ahora. Con él sales a menudo, pero más que nada en grupo, ya que jamás te había invitado a salir a ti sola.

El mensaje dice “¿vamos a carretear por ahí juntos?”. Obvio que te levantas, te sacas el pijama, te das de esas duchas express en las que no te lavas el pelo y luego te metes de cabeza a tu closet a buscar tu tenida regalona. Como quieres verte regia-estupenda, piensas que no es nada de malo ponerte ese calzoncito que amas porque te ayuda a disimular todos esos rollitos que te molestan tanto y además, ocupas ese sostén que tiene tanto relleno que haces que Pam Anderson quede chica a tu lado. Por supuesto que lo haces para llamar su atención y para que él diga “¡Y éstas de dónde salieron?”, siempre resulta.

Una vez que haz hecho todas esas cosas, recién ahí le respondes el mensaje, pues decides hacerte un poco de rogar y le escribes “Dale, vamos ¿Dónde nos juntamos?”. Al tener ya todo armado, comienzas a ordenar un poco tu pelo para sacarte la almohada que aún tienes marcada en la nuca luego de haber estado un buen rato acostada. Cuando ya sientes que vas a matar y que a pesar de lo apurada que te arreglaste, te ves regia, sales. Pues tu amiguito especial ya está en la puerta.


Te subes al auto y como el muy misterioso no te quiso decir dónde iban te desconciertas. Pero eso te encanta. Llegan a un pub medio pelolais, con buena música y un ambiente bien entretenido. Te ofrece un trago, te ofrece otro, pide una tabla de quesos y otro trago más. En ese momento el mojito ya te llegó a la cabeza. Vas al baño pues el líquido necesita salir y aprovechas de retocar tu maquillaje.

Ya estás de vuelta en la mesa y continúan con la conversación que de a poco se ha ido poniendo más subida de tono. Ya no se ríen de sus amigos en común ni tampoco de lo ebrio que está el mino que se jotea a la barwoman, ahora él te tira palos, los que tu recibes con una que otra sonrisita y se los devuelves con miradas coquetonas, con frases que te suenen sexy e inteligente y con su tomadita de mano. Ya no están sentados uno frente al otro, sino que estás a su lado. Mientras, alcanzas a llamar nuevamente al mozo para pedirle otro mojito más, pero esta vez un poco más cargado al ron.

Son las cuatro de la mañana y él te dice “Vamos”. Crees que es una hora prudente, te paras y tratas de agarrar tu mejor equilibrio, el que está un poco trastocado por tus tacos altos y los seis mojitos que te tomaste. Vas camino a la puerta y le dices “Pero estamos haciendo perro muerto”, ya que no te diste ni cuenta que el muy educado ya pagó la cuenta por ti. En ese momento sientes como la sangre sube hasta tu cara de lo roja que estás.

En su auto siguen los palos. Te dice, “En verdad hoy te ves bien rica, ¿Qué te hiciste?”. Aquí es cuando comienzas a darte cuenta que el tipo busca algo más, algo que nunca pensaste que se daría esa noche, pues hay que decir que los hombres son bien básicos. Seguramente una no sabe que esa frasecita piropera sólo busca que una le suelte la flor y las muy lesas ¿Qué hacemos? Justo eso.

Cuando el auto se detiene te das cuenta que no estás en la puerta de tu casa, sino que en la de él. Lo miras y él te dice “Tomémonos algo y después te voy a dejar”. Sin pensarlo dos veces, te bajas, suben y de repente, sin percatarte de cómo corre el tiempo, estás dándole uno que otro beso en su sillón. El muy fresco te invita a su pieza y tú la muy loca lo sigues.

Ahora cuando los mojitos has disipado su efecto y él comienza a desabrochar tu pantalón, recuerdas algunos detalles que no consideraste en tu enchulamiento express. No te depilaste todo lo que debías depilarte, pues no pensaste que esto pasaría. Obvio que esos calzones enormes que te aprietan la guata son solo regalones para ti y son lejos lo más mata pasiones de la vida. Ahora. Cuando él desabroche tu sostén notará que Ellas disminuyen y entre todo eso que pasa por tu cabeza, estás transpirando como china. Por eso es mejor hacerle caso a la mamá cuando te dice “una siempre tiene que salir de punta en blanco, nunca se sabe con quién te puedes encontrar”, por lo menos la mía siempre me lo dice y para estas situaciones tiene toda la razón una vez más.

Sin embargo te entregas. Al fin y al cabo él tampoco anda con su mejor ropa interior y más encima ni siquiera se sacó los calcetines, atroz. Pero te entretuviste un rato y aquella noche que pensaste que sería un fiasco, terminó de lo mejor.

Todas sabemos que el despertar es lejos lo más incómodo. Estás en la cama tapada con sábanas que al rato te das cuenta que no son las tuyas. Tu pijama no está y tu ropa anda por no sabes dónde. Te paras, te tapas con lo que pillas, vas al baño y ahí viene lo más difícil, tratar de verte mina a esa hora. Tienes al maquillaje corrido, el pelo desordenadísimo y las ojeras más grandes del mundo. Sí, es una lata, pero olvídalo. Al que le gusta le gusta y al que no para la casa, además lo comido y lo bailado no te lo quita nadie. Agarra tu ropa, te vistes, te despides y a disfrutar de tu historia con tus amigas. Esa es lejos la mejor parte.