No nos abandonemos

Rodrigo Jarpa llama a conocernos nosotros antes de estar interesados en la vida de los demás.

Ayer después de un agradable fin de semana en la playa, al llegar a Santiago recibí una llamada de una periodista de un conocido diario nacional. Me llamaba para preguntarme acerca de mi opinión con respecto a la relación del tenista Nicolás Massú y su novia Dayane, según ella al parecer esta pareja tiene una relación obsesiva ya que iban y volvían y que incluso ella lo había arañado en la cara en una oportunidad.

Antes de que siguiera con este pelambre bastante poco interesante, la interrumpí y le dije que yo no podía opinar porque no los conocía; considerando que me llama en mi calidad de psicólogo, le dije que yo no soy el terapeuta ni del tenista ni de su novia, por lo tanto no podía opinar.

Luego le comenté que si fuera el psicólogo de alguno de ellos, con menor razón opinaría porque estaría faltando aún más a la ética. Afortunadamente ella entendió perfectamente mi punto de vista y nos despedimos amablemente.

Luego me quedé pensando un poco sobre esta extraña llamada y cuál puede ser el interés de la gente por saber este tipo de cosas acerca de terceras personas, así como cuales pueden ser las consecuencias de poner los ojos tan lejos de nosotros mismos ¿qué estamos evitando?

Mucha gente argumenta que lee o ve televisión “basura” para desconectarse, distraerse o descansar, pero ¿con qué me estoy conectando para descansar? ¿Con qué nos estamos “desconectando”? ¿Nos sirve de algo?

Por otro lado y tomando lo que dijo alguna vez Sócrates: “conócete a ti mismo” al estar preocupados de Massú, de su novia y si lo rasguñó o no… Nos estamos traicionando, estamos dejando de vernos a nosotros mismos, de estar en lo único que tenemos que es el presente, nos estamos abandonando sin darnos cuenta.

Mi humilde invitación es a “volver al hogar” que en palabras de Claudio Araya en su gran libro “El mayor avance es detenerse; Mindfulness en lo cotidiano” es una experiencia cotidiana conectada, terrenal e inmanente más que trascendental, fenomenológica mas que idealista. Siempre está a la mano, estemos donde estemos, pero sin embargo, a pesar de esta ineludible cercanía, nos cuesta una barbaridad vislumbrarla.