Embarazo adolescente: ¿Dónde está la campaña pública?

“Estado tiene la obligación de reemplazar a los padres en materias de educación sexual”, dice Mª José Viera Gallo.

(cc) Polina Sergeeva

Los Vilos, norte de Chile, un año atrás.

Una tarde de verano me encontré con un grupo de 10 chicas pre-adolescentes, todas entre 13 y 15 años y una gran barriga a cuestas.

-Qué lindo tu coche- me dijo una de ellas-. ¿Dónde lo compraste?
Lo del coche de mi hijo dio pie para hablar de lo que realmente importaba; sus aprensiones sobre el embarazo, los secretos sobre lactancia y ese hijo que ninguna de ellas había jamás planeado y que pronto darían a luz.

Todas las chicas vivían en un hogar de acogida para ‘menores embarazadas’. Ninguna estaba ahí por voluntad propia ni por gusto, como quien se inscribe a un reality show no televisado. Algunas habían sido expulsadas de sus casas, otras se habían visto forzadas a dar el portazo solas, por miedo a recibir una golpiza de sus padres y padrastros, o porque “algún día” tenían la ilusión de irse a vivir con su pololo y papá de su hijo. En 10 minutos de conversación en la calle me enteré de sus tragedias más que leyendo cualquier minuta secreta del Sernam.

Ahora que se ha filtrado el famoso documento sobre embarazo adolescente que promueve la abstinencia sexual como remedio, pienso en esas 10 chicas de los Vilos.

Las chicas, si bien estaban felices (o ingenuamente felices) con la llegada de su hijo, tal como lo estarían frente a una muñeca nueva, tenían algo muy claro: a futuro no volverían a cometer el mismo error.

-¿Cuál?-les pregunté indagando más en sus cabezas.

-Nos vamos a cuidar- dijeron con vergüenza y timidez.

-¿Y cómo? –las presioné un poquito más.

-Tomando la pastilla poh.

-La del día antes… o la del día después-bromeó una.

¿Por qué no habían tomado las precauciones a tiempo? La adolescencia –en el caso de ella pre-adolescencia-es la edad de los errores, de lo no planeado, del arrebato inconsciente. Si eso se agrega un ambiente de ignorancia y tabú sexual, no es de extrañar que en Chile un 17% de los embarazos ocurra antes de los 19 años. Las chicas menores de 14 que se embarazan anualmente han aumentado.

Ante este panorama, el Estado tiene la obligación de reemplazar a los padres en materias de educación sexual. Mientras Carolina Schmidt, la ministra del Sernam, justifica como puede la filtración de su minuta (en asuntos valóricos, éste parece ser el gobierno de las disculpas), la discusión importante se evapora junto a esas chicas de los Vilos que nunca más he vuelto a ver.

En cosas de sexo, nunca se educa lo suficiente a un adolescente, y me temo que hoy no es la excepción. No basta con escuchar una a las quinientos a un profe del colegio o a un enviado municipal hablando de métodos anticonceptivos para darse por enterado. Sirve claro, pero no es suficiente. El embarazo no deseado (no sólo adolescente) se frena con una campaña de shock, bombardeando todos los frentes comunicaciones con información: TV, radio, Internet, redes sociales, calle, etc.

Cuando abres la página del Sernam o su facebook todo lo que encuentras son un cúmulo de actividades oficiales de las autoridades o reportes burocráticos de cifras que ningún adolescente se va detener a leer. Hasta ahora a mejor campaña anti embarazo teen la hace MTV con su docu-reality, 16 and pregnant.

La palabra condón –que no sólo evitaría fecundarse a locas sino la transmisión del Sida-parece dormir en los pasados años 90s. ¿Dónde están esos canastos gratuitos de repartición pública? No en los colegios, al menos. Ok, ya que somos un país pudoroso, ¿por qué no abrir una hotline telefónica como las hay en Estados Unidos para miles de materias sociales (1-800-droga, 1-800 sida, etc. etc.), destinada únicamente al embarazo adolescente? Chicos del todo el país podría llamar y hablar sobre sus inquietudes e informarse de manera fidedigna.

Más que dar cuenta de minutas “equivocadas”, la ministra del Sernam debería contarnos cuales son las minutas Ok que tiene en carpeta.