La eyaculación precoz

Hace dos semanas me sacaron una muela del juicio y el dolor nunca paró, esta semana descubrieron que me había quedado una pequeña astilla, la cual fue removida ayer tras una hora y media de urgueteo. En estos días de dolor y malestar, tomé conciencia que hasta el momento nunca había hablado en Belelú de una de las disfunciones sexuales que más me toca ver en la consulta y que generalmente evitamos tanto como el dentista.

Me refiero a la eyaculación precoz, disfunción tan frecuente que las estadísticas señalan que un tercio de los hombres la padece. Entonces, si estás en tu trabajo mira a tu alrededor, si ves tres hombres, en teoría uno de ellos la tiene o quizás tu misma eres una persona afectada.

¿Y qué es?

La gran mayoría de las veces que me hacen la pregunta de qué es la eyaculación precoz, la acompañan con otras que incluyen el concepto del tiempo o la duración, como por ejemplo: ¿cuánto es lo normal que hay que durar? ¿antes de cuánto tiempo se considera eyacualción precoz? Y siempre respondo que el tema del tiempo acá no es lo importante, sino más bien el tema del control.

Un eyaculador precoz es el hombre que no ha adquirido, no tiene o ha perdido la capacidad de control sobre su eyaculación, independiente de cuanto tiempo dure, de cuantos impulsos o embestidas realice o de si su pareja ha alcanzado el orgasmo o no. Es si existe control en la eyaculación cuando el individuo puede tolerar altos niveles de excitación sin eyacular.

Muchas veces cuando llegan los pacientes a mi consulta, llegan autodiagnosticados con eyaculación precoz, entonces yo les pregunto en que se basan ellos concretamente para decirme que tienen esta disfunción y la mayoría de las veces responden: “es que duro muy poco”, pero, ¿cuánto es poco?

Estudios científicos han demostrado que el hombre eyacula, en promedio, dos minutos después de la penetración y muchos pacientes me dicen que duran poco. ¿Cuánto es poco para ellos? Para algunos es antes de la penetración, durante o justo después, para otros es menos de 30 segundos, para otros es como un minuto, para otros cinco e incluso he llegado a escuchar 15 minutos como poco y llegan angustiados a consultarme por su problema de eyaculación precoz. Nadie sabe cuanto es mucho y cuanto es poco realmente.

La falta de información ha sido usada a favor de quien quiera por mucho tiempo; en primer lugar y de forma masiva, por los inescrupulosos de siempre que tratan de vender lo suyo. Pero por otro lado ha sido usada, sobre todo a favor de los hombres, que han podido excusarse o exigir, apelando a que así son las cosas.

Para ejemplificar esto, nuevamente menciono la cita que hace el destacado sexólogo argentino Adrian Sapetti, en su libro Los Senderos Masculinos del Placer, donde relata parte de la película de David Leland: “Ojalá estuvieras aquí”, que ilustra bien esta situación: La joven virgen se acuesta con un muchacho -el supuesto experto- y cuando el eyacula precozmente lo mira azorada como preguntándole: “¿Esto era?”; a lo cual él le responde: “No te preocupes, a todas les pasa. Ya vas a aprender”.

Junto con la información que me entregan los pacientes sobre el tiempo y que ellos toman como condición necesaria y suficiente para realizar su autodiagnóstico yo les pregunto si sienten que tienen control sobre su eyaculación, si sienten ansiedad o nerviosismo antes de tener relaciones, qué importancia le dan a la estimulación previa a la penetración o si evitan tener relaciones por temor al fracaso. Si es frecuente tener dos coitos para reparar el fracaso del primero, si la falta de control le ha llevado a generar conflictos a nivel de pareja. Si eyacula antes, durante o justo después de la penetración. Si nunca ha tenido control o lo ha perdido, si la falta de control es con todas las parejas o con algunas o una en específico, etc. Y es así como voy generando un diagnóstico, donde es fundamental que la eyaculación precoz se produzca antes de que ambos miembros de la pareja lo deseen y que este factor cause problemas en su relación sexual. Lamentablemente en la mayoría de los casos sí se cumple el diagnóstico, pero otras veces basta con entregar información y normalizar para reducir la ansiedad.

La buena noticia es que tiene solución y por lo general más simple de lo que muchos piensan. Por ahora analicemos el tema y en una próxima columna les daré consejos y soluciones.