Sin mancha, ni pecado

María Gracia Subercaseux habla de sexo.

Cada vez es más sabido que una mala sexualidad afecta la salud mental y la calidad de vida en general. La relación de pareja es la primera en deteriorarse y así puede verse afectado el vínculo con los hijos, amigos y con todos los que conforman nuestro círculo social.

Rodrigo Jarpa comenta en su libro “Habla de Sexo” que esto hasta podría repercutir en la economía de un país. Si las relaciones laborales se dañan, la productividad de la empresa decae y así se va expandiendo esta ola. Por ende la necesidad de informar correctamente y hablar de sexo, es fundamental y qué mejor que un libro donde se nos vayan aclarando punto por punto y con un lenguaje sencillo y cercano.

Cito textual al autor: “En sexualidad no existe el sentido común, no se puede dar por sentado que alguien sabe algo. Es tan grande el vacío educacional y de información que tiene la gente, que siempre he de tenerlo presente. Y no me refiero a algún genero o nivel sociocultural en particular, sino que este vacío es longitudinal y transversal a todos los niveles”.

Lamentable, pero cierto y cómo no.

Desde el momento en que hemos nacido en un país mayoritariamente católico, donde nuestra patrona y modelo de mujer es una virgen que concibió a su hijo nuestro Salvador, sin mancha ni pecado, es imposible que podamos tener una relación sana con la sexualidad. Aquel pecado vendría siendo el acto sexual por el cual en condiciones normales todas las mujeres acostumbramos quedar embarazadas.

Si al sexo con fines reproductivos se le ha tildado de pecaminoso en lo que a María respecta, ¿cómo podríamos comprender y hacer nuestra la idea de que la búsqueda de placer como fin en la en la actividad sexual es buena, sana y necesaria?

Siempre he sido una gran admiradora de la Virgen María, es más, adoro su mes y tengo los mejores recuerdos de las idas a la plaza de la esquina del barrio a rezarlo en familia. Recogiendo flores en el camino y reunidos frente a tan bella oración. Todavía, junto a mis hijos, preparamos un altar e intentamos rezar juntos.

Lamentablemente las interpretaciones humanas y los dictámenes morales nos han contaminado a tal punto que hemos perdido inocencia, quién sabe cuánto tiempo y litros de lágrimas intentando librarnos de los miles de disparates que hemos heredado.

Para algunos esto ha sido muy perturbador y muchas de las disfunciones sexuales tienen su origen en esos patrones que tan férreamente algunas instituciones nos han impuesto. Otros hemos entendido que si el sexo nos proporciona una infinidad de bondades, ha de ser bueno.

Hay bastante literatura que puede ayudarnos a derribar mitos. Enumeraré algunos puntos del libro antes citado que me parecen destacables.

– Que la masturbación produce impotencia, perdida de las fuerzas y hasta muerte prematura. No sólo eso, que a algunas mujeres se les practicaba una clitoridectomía contra tal malsano y antinatural habito. Hoy, los científicos la considera beneficiosa para la sexualidad individual y de pareja, usándola como técnica terapéutica en las diferentes disfunciones. En Chile, un alto porcentaje de féminas jóvenes y adultas suponen que autoestimularse no es bueno y eso termina por convertirse en un gran drama a la hora de tener sexo.

-También la necesidad del conocimiento de nuestros órganos sexuales. Que exploremos, sintamos y miremos nuestro cuerpo sin miedo, para así ser capaz, en la cama, de pedir lo que necesitamos. El placer, goce y orgasmo son de responsabilidad compartida. Si no sabemos lo que nos gusta es imposible que nuestro compañero adivine.

-Otro punto fundamental es el mal llamado Juego Previo, que para nosotras, es lo menos juego que puede existir. Sin él no hay orgasmo. Al llamarse de esa forma indica que es una especie de trámite para pasar a lo realmente importante que vendría a ser el “coito o penetración”.

Me atrevería a decir que por lo menos para mí y para muchas otras mujeres si no existiera aquel juego jamás hubiéramos tenido un orgasmo.

-Y por último destacar que “A diferencia del pene o la vagina, el clítoris no juega ningún papel funcional importante en el coito o en la reproducción. El único y grandioso fin de él es exclusivamente proporcionar placer sexual a la mujer. ¿No es esto otra prueba más de que el sexo tiene otros fines, más allá de los meramente reproductivos?”.

Y así muchos más.