Hace un mes no abraza a sus hijas: enfermera del San Borja Arriarán cuenta su testimonio

Andrea tiene dos hijas, está a cargo de su padre y trabaja en la UCI del Hospital San Borja Arriarán. La crisis del coronavirus no solo ha significado un incremento en su carga laboral, sino que ha cambiado su vida. Hace un mes no abraza a sus hijos y tuvo que cambiar de casa de forma temporal para no exponerlos al contagio.

“Coraje es belleza” es la campaña de Dove que busca destacar la labor de las y los trabajadores de la salud en el marco de la pandemia mundial del Coronavirus y ayudarlos con la donación de productos de protección y cuidado personal. Hoy, en el Día Internacional de la Enfermería, rescatamos uno de los testimonios recopilados en Chile. Se trata de Andrea Castro, una enfermera de 46 años que trabaja en la unidad de pacientes críticos del Hospital San Borja Arriarán desde 2011. Hace un mes vive distanciada de sus hijas y su padre y cuenta cómo ha enfrentado este período.

“Podría haber tomado una opción fácil y haberme mantenido todo este período fuera. Sin embargo, creo que lo que uno ha aprendido en estos años es lo que se necesita ahora. Entonces, decidí enfrentar esta situación y ser uno de los tantos que está ahí, al pie del cañón”, comenta Andrea.

Tiene dos hijas. Una de 15 y otra de 4. La menor tiene Síndrome de Down. Además vive con su papá de 80 años, por lo que su sola presencia en casa significa un riesgo para su círculo familiar.

Por lo mismo, y mientras dure la contingencia, decidió intercambiar casa con su hermano mayor. De estar rodeada de gente diariamente, pasó a vivir sola en un departamento, donde ya lleva un mes.

“Ha sido muy duro estar sola, estar sin mi papá, sin la bulla de la casa, sin poder abrazar a mis hijas, a la más chica en las noches, sin poder tener largas charlas con mi hija mayor. Sin embargo, escucharlas, decir que están muy orgullosa de mi labor, me llena el alma”, agrega.

Esta nueva dinámica, de estar lejos de casa y sola es lo más difícil de afrontar según Andrea Castro. “Lo más difícil de enfrentar es la soledad. Sí, la soledad y la ansiedad, porque el miedo produce ansiedad”, explica.

A la carga emocional por estar lejos de sus hijas se suman las extenuantes horas de trabajo y la carga emocional que estas tienen. “Mi vida laboral es un torbellino de cosas con harta angustia”, dice Andrea.

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Los turnos están siendo mínimo de 12 horas y dice que el estrés es ya parte de su vida personal. También hay temor e incertidumbre por el desconocimiento de la enfermedad y los riesgos que implica estar ahí, incluso cuando a veces los implementos de protección son escasos.

Pero a pesar de la compleja situación en el trabajo, esta enfermera del San Borja considera que tiene un compromiso que va más allá de lo laboral con los pacientes. Y ese compromiso también es producto del compañerismo con que han enfrentado esta situación los trabajadores de la salud. Según Andrea, sin el apoyo entre colegas no sería posible sobrellevar esta situación excepcional.

“Me encanta la manera en la cual los equipos de salud hemos tratado de defendernos emocionalmente de todo el estrés. Me encanta esta colaboración a nivel de estamentos médicos, enfermeras, técnicos, auxiliares. En más de alguna ocasión nos ha tocado la celebración de un cumpleaños que ahora no tienes dónde ir a celebrarlo porque muchos están lejos de su casa, así que los equipos de trabajo se han transformado cada vez en familias contenedoras y eso es lindo porque nosotros pasamos demasiadas horas juntas”, cuenta.

Según Andrea Castro, una de las cosas que “nos ha enseñado esta pandemia “ en términos de relaciones es que, “estábamos muy lejos viviendo cerca” y no nos habíamos dado cuenta.

Y para cuando esto termine dice que la gente valorará más lo que tiene. Por su parte, tiene clara sus expectativas. Reprogramará sus vacaciones de marzo que fueron canceladas y se dedicará a estar con su familia. “Añoro un abrazo. Creo que en el momento en que pueda entrar a mi casa, mis hijas no se me van a despegar por mucho rato”.

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