Andrea Arístegui: “No creo en el periodista que no tiene posición frente a nada”

Comprometida con el feminismo, diversas causas sociales y con un sentido de justicia patente, la conductora de televisión y radio reflexiona acerca del acoso en redes sociales, los estereotipos que ha debido enfrentar y el rol de los medios de comunicación en estos tiempos. 

 

Lleva casi 20 años trabajando en televisión, experiencia que la ha transformado en una de las periodistas con mayor credibilidad en pantalla. Le gusta ser rigurosa. Antes de hacer cualquier entrevista, lee mucho, investiga. Comenzó su carrera en el área de prensa de TVN, donde realizó importantes coberturas en terreno, entrevistas a diversas autoridades y luego se desempeñó como conductora de Estado Nacional. Ahora la vemos en el área de prensa de Mega.

Es futbolera, le gustan las artes marciales y el rock. De cierta forma, su vida ha estado alejada de los estereotipos. Cada vez que habla de equidad de género, una de sus luchas más potentes, cree que inconscientemente buscó ganar terreno en espacios que estaban masculinizados. “Cuando hacía artes marciales era muy raro y, obviamente, me molestaron en el colegio, porque era mucho más probable o mejor visto que hiciera gimnasia rítmica o ballet. También era una manera de rebelarme frente a esos estereotipos”, dice la conductora de Mega. 

¿Se relaciona con la formación que tuviste también?

Vengo de una educación bien equitativa en ese sentido. No tuve un papá machista que me dijera “cómo se te ocurre que vas a ir a un concierto de rock”, por el contrario, él fue el primero en llevarme cuando era chica. Tengo un papá y un hermano que comparten las tareas de igual a igual. Incluso, mi papá se levantaba temprano a servirnos desayuno. En mi casa no había esos espacios de desigualdad, o al menos no tan consciente. Creo que eso me dio harta confianza para sentir que se podía ganar terreno en otras áreas.

Andrea Arístegui

¿Eso te sirvió cuando entraste al mundo laboral?

Me tocó llegar a una oficina de puros hombres y lo primero que me dijeron fue “qué difícil, son súper machistas”, pero no me topé con esa realidad y tuve una excelente relación con mis compañeros. Fue como entrar en espacios donde había cierta reticencia, no de quienes estaban ahí, sino que de otros que miraban con unos ojos medios suspicaces. Sí me tocó, al menos un par de veces, de parte de ciertas jefaturas, que dijeran que era súper parada de la hilacha porque planteaba los temas directamente. Jamás he sido problemática, pero sí de hablar de manera frontal. Ha sido parte de los costos, entre comillas, de ir rompiendo esos cánones que nos tenían atrapadas.

De cierta forma, eres pionera.

Llegué a un colegio que antes era sólo de hombres. Antes había puras pelotas de fútbol, tuve que empezar a agarrar un rinconcito y ser capaz de pararme de igual a igual con un compañero. En esa época, al menos, no tuve un choque con el machismo. Fui mucho más consciente de eso más adelante, principalmente, en el mundo laboral.

¿Sientes una responsabilidad al estar en pantalla?

No creo en el periodista aséptico que no tiene posición frente a nada. Hay ciertos valores frente a los cuales uno tiene que mantener un compromiso, partiendo por el compromiso con la verdad, el objetivo máximo de nuestro trabajo. También con la democracia, con la libertad, con el respeto a los derechos humanos, y ese respeto a los derechos humanos está muy vinculado a la igualdad de género. Esto es un tema que todavía está pendiente para las mujeres en distintos ámbitos. No solamente en los medios, sino que en otros aspectos de manera mucho más evidente y con consecuencias más fuertes.

¿Cómo has vivido estos meses de estallido social como periodista? ¿Ha sido un desafío?

¡Por supuesto! Creo que hemos estado viviendo un momento tremendamente importante y que puede resultar en transformaciones fundamentales para el futuro de nuestro país. Claro que ha sido muy desafiante para mí y para todos los que trabajamos en medios de comunicación, y me parece que también debe obligarnos a mirar nuestro trabajo, evaluar lo que hemos hecho bien y mal y, a partir de eso, definir cómo vamos a mejorar. El trabajo periodístico es fundamental para el funcionamiento de una democracia. Desde esa perspectiva, tenemos que reflexionar en cómo podemos ser un mayor aporte para nuestra sociedad y país.

Otra de tus luchas es el cuidado del medioambiente. ¿En qué momento lo interiorizaste?

Ha sido forzado por mis hijas. La mayor es vegana hace varios años y con ella tuve las primeras conversaciones de por qué no es bueno comer carne. Hemos tenido transformaciones que se relacionan con lo más estructural: qué compramos en el supermercado,  qué tipo de alimentación vamos a tener y cómo nos hacemos cargo de nuestros residuos.

¿Qué medidas has tomado en tu casa?

Reducir mucho el consumo de carne. La remplazamos por legumbres, otros granos y un montón de vegetales. El tema del reciclaje es fundamental. A ninguno se le ocurriría botar un plástico al basurero. Cuando vamos al supermercado, mi hija más chica está súper preocupada de no comprar cosas que tengan plástico. Cuando lo vas haciendo consciente, te das cuenta que es impresionante la cantidad de basura y cosas extras que ni siquiera se necesitan. La idea es reducir el uso del auto, tratar de caminar y usar bicicleta. Buscar algunas alternativas que sean más amigables. No es que yo sea el ejemplo de la no contaminación, porque todos tenemos una cuota de responsabilidad importante, pero sí hemos hecho ciertos esfuerzos y pretendo que eso cada vez sea más fuerte.

¿Qué otros valores te gusta transmitirles a tus hijas?

El tema de la verdad. Es súper genérico hablar de la importancia de actuar correctamente, porque puede ser cualquier cosa, pero para mí la honestidad es fundamental. Lo he hablado muchas veces con ellas, y me gustaría que fuera de las cosas que pudieran recordar de su casa. La lealtad, el ser consecuente con sus propios valores, con sus ideas. El respeto. Pero mis hijas son las dos bien libre pensantes.

¿Qué tanto te ha marcado la exposición de la televisión?

Ha sido un proceso de aprendizaje que ahora tengo bastante más resuelto. La exposición puede llegar a ser súper fuerte. Lo más complicado de la exposición en el último tiempo se relaciona con las redes sociales. Es súper duro, porque no necesariamente hay un interlocutor detrás con cara, entonces el anonimato se presta para cualquier cosa. De repente, aparecen situaciones súper injustas y violentas.

¿Algún episodio en particular que recuerdes?

Siendo parte de un programa político en momentos de polarización (Estado Nacional), evidentemente uno, que es el mensajero, se transforma en objetivo de muchos ataques. Al principio, lo pasaba mal, pero después me empecé a formar una propia estrategia para enfrentarlo y creo que lo más sano que he hecho en el último año ha sido evitar la confrontación. Antes contestaba los mensajes, me metía en peleas súper absurdas para tratar de dar explicaciones de cosas que no tenía por qué explicar. Me di cuenta que Twitter te da una falsa sensación de diálogo. Lo que podría haber servido para un intercambio de ideas que fuera interesante, y donde uno pudiese sacar algo en limpio, al final es una guerra despiadada y muy poca gente tiene intenciones de dialogar y de abrirse a otras opiniones.

¿Cómo te relacionas con la vanidad?

Dudo que haya alguien que trabaje en televisión que no tenga una cuota de vanidad. A mis 40 años, me siento súper resuelta conmigo misma. Eso está lejos de significar que me encuentro perfecta, por el contrario, estoy en una etapa en que ya tengo súper asumido quién soy. Me gusta quien soy, cómo soy, con todas las imperfecciones y cosas que quizás uno podría querer cambiar, pero estoy cómoda conmigo misma. Quizás no tienes las medidas perfectas, pero cuando uno está resuelto, eso igual se refleja. Sí me preocupo, siempre me ha gustado verme bien, la ropa, pero tampoco es algo que me quite el sueño. No me vuelvo loca y entiendo que mi rol es de periodista. No soy modelo ni pretendo serlo. Tengo que verme bien, es parte de mi trabajo, pero tampoco soy el centro de la atención cuando leo noticias. No tengo que perderme con eso, porque, cuando uno pasa a ser más importante que la noticia, es un problema.

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