Los cien mundos de Felicia Morales

Una soleada mañana, y en la intimidad de su casa, esta chica -y sus gatos- nos recibieron para adentrar un poco más en la ajetreada bambalina que ha sido su vida; la personal y la artística.

 

La multifacética Felicia Morales tiene de la que le pidan: historias apasionantes fuera del país, anécdotas hermosas sobre sus gatitos, valentía para levantar una denuncia de violencia, la entereza para transformar su historia en una presión política, canciones instrumentales y cantadas, videos unboxings de compras en línea, un salón de belleza, giras con Gepe, una amistad con Mon Laferte, conocimiento destacable en japonés, seguidores fuera del país, una repisa llena de chucherías digna de admirar y toda una vida detrás del chelo y el piano.

Música por sobre todas las cosas, la oriunda de Concepción ha construido una variopinta carrera que la ha visto pasar por proyectos con Javiera Mena, Protistas, Prehistöricos o Fakuta. En el solitario, inquieta sesionista con 31 años de experiencia en sus instrumentos madres. Este arte la columna: su terapia, inspiración, cable a tierra, de donde vienen los amigos, las amigas, los afectos y los dolores.

Pero de ese eje central es que salen cientos de ramas que hacen de Felicia un florido árbol capaz de llamar la atención por los detalles que la conforman como persona. Entrar a su canal de YouTube lo refleja bien. Unachicaysugato es su rotulado y en él vemos una serie de categorías que sirven para entender los talentos e intereses de Morales: FeliRandom, FeliColaboraciones, FeliMascotas, FeliViajes, FeliHauls, FeliHair.

El ticket azul que autoriza sus cuentas en redes sociales (@feliciamorales) es un apartado mínimo comparado con todo el bagaje que tiene en la música. Y aún cuando esté entre tijeras de pelos y gente que quiere obtener un saludo online, es imposible desviar su atención del piano, del coro, de componer.

Siempre con planes, pero cada día más calmada. Felicia Morales ha dado frente a un par de años demandantes en muchos aspectos. Hoy, se asegura más pausada, sana,

tentada por el disfrute de ver una serie, ansiosa por contar planes a futuro que mantiene en secreto y dispuesta a respetar sus tiempos para no caer en el colapso de querer meter las manos en todo. A menos que sea importante, tal como hizo durante noviembre en El Largo Tour, la gira por barrios y villas que realizó junto a una serie de músicas y músicos locales en tiempos de crisis social y represión; o su participación en la última entrega de Alex Anwandter, Paco Vampiro, donde hizo los coros junto a su amigo y productor Francisco Victoria.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos ligándote a la música?

Mis papás son músicos y en mi casa siempre hubo instrumentos, iban músicos, todos tocaban. Lo más natural siempre fue la música. Ni me acuerdo a qué edad empecé a tocar el piano, así de chica. A los cinco años partí estudiando chelo, todo un desafío porque era tan chica que no existían instrumentos de mi tamaño, tuvimos que pedir uno a Alemania. Paralelamente, mi mamá era profe de música en la Universidad de Concepción y nos metía en los talleres de arte todos los veranos. Siempre estuve ligada a la pintura, y al arte en general.

¿Durante el colegio seguiste perfeccionando estos intereses musicales o tomaste otros rumbos?

Durante el colegio toqué chelo con todo. Estudié en el conservatorio hasta los 14, participé en el coro. En la adolescencia, me cargó el chelo y quería hacer grunge. La Navidad del 96 me regalaron el bajo que pedí. Qué patuda. Ahí empecé a tocar en bandas más rockeras y no me importaba mucho ya el género, sólo quería tocar. Después volví al chelo, porque es mi instrumento principal.

 

¿Y cómo una sesionista llega a tener un salón de belleza?

Eso pasó después. Me vine a Santiago a estudiar Ingeniería en Sonido, ejercí en post-producción para cine, y justo en ese momento empecé a tocar con Gepe. Se me hacía muy complicado trabajar con horario estable y poder ensayar, participar de los viajes, así que dejé mi trabajo y me dediqué a garzonear durante muchos años para tener plata. En ese período, hice muchos cursos: de cocina, de manualidades, de bordado, encuadernación, lengua de señas y, entre eso, llegué a la estética integral.

felicia morales

El punto de inicio…

Quería hacer peinados. Mi lógica fue “como toco con Gepe, que va a empezar a hacer videos, puedo ser la que peine a las personas que salgan en ellos. Esa fue la motivación cuando tomé este curso, que era súper básico. Todo lo desata una amiga, una adelantada para su época que siempre tenía cortes y peinados extraños. Empecé a hacerle las cosas en el pelo y así se fue corriendo la voz. Primero, los amigos de ella, luego esos amigos llevaron familiares, y así se fue creando el Salón Felicia, que este año cumple la década.

¿ Y cómo llegaste a hacer vlogs?

Partió porque estaba viendo videos de otra gente, personas que llevaban una vida súper fome, pero me entretenía igual. Dije “esto me gusta. Quizás si grabo puede salir algo entrete y a la gente le puede gustar”. Mi canal lo abrí para registrar las tocatas de mis amigos. En un momento sentí que estaban pasando cosas entretenidas, que valía la pena dejar un recuerdo bacán de esa época. Después empecé a tocar con esas bandas, viajamos, fuimos a festivales. Un buen recuerdo para la vejez.

¿En qué momento tu canal agarró vuelo?

Me empezaron a parar en la calle, me reconocían. Cosas que una nunca piensa que van a pasar. Es raro. Una hace un video sin esperar respuesta o sin grandes expectativas. Hago esas cosas que me gustaría ver o consumir y es divertido. No estoy pensando en la angustia de cuánta gente lo ve, lo mismo con Instagram que ya me tiene un poco aburrida. Ese afán del like, poner tus mismas fotos en las historias para que les vayan a dar “me gusta”, enojados porque no les dan likes y es como ¿qué importa? No estoy pendiente de eso. Lo hice de manera natural y siento que eso sirvió.

¿Cómo es la vida después de una denuncia?, ¿cómo Felicia Morales se rearmó?

Es complicado, es un proceso muy personal y me imagino que todas lo vivimos de forma distinta. En mi caso, sentí apoyo cuando pasó, pero el proceso es largo, y el camino lo tuve que ver muy sola. Recibí apoyos públicos, pero el proceso fue largo y personal. Sentirme sola sirvió para conocerme. Hice todo lo que pude para sentirme mejor: lo esotérico y lo real. No hay una fórmula. Han pasado dos años y siento que no haría nada distinto. No me arrepiento de nada. Hice lo que tenía que hacer. Sólo quería contar lo que sentí y viví. Pensé que le podía servir a más gente. Al final me rearmé sola y haciendo las cosas que me gustan.

Todo este trayecto tiene una especie de cierre con Mentir, tu más reciente canción, la primera de tu debut como cantante en solitario.

Quería cantar hace mucho tiempo, después del disco instrumental, Agosto, del 2014, pero empezó a irse todo a la cresta, pospuse todo caleta. He hecho coro en algunas bandas, me invitan a cantar, pero es la primera canción y trabajada con Francisco Victoria, productor y amigo. Estoy haciendo más. El plan es un disco, pero es caro. Ha pasado muy rápido todo y tengo planes que se tienen que definir para organizarme.

Además de la música, ¿tuviste otras terapias o rutinas para los días complicados?

Estuve yendo a terapia y me dieron de alta. Ahora me preocupo por el rollo cremas, de vez en cuando su baño de tina, aunque me siento culpable perdiendo agua. Una vez al mes pongo el computador en el WC y me instalo. Leo harto, estoy tranquila. Dejé de hacer cosas que me gustaban, pero que me estresaban, como el japonés. Ahora estoy terminando un curso de mezcla y masterización, más música. Estoy aprovechando todo mi tiempo.

¿Cómo es un día ideal para ti?

Despertarme temprano, hacer ejercicio, tomar un desayuno rico, almorzar rico, ver series, tocar, componer, estar con mis gatos, tomar tecito con algún amigo o amiga, dormirme temprano. Soy tranquila. No salgo mucho en realidad. No me angustia estar sola, me encanta, me entretengo caleta. En ningún momento me aburro, hay tantas cosas que hacer.

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