Fernando Godoy: "Me encantaría ser multimillonario, no trabajar y estar todo el día con mi hija"

No deja de bromear, o distender cualquier momento con un chiste o gesto gracioso. El actor, que interpreta a Juan Luis en Isla Paraíso, de Mega, revela cómo la paternidad cambió su vida, la relación con su hija y los planes de matrimonio con su pareja.

Fernando Godoy llena espacios. Llega con una alegría desbordante a esta sesión de fotos y no duda en saludar a cada miembro del equipo con un abrazo cálido. “¿Qué tengo que hacer? Díganme no más, estoy dispuesto a todo”, asegura. Mientras habla, gesticula, mueve las manos, imita voces, recuerda anécdotas, se ríe a carcajadas, se reconoce como una persona muy sensible, “asquerosamente romántico” y también activo en exceso.

Junto con las jornadas de grabación de la teleserie Isla Paraíso, de Mega, en Chiloé, Fernando ha debido compatibilizar su vida como padre primerizo en la familia que conformó junto a su pareja, Ornella Dalbosco. “Le dije a la Ornella, quiero ser papá, contigo, y ella me dijo ‘yo también’”, relató en una entrevista en Mentiras Verdaderas. Hoy, a más de un año de la llegada de Lua, y a pocas semanas de haberle propuesto matrimonio a su pareja, el actor disfruta cada paso de su vida familiar. Luego de cada jornada de trabajo, se encarga de cocinar en casa, le da de comer a su hija, la baña, juegan. “Decidí involucrarme en todo, porque me nace así, porque sé que es importante para mi hija”, manifiesta.

Fernando, recordado por interpretar a Nachito en la serie Casado con hijos, a unos 15 años de haber iniciado su carrera, repasa cómo encontró su pasión en el teatro. “Fui diagnosticado como hiperactivo en el colegio, me daban tres pastillas de Ritalin (se golpea la cara con una mano y una pierna con la otra), pero no tengo secuelas”, comenta riendo. Entre bromas y en serio, a sus 36 años, cuenta que duerme poco, pero que no puede dejar de estar ocupado. “Cuando empecé a crecer, noté que el Ritalin me opacaba, me quitaba mi esencia y ahí probé todos los deportes”. Debido a su alto nivel de energía, desde niño, tomó talleres de natación, básquetbol, fútbol, tenis, béisbol. También tocaba guitarra, estuvo en un coro, animaba, bailaba y cantaba en los shows escolares, pero eso es lo que lo llevó a convertirse en lo que es hoy.

Sobre los miedos que podrían existir por estigmatizarse con la comedia, el actor dice no nadar contra la corriente, ni cerrarse a las propuestas laborales. “Lo paso muy bien haciendo comedia, sin embargo, me gustaría hacer papeles dramáticos. Mi pasión es actuar y mentir de la forma que sea”, declara.

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¿De dónde viene toda la energía que te caracteriza?

Nací así (ríe). Mi papá me deja chico, vive muy feliz. Nos enseñó a vivir así y siento que también es genético, lo llevo en la sangre. Mi estilo de vida es el carpe diem. Para mí, cada segundo puede ser el último, mi último saludo, o las personas con que me encuentro pueden ser las últimas con las que esté. La vida me ha enseñado que es cierto. No es que esté pensando morirme, pero, si me llega a pasar algo, me gustaría que lo último que haga sea con amor, con buena onda. Que quede mi energía, mi esencia. Aconsejo ver la vida de esta forma.

¿Te trajo problemas?

Debo haber cansado a más de algún profesor. Estuve en tres colegios y, cuando llegué al último, un profesor me dijo: “Lo estás haciendo bien, pero tienes que canalizar tu energía en algo” y, cuando encontré ese “algo”, no tuve dudas. Otros profesores me decían que no iba a llegar a ninguna parte, que era “malo” en ciertas materias, pero siempre me desempeñé bien en las extraprogramáticas. Jugué béisbol, fútbol, básquetbol, tocaba guitarra, ganaba todas las competencias, participé año a año en las bailatones. Tenía que estar con actividades.

La gente que te admira lo valora. ¿Cómo respondes al cariño?

Mi vida cambió hace unos años. Es más fácil salir de la casa contento que triste o enojado, considerando que mi rutina es tan expuesta. Cuando me ven en la calle, me hablan, me tocan, y lo agradezco muchísimo. Hay otros colegas a los que no les gusta que los feliciten o que les digan que son buenos. Para mí es maravilloso, porque veo el rango del cariño que recibo, y me pasa en La Dehesa hasta en una población con dificultades. Los niños que veían Casado con hijos ahora crecieron y, como la siguen dando, hay nuevos niños que se ríen con el Nachito.

¿Y cómo llegaste al teatro?

En Segundo Medio hice una obra de teatro para una clase de castellano y algo me hizo clic. Esa misma semana fui a ver a uno de mis mejores amigos actuar en otra obra, vi cómo la gente aplaudía, ahí viví esa efervescencia y supe que eso era lo que quería. Después de tantos años haciendo show sin saber, siempre me estuve preparando para eso. Justo en ese tiempo, me cambié de colegio y ahí había un taller de teatro. Cuando conocí la disciplina, entró en sentido mi vida y lo agradezco. Después de una búsqueda tan agotadora, de gente que me decía que, por inquieto, no iba a poder ser médico ni ingeniero, fue como “chucha, lo encontré”.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Jamás estoy sin hacer nada. Si no tengo partner para entrenar o practicar algún deporte, me invento algo. No soy de quedarme en la cama, ver tele o quedarme dormido, porque tengo mucha energía. Las veces que he ido al sicólogo, me mandan al siquiatra y me intentan dar pastillas para anular mi energía, pero es algo no voy a hacer nunca. Me tocó dormir poco no más, soy así.

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Formar parte del proceso

¿Qué sentiste cuando nació tu hija?

El hombre se conecta con los hijos cuando nacen, antes es difícil. No conozco a nadie que diga que sintió lo mismo que una mujer cuando la guagua estaba en la guata. Si tuviera la oportunidad, la próxima vez me embarazo yo. Antes de que naciera la Lua, tenía la sensación de que todavía no pasaba nada, pese a que estuvimos muy conectados con la Ornella. A ella le cambió el organismo, las hormonas, la temperatura, el sueño, y en ese tiempo me dediqué a atenderla. Cuando vi a mi hija, le vi la nariz, que venía un poquito doblada, y le dije a la Ornella: “Pucha, se parece a mí” (pone cara de enojado). El doctor se reía.

¿Cambió la relación con tu pareja?

Modificó la dinámica un poco. Ornella se lleva la parte más pesada. Si bien los padres deberían cumplir el mismo rol que las madres, ella pasa más tiempo con nuestra hija por un tema de lactancia y apego. Cuando tienes una responsabilidad más grande, te das cuenta de otras cosas. Nos cambió el ritmo de vida, porque cuando tienes un hijo está él primero, suena cliché, pero así es. Antes que comamos nosotros, tenemos que ver que coma ella primero. No somos prioridad.

¿Qué aportan cada uno?

Mi pareja es educadora de párvulos y potencia por todos lados a nuestra hija. Por mi parte, trato de poner la cuota de alegría, de energía y me doy cuenta que ella es súper feliz. Ella sabe que llego en la tarde, que somos tres en la casa, que nos amamos. Hoy, una persona puede criar a un hijo o hija como sea, sola o no, están las herramientas.

Te involucraste en todo el proceso.

Exacto y creo que es súper importante. Te puedes llevar muy bien con tu pareja, pero si no cambias un sólo pañal, no vas a crear vínculos de nada. ¿Qué esperas?

¿Cómo combinas la crianza con las grabaciones y ensayos?

Llego a la casa a las siete y media y mi día parte de nuevo. Intento cocinar algo fresco y si hay que bañar a la Lua, o darle de comer, lo hago. Decidimos que Ornella se dedicaría a ella, porque por ahora tenemos la posibilidad. Sufro por tener dos o tres horas al día no más con mi hija, porque se acuesta temprano. Cuando le veo sus ojitos, me toca o siento su respiración, me cambia el día. Me encantaría ser multimillonario, no trabajar y estar todo el día con mi hija.

¿Y cómo es ella?

Tiene un gran sentido del humor, buen ánimo. Lo primero que hace cuando despierta es sonreír, al dormirse también. Ojalá no me equivoque, pero creo que no va a ser una persona amargada.

¿Cómo te relacionas con tus papás ahora que también eres padre?

No puedo creer la cantidad de trabajo que hacen los padres por sus hijos. Con la Lua aprendí y mejoré mi calidad de hijo.

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“Ya está bueno ya”

Recién cuando tu hija cumplió un año publicaron fotos en sus redes. ¿Cómo toman el tema de la exposición?

Confío mucho en las energías y para mí, sean positivas o negativas, pueden ser muy fuertes. Entonces, que un bebé chiquitito salga en una foto en un aparato, me parecía que no era la forma. No es que me crea actor de Hollywood por no querer hacerlo. Si fuera Rafiki en El Rey León, agarraría a mi hija y la levantaría frente a todos los animales, pero no por la necesidad de obtener likes. La protegimos hasta que cumplió un año y nos pareció que podíamos compartirlo.

¿Qué esperas para su futuro?

Que el mundo no avance tan rápido y no se ponga tan tóxico. Ése es uno de los temores que tenía al ser papá. Tengo miedo de que alguien le pueda hacer daño, me preocupa la delincuencia, la seguridad en la calle. La Ornella se encarga de ayudarme a soltar eso, pero me complica. Me gustaría que la Lua se cuide, que sepa elegir bien en los caminos de este laberinto y que vea la foto más grande, que no se vaya al detalle. Espero que sea feliz, entregue y reciba amor.

¿Crees que ha cambiado el rol de la paternidad a lo largo de la historia?

Pienso que ha mejorado. No puede ser que antes todos fueran igual de machistas,  imagino que debe haber existido alguno bueno. Hoy se habla más del tema y se exige más, hay como un “desde” que antes no existía. Antes no se le exigía al hombre su rol como padre y nos hemos dado cuenta que entran en juego un montón de aristas. Decidí involucrarme en todo, porque me nace así, porque sé que es importante para mi hija. Como soy hiperactivo y mientras juego con ella, la baño, o le doy comida, entremedio estoy estudiando, o arreglando algo en el segundo piso, o tengo a los perros listos para salir, o la lavadora conectada. Soy el pulpo Paul. Tengo que estar en movimiento o si no, me aburro.

¿El humor es parte de tu relación de pareja?

Sí, completamente. La Ornella es demasiado chistosa y se ríe todo el día conmigo, es muy divertida. Soy tan poco grave, que no podría estar con una persona distinta.

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¿Te consideras romántico?

Lo soy asquerosamente. Con la Ornella estuvimos juntos cuando éramos más jóvenes, yo tenía unos 21 y ella 18. Estaba en otra, no me di cuenta de lo importante que era esta mujer y la dejé. Ella no me perdonó durante mucho tiempo y no es como que siempre quisimos estar juntos ni nada, porque entremedio respetamos también las relaciones que tuvimos, pero siempre nos tuvimos presentes. Cuando nos volvimos a juntar, ambos sentíamos que nos teníamos que ver y no nos separamos nunca más. Soy muy romántico y sensible.

Hace poco le pediste matrimonio vestido de payaso. ¿Cómo se te ocurrió?

Animaba cumpleaños cuando era más joven, me encanta el circo, lo más lógico era que lo hiciera también en el de mi hija. Me mandé a hacer chalupitas de payaso, me compré unas magias y empecé a ensayar. Inventé al payaso Luo para el cumpleaños de mi hija y después pensé en pedirle matrimonio a la Ornella. Dije “ya está bueno ya. Yo creo en el amor y en la familia”. A último minuto se me perdieron las magias y estuve medio ofuscado, hasta que las encontré. Ella dijo que sí, pero todavía no tenemos fecha.

Volvamos al trabajo. Considerando que algunas áreas dramáticas se están cerrando, ¿sientes incertidumbre?

Por supuesto, no sólo por mí, también por los colegas, porque el mercado completo se afecta. Es preocupante ver cómo el contenido web se ha llevado a la gente de la televisión abierta.

¿Te preocupa el rating de las teleseries?

Para nada, aprendí con Al Pacino que hay que amar el proceso y el resultado, sea bueno o malo. Si uno lo dio todo, no importa.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Hasta ahora estoy feliz de que me dirijan, pero de a poco estoy trabajando en mis propios proyectos. Tengo una idea que es hacer cine mudo, al estilo de mi maestro Charles Chaplin. Otro sueño es vivir en una playa, tener un restaurante pequeño y, si no quiero atender un día, ir a tirarme un piquero y entregarle a mi hija una vida fuera de esta ciudad.

¿Qué tienes pendiente por hacer?

Pornografía.

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