#Opinión Isa Wills no es la única que acá da pena ajena

Muchos estamos indignados con Isabella Wills, pero muchos también piensan como ella.

Por: Luz Lancheros, @luxandlan*

Ya qué, Isabella Wills es famosa en un país donde hacemos famoso a cualquier pelmazo. Ya tiene toda la atención que quería y más aún en una era en la que, los likes inconscientes sí generan atención hasta de marcas (cof cof, influencers y agencias irresponsables, cof) y de gente que estúpidamente los considera "líderes de opinión". Porque al no evaluar bien absolutamente nada, cualquier contenido que genere ruido "vale". Así sea basura, claro.

Pero vayamos al punto: independientemente del "privilegio" ficticio o no que quiera demostrar Isabella Wills (lo del celular es una joya), independientemente de su aspecto físico (que no es el punto, joder, nunca será el punto), lo que indignan son sus declaraciones. Sí, claramente propias de una burbuja llena de ignorancia y desconocimiento. De no saber si quiera conceptos tan básicos como feminismo, historia o coherencia. De falta de empatía, de empaparse de país, de saber la sed con la que viven millones de personas desnutridas, desamparadas, en la miseria, violentadas, generación tras generación.  Sí, la indignación contra la boba de turno es legítima. Pero también esconde una verdad aterradora: mucha gente en Colombia sigue pensando como ella. Muchísima. Comenzando por los 10 millones de bobos de turno que votaron por nuestro bobo de turno en jefe.

Lo que dice la niñita Wills no es nuevo, de hecho siempre se repite cada vez que en Colombia la gente sale a marchar por sus derechos o se quiere denunciar la eterna injusticia que nos ahoga. Lo repite tu taxista, lo repite tu papá y tía que te mandan cadenas sobre la hija de Petro con la cara de Mia Khalifa, lo repite tu jefe gomelazo que cree que se ganó todo a punta de esfuerzo cuando su tatarabuelo tuvo que robar en la Independencia para tener algo de patrimonio y también, quizás, tu amigo de la oficina, ese que cree que las FARC fueron los únicos que cometieron delitos sexuales y que cree que no darse más bala en zonas de nadie significará hacerles apología al crimen a lo camiseta de Escobar en pecho de turista gringo.

Sí, la indignación contra la boba de turno es legítima. Pero también esconde una verdad aterradora: mucha gente en Colombia sigue pensando como ella. Muchísima. Comenzando por los 10 millones de bobos de turno que votaron por nuestro bobo de turno en jefe.

Lo creen y lo repiten todos y cada uno de ellos, tanto en la vida real como en Twitter y en otras redes, porque muy a pesar de que exista esa generación pensante de ideas brillantes que relumbra en otras plataformas, existe ese votante real, desinformado, prejuicioso y enquistado en ese pensamiento de otro siglo que es el que sigue tomando las decisiones en este país y es el que sigue generando violencia en este país. Ese pensamiento tan falto de empatía por el otro, tan siempre tirando hacia el lado propio, ese pensamiento que nos ha hecho un país de hijueputas por tantos siglos que hemos pasado y tantos siglos venideros. Ese que nos tiene todavía como virreinato, colonia medieval, villorrio de absurdos en el que peleamos por estúpidas como Isabella Wills, avalando así a todos los que piensan como ella y dándoles una forma de atención bizantina que otros temas sí merecerían. 

A estos bobos no vale la pena ponerles atención ni pelearles en Twitter: vean a Isa, antes influencer wannabe. Ahora sí tendrá las métricas para lanzarse a la política o para que una marca manejada por bobos o reaccionarios como ella la avale. No vale la pena ponerlos a razonar, ya hubiera querido Goebbels partidarios tan sectarios para el nazismo. Vale la pena es sí tomar acciones que no sigan perpetuando su llegada al poder, que no sigan permitiendo que nos vulneren como ciudadanos en cada aspecto de nuestras vidas. A Isa se le pasará su cuarto de hora. Quizás terminará, como tanta niñita de su clase, casada con un empresario cara de mofle, ladrón de cuello blanco y posando en revistas de sociedad con sus hijitos y nietitos políticos en partidos de polo y vistiendo esos horribles chalecos inflados . Pero los que piensan como ella y están en el poder, esos  son los que nos están fastidiando, aquí y ahora. Ellos son el verdadero blanco.

*Las opiniones de la columnista no representan las del portal* 

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