Cineastas chilenas se abren paso en la industria

La productora Mariana Tejos y Dominga Sotomayor, directora ganadora del Festival Internacional de Cine de Locarno, analizan el presente de la industria, destacando la creatividad, la diversidad de historias y la necesidad de tomarle el peso al papel que pueden jugar las mujeres al involucrarse con lo que aparece en la pantalla grande.

Al pensar en el cine chileno del año que recién pasó, es inevitable recordar la imagen de Daniela Vega en el escenario de los Oscar, transformándose no sólo en la primera mujer trans en presentar un premio de la Academia, sino también en la viva imagen de un cine chileno que trasciende más allá de la frontera y rompe con los estereotipos asociados al género.

Otro espacio donde esta conversación estuvo presente fue en el Festival de Cine de Valdivia, que durante el 2018 celebró 25 años de existencia. Más allá de una programación característicamente paritaria, el certamen comenzó con un homenaje a la investigadora del cine Alicia Vega, quien por más de 30 años realizó su Taller de Cine para Niños. Recibió a más de 6.500 menores en sus clases, comprendiendo a esta disciplina como una salida a la marginación que se vive en un importante sector de la población.

Durante el 2015, el impecable trabajo de las mujeres dedicadas al cine en Chile, las llevó a estar en el ojo público, incluyendo roles que suelen pasar desapercibidos para los medios. Por ejemplo, el caso de las montajistas Soledad Salfate y Andrea Chignoli, invitadas a participar en la Academia de Hollywood, y destacadas en diversas plataformas por el trabajo realizado en Una Mujer Fantástica y Princesita, entre otras.

En Nueva Mujer conversamos con destacadas trabajadoras del cine pertenecientes a distintas generaciones, para comprender desde su lugar, la importancia que tiene la participación dentro y fuera de la pantalla.

Mariana Trejos

 

El balance

“Se dice que el cine chileno es competitivo, porque se hacen menos películas, pero recorren muchos festivales, ganan premios y tocan temas que le resuenan a la gente”, comenta Dominga Sotomayor, cineasta con una carrera de más de diez filmes entre largometrajes, cortometrajes y documentales. Con el último, “Tarde para morir joven”, estrenado durante el 2018, se convirtió en la primera mujer en ganar el premio a mejor dirección en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Locarno.

“Los premios, como los dos Oscar que se han ganado o Locarno en mi caso, hacen más visible y masivas cosas que hace tiempo están pasando en Chile. Hay gente muy creativa, jóvenes que están haciendo cortos muy buenos. Chile es un territorio bien fértil, quizás porque es hostil y eso hace que haya una motivación para hacer cosas”, reflexiona.

Para Dominga, el punto más importante de los premios es que, potencialmente, pueden ayudar a películas no tan comerciales o convencionales a llegar a un público más amplio. “Es como el sueño que tenemos todos: que las películas las vea la mayor cantidad de gente posible. El cine nos une, es una riqueza”, observa.

dominga Sotomayor

Las historias que se cuentan

Durante el 2018 se presentó el estudio “Participación de la mujer en la industria cinematográfica nacional”, realizado por la organización Ucronía. ¿Resultados? Si bien en los últimos años ha aumentado la participación femenina en la industria, sigue regida por la división sexual del trabajo: mientras que en vestuario las mujeres ocupan un 90% de los puestos, en dirección y sonido no superan el 20% y el 11%, respectivamente.

Algo similar ocurre al pensar en la presencia en la pantalla a nivel internacional. En el primer estudio sobre imagénes de género en películas del mundo, realizado por el Instituto Geena Davis sobre Género en los Medios, junto a ONU Mujeres y la Fundación Rockefeller, quedó en evidencia que sólo un tercio de los personajes con líneas de diálogo en las películas son mujeres. Esa cifra se hunde a un 23% si son de acción o aventura.

Según el mismo estudio, ese panorama se transforma con la presencia de directoras o guionistas en el proyecto. Ahí el número de mujeres y niñas con permanencia y diálogo representadas en la pantalla crece significativamente, si se compara con las películas en donde eso no ocurre.

Mariana Tejos es parte de una generación de cineastas y productoras donde –al menos desde la vereda independiente– se está cuestionando con cada vez más fuerza los roles de una cultura androcéntrica, es decir, donde desde la economía a la ficción giran en torno a un estereotipo masculino. El 2015 fue parte de la selección del Festival de Cine de Cannes con Locas perdidas, una cinta dirigida por Ignacio Juricic, que obtuvo el Queer Palm a mejor corto Lgtb.

“Hemos sido grupos poco representados y, cuando aparecemos, es con vicios medio facilistas. Tengo esperanzas de que mientras más mujeres y realizadores Lgtb existan, se van a visibilizar realidades que no han sido retratadas hasta ahora. Es que se les han dado herramientas principalmente a hombres heterosexuales blancos”, apunta.

Su experiencia es, de alguna forma, prueba de ellos. Desde el 2015 hasta la fecha se ha movido por importantes festivales con películas que hablan de realidades alejadas de la norma heterosexual, inspirándose en hechos reales ocurridos en Chile, como lo fue la premiada Locas perdidas, inspirada en el incendio de la discoteque gay Divine en Valparaíso, y “ENigma” –estrenada en el Festival de Cine de San Sebastián y luego en el Festival de Cine de Valdivia– que rescata la memoria de Mónica Briones, lesbiana asesinada en la impunidad, criticando de paso el rol que juegan los medios de comunicación a la hora de abordar estas historias.

La organización feminista

En el último tiempo, han crecido las instancias de conversación en torno a las mujeres dentro de la industria. A nivel internacional, destaca el movimiento #MeToo y la movilización por equidad que llevaron a cabo las actrices que durante el 2018 intervinieron la alfombra roja de Cannes, visibilizando la brecha salarial que atraviesa hasta los espacios laborales más glamorosos.

A nivel nacional, las denuncias de acoso y abuso sexual contra el director de cine Nicolás López y Herval Abreu, importante personaje dentro de la televisión chilena, conmocionaron al medio audiovisual chileno. Así, generaron respuestas en cadena, entre las que se cuentan la organización entre actrices y diversas instancias de conversación.

Además, hace un tiempo se habla sobre el cine hecho por mujeres. En la última edición del Festival de Cine de Valdivia, en la sección “Mujeres a la vanguardia”, se destacó a cineastas que iniciaron su carrera en el certamen y que hoy corren con vuelo propio, como Marialy Rivas, Pepa San Martín o Claudia Huaiquimilla. Ahí se revisaron los cortometrajes con los que debutaron, dando pie a observar cómo ha cambiado la industria.

“Ojalá que no sea sólo una moda ponerle más atención al cine hecho por mujeres”, plantea Dominga Sotomayor. A su vez, aclara que los cambios que tienen que ocurrir van más allá de la industria en la que participa y, aunque los percibe urgentes, cree que nuestra participación es indispensable en todas las instancias de toma de decisiones.

Mariana es parte de la directiva de la Asociación de Productores Independientes y le ha tocado ver de cerca cómo se dan las discusiones. “Siempre que hay un grupo de mujeres, nos damos cuenta de todas las manifestaciones de violencia que vivimos. Y en el cine no cambia la situación: las diferencias de sueldo, la falta de oportunidades, cómo se niegan ciertos cargos las mujeres, o la discriminación a aquellas que son madres o están embarazadas, son temas que siempre aparecen”, finaliza.

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