Claudia Pérez: "Que se nieguen a leer a Lemebel es no entender nada"

La actriz se prepara para dirigir y producir cinco obras con su compañía, y colaborar con otras dos. Aquí habla sobre su amistad con el escritor Pedro Lemebel y "La ciudad sin ti", basada en sus crónicas y que se presentará a cuatro años de su partida.

“Podría escribir clarito, podría escribir sin tantos recovecos, sin tanto remolino inútil”. La cita corresponde a la primera línea de la crónica A modo de sinopsis de Pedro Lemebel, pero quien la pronuncia es Claudia Pérez. La actriz, con más de 20 años de trayectoria, se ha empecinado en defender la obra del autor. Recordemos que, pese a ganar varios Premios Altazor, el Premio Iberoamericano José Donoso, ser nominado al Premio Nacional de Literatura, contar con textos traducidos a varios idiomas y realizar charlas en Harvard y Stanford, recientemente el Liceo San Francisco de Quito decidió censurar La esquina es mi corazón, incluido en el plan de lectura de Tercero Medio.

Hoy, a casi cuatro años de su muerte, la intérprete recuerda la época en que trabajaron juntos. Dedicada a la dirección de teatro, a la dramaturgia y la actuación, prepara siete obras en paralelo. La ciudad sin ti –basada en las crónicas de Lemebel que vuelve al Teatro Nescafé de las Artes el próximo 22 de enero por cuarta vez consecutiva–, Winnipeg, La prole, Matrimonio, Me cargan los optimistas, La comida del adiós y Reversible, escrita por ella y estrenada hace unas semanas.

Su vida gira en torno a la actuación, la producción teatral, la dirección, pero lo disfruta a concho. Se nota en sus movimientos enérgicos y en especial en cómo le cambia la mirada cuando habla del teatro social, de su hija mayor que estudia teatro y, en general, de lo mucho que valora el cariño del público.

¿Cómo es trabajar desde la autogestión en teatro?

Me levanto en la mañana mandando mails, coordinando entrevistas, ensayos, escenografía, vestuario, diseño y así todos los días. Ayer tuvimos una función de Matrimonio en el Teatro Oriente y estaba repleto. Recibimos un aplauso maravilloso y, más allá de las lucas, el cariño de la gente es lo que te da energía para seguir haciendo lo que quieres hacer, porque valoran el trabajo sistemático. Soy muy feliz haciendo lo que hago.

Además del teatro, durante 2018 también exploraste otros formatos.

Estuve con teatro, televisión y también cine. En 2018, nos contactó Carlos Sorín, un director argentino súper conocido porque quería invitarnos a su nueva película. No nos conocíamos. Un día sonó el teléfono y dice: “Che, mirá, yo soy Carlos Sorín”. Creí que me estaban hueveando, pero resultó que sí y, en una semana, estábamos en Tolhuin, en la Patagonia, filmando Joel, que se trata de la infancia de un niño adoptado y justo a mí me encanta el tema social.

¿Siempre buscas representar temas sociales a través de tu trabajo?

Me gustan esos temas, llegan a mí. He trabajado mucho con la infancia y explotación sexual. Hice mi tesis sobre el teatro como herramienta de reparación para niños vulnerados. Por eso cuando Sorín me dijo de qué se trataba, no lo podía creer. Cuando estás en espacios donde hay gente hablando del mismo tema, la energía se junta, es sincronía.

claudia perez

Así fue también como Claudia llegó a dirigir, junto a su marido y también actor, Rodrigo Muñoz, la obra La ciudad sin ti, basada en las crónicas del escritor Pedro Lemebel, a quien estudia desde hace casi 20 años y con quien mantuvo una estrecha relación de trabajo y amistad. La actriz descubrió la narrativa de Lemebel cuando tenía unos 23 años, trabajaba en Canal 13 y el actor Daniel Alcaíno le había hablado de lo que escribía el autor para The Clinic y ella se obsesionó con llevarlo a las tablas.

“Cuando leí la primera crónica, me emocionó su forma de decir. Esa belleza dentro del horror, de lo crudo, de la vida, pero con una alquimia que transforma situaciones dolorosas que llegan al alma”, comenta.

¿Cómo conociste a Pedro Lemebel?

A Pedro yo lo busqué, le mostré sus textos a mi compañía Chilean Business y con Rodrigo Muñoz fuimos a esperarlo sentados en la cuneta afuera de la radio Tierra, donde él hacía un programa, hasta que salió con su abrigo negro y sus tacos. Le propusimos la idea de llevar al teatro sus textos y al principio no le pareció. “El teatro era de la élite”, y dijo que prefería la performance, pero terminamos colaborando por más de 15 años y nos hicimos amigos.

Llevas casi 20 años estudiándolo.

Es inagotable. Cada vez que tomas uno de sus libros encuentras cosas distintas. Hay cosas de Santiago que conocí a través de él, como la procesión de la Virgen del Carmen, que la describe como arribista, porque la gente se ordena según las clases sociales: “Primero los cadetes de la Escuela Militar, las señoras pitucas, los maridos e hijos y atrás las nanas mapuche con las mechas tiesas”, dice él. Fuimos a ver la procesión y es tal cual. Con base en eso nace la Virgen del Carmen, que es mi personaje en esta obra, una virgen española de ojos celestes, que encuentra que todas las otras son ordinarias.

¿Cuándo tuvieron su visto bueno?

Un día lo invitamos a un ensayo. Estaba con Aníbal Reyna, Mario Soto, José Luis Aguilera y Rodrigo, le encantó, y nos pidió que lo invitáramos a la gira: “Me reconcilio con el teatro”, dijo. Fue hermoso, porque fue una relación muy desde el trabajo. Esa primera obra fue De perlas y cicatrices, después hicimos Tengo miedo torero y Cristal tu corazón.

Dejaron de trabajar juntos un tiempo, pero mantenían el contacto, hasta que Lemebel enfermó de cáncer a la laringe por el que falleció en 2015. “Le mandó un mail a Rodrigo y le dijo que quería hacer algo, quería sentirse vivo”, dice Claudia y al segundo repara en que, si bien al principio fue ella quien le propuso colaborar, luego fue el propio Lemebel quien la buscó y, se emociona: “Estábamos en pleno proceso creativo cuando murió, fue súper fuerte”.

Claudia revela que lo visitó dos días antes de que muriera y le dijo a quien lo cuidaba que le contara que ya tenían fecha de estreno de la obra. “Tuvimos que hacerlo sin él, pero sabíamos que quería que sus palabras quedaran”. Días después se enteraría de que Pedro les envió un “mierda, mierda”.

En un liceo se decidió censurar La esquina es mi corazón. ¿Qué pierden esos estudiantes?

No puedes dejar de leer a un emblema como él. Es reconocido a nivel mundial, fue postulado al Premio Nacional de Literatura, se ha traducido a más de diez idiomas. En la obra incluimos cuando él explica por qué escribe como escribe. Él no lo pasó bien, fue un maricón pobre, le hicieron bullying toda su infancia, le costó mucho salir y que vieran el talento que tenía, porque vivía en el Zanjón de la Aguada. Que se nieguen a leer a Lemebel es no entender nada.

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