Infancia: esta navidad regala sin estereotipos

Llega diciembre y comienza el bombardeo de publicidad de juguetes. Pequeñas cocinas, lavadoras y muñecas para niñas, y telescopios, pelotas y superhéroes para niños. En Nueva Mujer buscamos consejos y experiencias que ayudan a regalar equidad.

En plenas movilizaciones feministas de este año, la escritora y premio Nacional de Literatura, Diamela Eltit, dijo, hace algunos meses en una publicación, que los juguetes son los primeros mecanismos para imprimir los mandatos del género en la sociedad. No es casual que los catálogos de productos estén siempre presentados de forma bicolor: rosado y azul, cuidadora abnegada y aventurero. A las niñas se las educa para ser madres y soñar con el príncipe azul o imitar a las barbies, mientras que a los niños se les estimula a jugar a los superhéroes o explorar sus capacidades motrices a través de los deportes, evadiendo sentimientos y emociones. Ellas, en el espacio privado; ellos, con el mundo por delante.

Esas ideas se aterrizan en los estereotipos de género, es decir, las características que se supone debe tener lo femenino y lo masculino, que direccionan el papel que las personas ocupan dentro de la sociedad, ya sea en el mundo laboral, el hogar, el espacio público, la universidad o la escuela.Y es que, más allá de una consigna esbozada en el fragor de la protesta, el llamado a pensar en una educación sin estereotipos de género es una invitación a transformar lo que, por años, se ha dado por sentado.

En el libro “Educación no sexista, hacia una real transformación”, de la Red Chilena contra la Violencia hacia las mujeres, hay un capítulo dedicado a los juegos infantiles, escrito por Rayen Hormazábal y Mahuida Hormazábal. Ellas plantean que “el juego se reconoce como el principal agente socializador e impulsor de aprendizaje”. Los juguetes fijan cánones, permitiendo que niñas y niños crezcan con un universo limitado por lo binario, creyendo que existen sólo dos posibilidades: para niña y para niño, encajando obligatoriamente con lo que les corresponda según su biología, ignorando intereses o impulsos de explorar, algo vital durante toda la vida, especialmente en la primera infancia.

Conversamos con una sicóloga y una madre en pleno proceso de crianza para comprender el universo del juego como un espacio determinante en la niñez. Si en esta Navidad quieres regalar un mundo infinito de posibilidades, el primer paso es pensar cuidadosamente qué comprar cuando pises los pasillos de una juguetería.

Cuestionar, acompañar y jugar

Pamela Soto, sicóloga, académica de la Universidad Andrés Bello y terapeuta familiar, plantea que el juego es fundamental para la creatividad, la imaginación y el desarrollo tanto síquico como cognitivo. También explica que, en una sociedad estructurada en torno a un género dominante, como es la nuestra, es difícil que los juegos queden fuera. Ejemplos como el de Suecia, que creó políticas públicas antisexistas para las salas de clases, o iniciativas de marcas como la española Toy Planet, que lanzó un aplaudido catálogo no sexista el 2016, indican que los juguetes han demostrado tener un potencial transformador en tiempo presente y futuro.

El camino hacia una crianza libre de estereotipos de género está lleno de baches. Así lo cuenta Antonia Eguren, quien junto a Felipe, su pareja, han emprendido esa ruta a la hora de criar a Emiliano, que hoy tiene dos años y siete meses. Como padres, se las ingenian para encontrar regalos que no tengan una clara intención masculina.

“En la casa nos ve a mí y a su papá hacer de todo y él también quiere hacerlo”, cuenta Antonia. Por eso le armó una cocina, sin embargo, en el proceso, le costó encontrar materiales para niños que no fueran rosados, floreados, asociados típicamente a lo femenino. “No es un problema para nosotros que sea así, lo malo es que sean la única opción”, aclara.

Para la sicóloga, limitar el universo del juego a actividades para niñas y niños es perjudicial, pues afirma que “un buen desarrollo síquico y cognitivo está dado por la participación de los niños en la diversidad, no sólo de género, también de clase y cultura. Lo binario tiene un efecto limitante en las posibilidades de poder explorarse a sí mismos y al mundo”.

Para Antonia, haber optado por una crianza así requiere esfuerzo, documentación e interés para ver lo que está ocurriendo. No obstante, cree que las consecuencias van a permitir que la infancia crezca con un mundo más amplio, especialmente en el caso de las niñas. “Es más perjudicial para ellas. Si bien los niñitos se pueden transformar en adultos sin interés por el cuidado o las actividades por lo femenino, a las mujeres se les cierran posibilidades de desarrollar su intelecto”, reflexiona.

En su infancia, creció alejada de los estereotipos. Hija de una madre feminista, heredó sin ningún cuestionamiento ropa y juegos de su hermano. Asegura que esas circunstancias la llevaron a nunca sentirse incapaz o recluida en un mundo estrictamente asociado a lo femenino, motivándola a acercarse a las ciencias. Hoy, se dedica a la conservación de la biodiversidad en una ONG.

Como consejo, sugiere que no se llene a niñas y niños de juguetes. “Es importante que creen con lo que tienen, comprándoles cosas para que armen un mundo. Cuando le construí la cocina al Emi, le compré elementos de cocina reales, pero más chiquititos, que encontré en una tienda china. Por un lado, para que no fueran las típicas ollas o cosas tan estereotipadas, pero también para que se vea real, porque eventualmente va a dejar de jugar y va a cocinar de verdad”, explica.

Pamela Soto hace hincapié en el rol de la publicidad sexista y dirigida, en la mayoría de los casos, directamente a niñas y niños. Si bien enfatiza que pueden escucharse las peticiones, es importante que los adultos sean quienes se encarguen de ampliar el espectro, ofreciendo siempre más opciones. Tanto a la hora de escoger los juegos como a la hora de jugar, la presencia adulta es importante, pues son los indicados a la hora de ampliar o reinterpretar el mundo.

Para Antonia, eso se da en una estrecha alianza con quienes estén presentes en la crianza, para poder educar en conjunto contra los estereotipos. En su caso es su compañero Felipe: “Cada vez que le hacen un comentario dañino al Emi, como que está jugando juegos de niña, hay que recalcarle que eso no es así, decirle que esa persona se equivocó, que no existen los juegos de niña y de niño”.

“No creo que una Barbie dañe de por vida. Pero si sólo proveemos de un tipo de juguete, empobrecemos la experiencia”, plantea Pamela.

Sugerencias de juguetes

A la hora de buscar qué regalar, se puede pensar en objetos que contribuyan a poner en tensión los estereotipos asociados al género, fomentando el cuidado o la exploración de las emociones en los niños y buscando alternativas que acerquen a las niñas a sus capacidades intelectuales o destrezas físicas. Otras opciones son los llamados juguetes neutros, como legos, cubos, cuerdas para saltar o triciclos. Cualquier objeto escogido con dedicación puede abrir un mundo de diversión. A continuación, descubre algunas tiendas.

Libros de la colección antiprincesas. Nacida en Argentina, muestran la vida de mujeres destacadas y plantea que, durante toda la historia, se nos enseña sobre hombres notables, marginando del relato oficial a más de la mitad de la población.

Tienda GUM (@gumchile). A través de libros de actividades, juegos científicos, la destreza y las artes, amplían las posibilidades de juguetes para niñas y niños.

LOPA (@lopajuguetes). De madera y hechos a mano, tienen desde animales, puzzles y juguetes arrastrables.

Moondo (@Moondo_cl). Cubos, muñecos de trapo y juguetes para armar, entre otras cosas.